El mito de la caverna y el vacío del corazón

May 13th, 2012

Después de veintitrés siglos el filósofo Platón sigue teniendo razón y nos ofrece mucho por aprender, por asimilar de su pensamiento.

Él hablaba de aquél mito donde explicaba que la realidad de la vida humana y del mundo es como si el hombre se encontrara aprisionado en el interior de una caverna, donde únicamente miraba la sombra sensible de las cosas que se proyectaban desde el exterior al interior de su cárcel. Ése mundo interior cavernoso, es un pálido reflejo de la “realidad real” –valga la redundancia-, lo que hace de lo conocido mediante los sentidos sólo una “realidad aparente”. El ser humano cree que es real lo que no lo es y vive persiguiéndolo sin alcanzarlo –pues no es real-, se afana, se cansa y no logra el resultado anhelado. El único que lo logra es quien logra escapar de la caverna, sale al mundo y percibe lo que es real, quien sale lo que descubre es que lo real son las Ideas, éstas son universales, inmutables, eternas, perfectas, modelo de las cosas, sólo que al regresar, los demás no le creerán en manera alguna, pensarán que es un desequilibrado, que está loco. Ése es el filósofo.

No estoy impartiendo una mini clase de pensamiento platónico. Me interesan sus implicaciones actuales. ¿Cuáles? En su explicación podemos encontrar el fundamento para explicar el vacío que está experimentando a gran escala el ser humano en todo el mundo. Hay una creciente ola de suicidios a nivel mundial y también a nivel nacional con una diversidad enorme de factores. Pero si se analiza a fondo, las principales razones son el vacío interior que experimentan aquellos que continuamente tratan de encontrar satisfactores a sus anhelos personales en objetos puramente sensibles: placeres desordenados sexualmente o propios de desórdenes alimenticios, consumo de drogas en todas sus variantes, posesión de objetos materiales, dinero con sus implicaciones, poder sobre otros seres humanos y sobre las cosas,… Como seres humanos nos hemos vuelto perseguidores de sombras, perseguidores de una realidad aparente que, cuanto más la perseguimos más vacíos y frustrados nos deja. Estamos como los gatitos persiguiendo halos de luz proyectados por una linterna.

¿A qué equivale salir de la caverna? A descubrir que existen valores eternos tales como la verdad, la justicia, la belleza, el amor, la templanza, el dominio de sí mismo,… todos aquellos valores que antes denominábamos como las satisfacciones que provenían de ser un hombre virtuoso como expresaban en la antigüedad, de ser un caballero como lo idealizaban los hombres medievales, de vivir bajo el lado luminoso de la fuerza en estos tiempos modernos, de ser un santo, expresado en términos religiosos. Lo que poseen en común estas opciones es que en todas se trata de vivir por encima de lo sensible para optar por lo superior, lo perenne, lo valioso. Quizá no da satisfacción sensible, pero sí otorga reposo a los anhelos del corazón.

Y, hoy, como en la narración de Platón, salir de la caverna optando por lo superior y eterno no es sencillo. Por nuestra parte nos cuesta trabajo pues es fruto de ardua disciplina; por parte de los otros, es rechazado, mal visto e incomprendido ya que se afanan por perseguir sombras que los conducen al vacío, al rechazo a cualquier atisbo de luz que no sea la que ellos mismos perciben.

Ya sabiendo todo esto, cada quien elige dónde quiere vivir: dentro o fuera de la caverna. Tú eliges.

Hasta la vista.

Juan Carlos

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El canto del cisne

May 6th, 2012

 

Hace un tiempo escuché una hermosa leyenda que denominaron “canto del cisne”, según la cual esta hermosa y elegante ave sólo canta una vez en su vida, poco antes de morir. De acuerdo a esta historia, el cisne anuncia su fallecimiento emitiendo un sonido melodioso con el cual se despide de sus congéneres y de su pareja de toda la vida (ya que son monógamos), y es un ritual que es presenciado por la parvada con sumo respeto y en silencio. Después de esto, el cisne muere y su pareja se aleja de los demás, desapareciendo para siempre.

La leyenda me conmovió profundamente. Imagino que los seres humanos somos como cisnes que vamos por la vida engalanados con los dones que nos fueron regalados desde un principio. Dichas gracias nos permiten adoptar una identidad definida que nos caracteriza entre todos los de nuestra especie y nos concede participar en la existencia con algo valioso que nos beneficia a nosotros mismos y a los demás. Como los cisnes, navegamos deslizándonos por el mar de la vida experimentando vivencias de todo tipo que nos hacen descubrir nuevos y maravillosos talentos, siempre y cuando estemos dispuestos a pagar el precio por la revelación.

