Después de veintitrés siglos el filósofo Platón sigue teniendo razón y nos ofrece mucho por aprender, por asimilar de su pensamiento.
Él hablaba de aquél mito donde explicaba que la realidad de la vida humana y del mundo es como si el hombre se encontrara aprisionado en el interior de una caverna, donde únicamente miraba la sombra sensible de las cosas que se proyectaban desde el exterior al interior de su cárcel. Ése mundo interior cavernoso, es un pálido reflejo de la “realidad real” –valga la redundancia-, lo que hace de lo conocido mediante los sentidos sólo una “realidad aparente”. El ser humano cree que es real lo que no lo es y vive persiguiéndolo sin alcanzarlo –pues no es real-, se afana, se cansa y no logra el resultado anhelado. El único que lo logra es quien logra escapar de la caverna, sale al mundo y percibe lo que es real, quien sale lo que descubre es que lo real son las Ideas, éstas son universales, inmutables, eternas, perfectas, modelo de las cosas, sólo que al regresar, los demás no le creerán en manera alguna, pensarán que es un desequilibrado, que está loco. Ése es el filósofo.
No estoy impartiendo una mini clase de pensamiento platónico. Me interesan sus implicaciones actuales. ¿Cuáles? En su explicación podemos encontrar el fundamento para explicar el vacío que está experimentando a gran escala el ser humano en todo el mundo. Hay una creciente ola de suicidios a nivel mundial y también a nivel nacional con una diversidad enorme de factores. Pero si se analiza a fondo, las principales razones son el vacío interior que experimentan aquellos que continuamente tratan de encontrar satisfactores a sus anhelos personales en objetos puramente sensibles: placeres desordenados sexualmente o propios de desórdenes alimenticios, consumo de drogas en todas sus variantes, posesión de objetos materiales, dinero con sus implicaciones, poder sobre otros seres humanos y sobre las cosas,… Como seres humanos nos hemos vuelto perseguidores de sombras, perseguidores de una realidad aparente que, cuanto más la perseguimos más vacíos y frustrados nos deja. Estamos como los gatitos persiguiendo halos de luz proyectados por una linterna.
¿A qué equivale salir de la caverna? A descubrir que existen valores eternos tales como la verdad, la justicia, la belleza, el amor, la templanza, el dominio de sí mismo,… todos aquellos valores que antes denominábamos como las satisfacciones que provenían de ser un hombre virtuoso como expresaban en la antigüedad, de ser un caballero como lo idealizaban los hombres medievales, de vivir bajo el lado luminoso de la fuerza en estos tiempos modernos, de ser un santo, expresado en términos religiosos. Lo que poseen en común estas opciones es que en todas se trata de vivir por encima de lo sensible para optar por lo superior, lo perenne, lo valioso. Quizá no da satisfacción sensible, pero sí otorga reposo a los anhelos del corazón.
Y, hoy, como en la narración de Platón, salir de la caverna optando por lo superior y eterno no es sencillo. Por nuestra parte nos cuesta trabajo pues es fruto de ardua disciplina; por parte de los otros, es rechazado, mal visto e incomprendido ya que se afanan por perseguir sombras que los conducen al vacío, al rechazo a cualquier atisbo de luz que no sea la que ellos mismos perciben.
Ya sabiendo todo esto, cada quien elige dónde quiere vivir: dentro o fuera de la caverna. Tú eliges.
Hasta la vista.
Juan Carlos