Aun cuando las condiciones no sean idóneas, muchos seres humanos toman los obstáculos como pista de despegue para el logro de objetivos mucho más sublimes y trascendentes. Cual protagonistas de su propia película, estos cisnes humanos levantan el cuello orgullosos y enfrentan la aventura que se les presenta con un gozo interior procedente de ideales inestimables. El dolor ya no es barrera; antes bien, resulta acicate para poner a prueba algo que presienten pero que aún no han estrenado. El hallazgo los hace crecer, afirmar su seguridad, fortalecer su ánimo. Pero lo más importante es que los proyecta a un cielo diferente de sí mismos, una perspectiva mucho más amplia y libre de su ser.

Sus obras se convierten en espejos de sus insondables almas. Renuevan, inventan, descubren. El mundo de sus ideas se asemeja a un apretujado bosque en donde cada planta busca, mediante el giro de sus hojas, ser atendida por los rayitos de sol que se cuelan desafiando a la tupida maleza. La intensidad que ponen en sus trabajos delata el infinito interés en su obra, su enorme deseo de dar a luz un prodigio.

Sin embargo, al final de sus años, concientes de lo logrado y plenos de sabiduría, aprenden la lección más valiosa: lo importante es la esencia, no la forma de las cosas. Por ende, su última obra, aquella con la que generalmente serán recordados, suele ser la más perfecta, libre de máscaras que disfracen su verdadero significado. En ella invierten lo mejor de sí mismos sabiendo que la carrera ha terminado y el fin ha de ser glorioso, único, eterno. Como el cisne, emiten su último y único canto henchido de victoria y honor.

Querido lector: ante la imposibilidad de saber cuándo será tu último día, te invito a invertir lo mejor de ti en lo que hoy estás haciendo, no importa cuán sencillo pueda parecer. Si hoy fuera tu último día, déjame recordarte con algo esencial, único, lo más bello que puedas dar. Pero si tu historia aún continúa, date la oportunidad de hacer algo con lo que reveles el inmenso don que posees. Todos lo esperamos en silencio y con respeto.

Mildred

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Gracias y… perdón

April 29th, 2012

Resulta que hace tres semanas festejaba mi cumpleaños número 50 y así como así, ¡ya pasaron tres semanas! ¡Con razón tan rápido llegué a cumplir 50! ¿Alguien me podría explicar?

Dado que las cosas pasan con tanta rapidez, las reflexiones sobre este medio siglo no se han acabado, al contrario, se han multiplicado. Y meditando entre esto y aquello, conversaba con mi compañera en estos andares del blog y comentábamos sobre todos aquellos que han ido quedando atrás en nuestras vidas por múltiples razones. Entonces capté algo que hoy me hace dar las gracias. Hoy quiero expresar mi agradecimiento.

Quiero dar las gracias particularmente a todos aquellos que han intentado hacerme tropezar, sus obstáculos me sirvieron de peldaños para subir. Quiero dar las gracias porque de no ser por ellos no habría llegado tan lejos.

Quiero dar las gracias a aquellos que no comprendieron lo que sentía y, ajenos a ello sencillamente se fueron y no supe más de ellos. Quiero dar las gracias porque su indiferencia me ayudó a comprender lo que sentía.

Quiero dar las gracias a aquellos que me dijeron que no harían lo que después hicieron. Quiero dar las gracias porque sus acciones me hicieron comprender el valor de las palabras y que no debemos empeñar nuestra palabra tan fácilmente.

Quiero dar las gracias a todos aquellos que siendo cercanos a mí, hicieron el mínimo esfuerzo por comprenderme y simplemente me exigieron. Quiero dar las gracias porque con el dolor que me causaron me ayudaron a captar el valor de las relaciones humanas y su gratuidad.

Quiero dar las gracias por todas las lágrimas que derramé por las acciones de aquellos que no hicieron lo que esperaba. Quiero dar las gracias porque me hicieron ser flexible y a no esperar que los demás se ciñan a mis expectativas.

Quiero dar las gracias por aquellos que me hicieron sentir que en ellos podría encontrar, si no la solución a mis problemas que no estaba en manos de alguien, sí un hombro en el cual llorar. Quiero dar las gracias porque me hicieron tener fe en la vida, experimentar que existe el amor y seguir adelante. Gracias a mis familiares y nuevos amigos.

Después de agradecer comprendí que tengo que pedir perdón. Perdón por todo aquello que hice mal, por todo aquello reprobable en mi vida, en mi obrar. Quiero pedir perdón porque sé que lo que muchos hicieron no estaba desmotivado por mis acciones. Quiero pedir perdón por todo aquello en lo que he fallado, fue lo que vieron en mí y por eso se alejaron. Perdón.

Así pues, concluyo con agradecimiento y un corazón contrito.

¡Hasta la vista!

Juan Carlos

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Y se hizo la luz…

April 22nd, 2012

 

Se cuenta en el Génesis que en el primer día de la creación Dios hizo la luz como primera forma de materia que precedería a todas las demás. Posteriormente formó el sol, la luna y las estrellas, como lumbreras portadoras de la energía necesaria para participar de la luz a todo lo existente en el mundo. Desde ese entonces, la luz ha sido el inicio de todo, fuente necesaria para perseguir a las tinieblas y para iluminar la creación entera.

Siempre hay luz, aunque no la veas. Si es de día, el sol bendice con sus rayos a la mitad de la Tierra. Aparece saltando entre los árboles, cual avecilla inquieta buscando el sitio más seguro donde anidar, despertando a la mañana que inicia el trajín cotidiano y efervescente de una humanidad que trabaja para su sustento y desarrollo.

Siempre hay luz aunque no la veas. Si es de noche, el sol se despide y deja espacio para que los tenues rayos de la luna abracen el descanso y la meditación que permite la recuperación de la energía para el nuevo día. Y cuando la luna decrece, las estrellas relucen, cual esferitas brillantes colgadas del manto oscuro del firmamento, inspirando las fantasías del expectante enamorado que las ofrece como prenda de amor para su amada.

Siempre hay luz, aunque no la veas. Aún en los eclipses, la luz permanece oculta por unos instantes, antes de aparecer nuevamente con sus regios y fulgurantes vestidos. Es como si jugara un poco a ser extrañada y anhelada para que, a su regreso, la atención se vuelva hacia ella y se le reconozca con toda su majestad.

Siempre hay luz, aunque no la veas. Está en el inicio de todo. Suele comparársele con la verdad, con la inteligencia, con el amor. Del mismo modo, su ausencia se contrasta con el dolor, el frío, la soledad, la negrura de la muerte, con el fin de todo.

Siempre hay luz, aunque no la veas. Aún la sombra necesita de un poquito de luz para existir. Se derrama filtrándose para que la mirada pueda nacer, el diamante pueda brillar, el oxígeno pueda surgir y la tarde pueda pintar de colores el horizonte que se arrodilla frente al mar.

Siempre hay luz, aunque no la veas. Guiará tu camino cuando cierres tus ojos a la vida y lances tu espíritu a la eternidad, iniciando así una nueva esencia, en nueva compañía y hogar, ahí…en el reino de la luz.

Querido lector: ten confianza en que la luz siempre estará ahí, pese a que no la veas. Su energía requiere de la sombra para tener una adecuada perspectiva. Por ende, aunque todo parezca oscuridad, tiniebla y vacío, la luz permanece y su fuerza es tal que no puede ocultarse por mucho tiempo. Siempre emergerá gloriosa como aquella noche santa en que mil rayos de luz fueron testigos únicos de aquel Dios que se levantó de la muerte y se vistió de sol, como al principio de los tiempos, y dejó lenguas de fuego vigorosas para iluminar las almas de los que volverían a la luz un día. Que la luz acompañe tu vida.

 

Mildred.

 

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Cumpleaños, buenos libros y buenos vinos

April 15th, 2012

Hace unos días –el 10 de abril- cumplí la cantidad de 50 años. Festividad que había visto a algunos amigos cumplir y honestamente me parecía que era simplemente un cumpleaños más y… hay que llegar a esa edad para comprender que no es así.

Lo primero que se me vino a la mente es que a mi edad seguramente ya estoy jugando el segundo tiempo como en el futbol soccer; o quizá el último cuarto de un partido de futbol americano, incluso quizá -sólo Dios sabe- estoy en la pausa de los dos minutos,… Pero estoy consciente que en los deportes unos segundos bastan para anotar un gol, un touchdown o encestar una canasta de 3 puntos y… ¡ganar el partido!

Sin embargo, me doy cuenta que no estoy ahora en el medio tiempo, sino que ya rebasé ese medio tiempo y sobre la cancha hay que hacer ajustes: cómo van las metas, cuáles son las metas, cómo van las acciones “ofensivas” para alcanzarlas, y también, cómo van las acciones “defensivas”, qué está haciendo daño, impidiendo avanzar. Cuáles son las distracciones. No sea que al final del partido, tras el silbatazo final sólo pueda afirmar como lo hacen los deportistas mediocres: “es que no estábamos concentrados”, y/o “bueno, el deporte es así”.

Otro punto que percibí con gran claridad fue que la vida es un don gratuito. Nadie pidió vivir, tampoco existe alguien que pueda renunciar a tan gran bien. La vida es un don siempre aunque se reniegue de él. Renegar sólo es posible porque se está vivo, renegar es una elección porque se está vivo, encapricharse, deprimirse, llenarse de resentimiento es posible porque se está vivo. Imposible renunciar a la vida que da la posibilidad de todas las opciones. Visto positivamente se puede amar, elegir bien, disfrutar, gustar, gozar, porque se está vivo.

La vida es el don primario y fundamental que el ser humano recibe. Con todas sus consecuencias: hay que vivirla, hay que vivirla bien lo cual cuesta trabajo porque hay que elegir bien, hay que vivirla y elegir bien significa que hay que amar lo que se debe. Vivir, vivir bien, elegir bien y amar bien como se debe implica amar al Creador que nos dio la vida –a menos que creamos que todo surge por azar y de la nada así no más porque sí-. Implica amar a los demás reconociendo y aceptando que son un bien por naturaleza aunque sean malos en su obrar. Implica también amarse a sí mismos, reconociendo que somos un bien, que nos ha sido dado, no lo poseemos por nosotros mismos, tiene su origen y término en un momento que no elegimos porque no somos absolutos dueños de nosotros mismos.

Otro elemento que saltó a mi vista fue que junto al don gratuito de la vida están las felicitaciones recibidas de parte de los demás que también son un don que se ofrece gratuitamente, cuando son felicitaciones sinceras manifiestan que los demás realmente se alegran de tu existencia, de tu presencia en sus vidas y en este mundo. Recibir muchas felicitaciones y muestras de cariño de parte de algunos -incluso inesperados-, me hicieron comprender que uno de los gozos no pequeños de la vida es disfrutar de la presencia de los demás en nuestras vidas y de todo lo que nos ofrecen.

En esta vida ya podemos disfrutar parcialmente del Cielo, ahí uno de los gozos secundarios, será precisamente disfrutar del bien de los demás, disfrutando que todos nuestros seres queridos gozan ya del máximo bien que es la visión beatífica de Dios, a la vez los demás disfrutarán de que nosotros disfrutemos. Cuando se ama se anhela el máximo bien para el ser amado y ahí se gozará todo en plenitud y todos. Ahí nadie tendrá envidia de los que ocupen lugares superiores, todos disfrutarán que los demás disfruten, aún aquellos con los que tuvimos animadversión. Lo contrario y aterrador es el infierno que es, entre otras cosas, una soledad infinita.

En fin, que agradezco mucho todas las felicitaciones que recibí y las atesoro con cariño. Espero seguir recordando siempre todo esto y me esfuerce por hacer valer el tiempo que resta.

Lo único que me deja cierta tristeza es una cosa. Disfrutar un buen día de cumpleaños posee el mismo defecto inevitable de todos los buenos libros cuya lectura se disfruta o de un buen vino cuyo sabor se paladea: ¡Se acaban!

Hasta la vista.

Juan Carlos

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Un don muy grande

April 8th, 2012

Existe un don que todos podemos ofrecer y recibir de los demás y a todos enriquece. Éste es el don del servicio. Servir a los demás es algo que parece haberse perdido, toda vez que vivimos en un mundo competitivo y todos buscan alcanzar, ante todo, su propio beneficio y comodidad. Ejemplos de esto último abundan, a menudo en cosas sencillas que, sin embargo, reflejan una mentalidad: al salir de lugares públicos como centros comerciales o bancos, los hay que abren la puerta y la sueltan sin consideración a que alguien camine detrás de ellos. Los hay que miran a personas cargadas de bultos tratando de abrir su casa o su coche y… ni quien haga algo.

Si lo analizamos a fondo quizá es porque en lo íntimo del servicio se oculta una enorme grandeza que a muchos atemoriza. No quieren servir porque intuyen que algo profundo y comprometedor se encuentra ahí.

Ser servido y aceptar dicho servicio que recibimos, en primer lugar pone de manifiesto alguna debilidad nuestra, al aceptar el ofrecimiento de un servicio tengo que reconocer que no lo puedo todo. ¿Acaso no? Quienes rehúsan recibir un servicio a menudo expresan: “No, gracias. Yo puedo solo” aunque sea evidente que no es así. Ser servido y aceptarlo implica una virtud muy despreciada hoy en día, la virtud de la humildad.

Paradójicamente, unido a lo anterior, aceptar ser servido implica también la virtud de la generosidad. Cuando acepto que me sirvan permito que los demás disfruten de mi propio bien –no de mis bienes-, sino del bien que yo soy. Hay quienes no toleran esto y se “cierran” totalmente sin aceptar recibir algo. Si no me creen recuerden esto: ¿qué han sentido al felicitar a alguien y que este manifieste desprecio diciendo “no hay motivo para ser felicitado” o “ni me acordaba que hoy es mi cumpleaños o aniversario o lo que sea”? Es un desaire que lastima y busca que sea otro el humillado. Implica que nosotros reconocimos la grandeza del otro, pero el otro es tan grande, tan poco necesitado de los demás que “no piensa” en su propia grandeza ni le importa –en realidad es una pose-, que los demás reconozcan ni lo feliciten porque lo reconocemos o admiramos. El mensaje implícito es: “Soy tan grande que ni me doy cuenta pero tú sí porque me necesitas y por eso me felicitas”. Es una falsa humildad. Si han vivido esto recordarán la impresión amarga que deja en el ánimo y la sensación de que realmente no nos permitió gozar de su presencia.

Ser servido y aceptarlo conlleva también una gran dosis de sencillez, me muestro, acepto lo que me dan y permito que los demás lo disfruten. Lo que hago es ponerme a disposición de los demás, lo cual es otra paradoja. Resulta quizá fuerte expresarlo así pero cuando permito que me sirvan permito que los demás me posean y dispongan de mí. Si les parece fuerte nada más recordemos lo que afirma Tomás de Aquino: “poseemos aquello que podemos usar o disfrutar libremente”. Esto, por supuesto que cuesta mucho trabajo, no cualquiera lo permite.

Visto desde la óptica de quien realiza el servicio, quien sirve es enriquecido porque si el otro acepta mi servicio me permite el gozo de disfrutar de su bien. Se realiza en plenitud algo que a veces no creemos: que es dando como se recibe. Aunque parecería que el servir es fruto de una superioridad sobre el otro o de una mayor suficiencia, en realidad es expresión de que necesito del otro. Noten que una de las manifestaciones más grandes del amor es servir. Cuando amo a alguien me afano por servirlo y recibo mucho gozo al hacerlo. El que recibe y goza es el que da porque ama, y queda satisfecho si el amado a quien sirve le permite hacerlo, dejó que gozara de su presencia.

Aún más a fondo hay que darse cuenta que negarse a recibir un servicio gratuito es negarse a recibir un don y, eventualmente rehusarse a formar parte del ámbito de otra persona, de sus dones y de su mundo. Esto es lo que comprende Pedro cuando trata de rehusarse a que Jesús le lave los pies durante la cena pascual.

En fin, que el don el servicio es un don muy grande que enriquece a quien lo recibe y a quien lo da. Enriquece a todos.

Todos podríamos preguntarnos al final del día ¿qué acto de servicio acogí de los demás? ¿Qué acto de servicio ofrecí a los demás? La respuesta nos dará la medida de nuestra riqueza acumulada. Piénsenlo.

Hasta la vista.

Juan Carlos

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Entre promesas y creencias

April 1st, 2012

 

Pedro se removía inquieto en el sofá del consultorio, tratando de dar orden a las ideas que se agitaban desbocadas en su mente. Hacía más de seis meses que acudía fielmente a sus citas terapéuticas y sólo alcanzaba a dar pequeños pasos en su transformación, mismos que muchas veces eran desandados ante nuevos acontecimientos que lo ponían en situaciones límite y lo arrojaban al punto del cual había partido.

Pedro quería adquirir la seguridad necesaria para tomar las decisiones personales y laborales que le permitirían iniciar una nueva vida. Pero algo lo atoraba en el pasado…, algo de lo cual no se podía zafar y que lo mantenía atado con un poderoso candado. En su historia había existido un padre ausente y una madre amargada y violenta que lo humillaba con frecuencia. Todos sus logros habían sido descalificados o minimizados a tal punto que él asumió la idea de que no podría salir adelante en la vida si no era mediante el rescate de alguien poderoso que acudiera en su auxilio (generalmente su progenitora).

Pedro había comprometido su lealtad hacia un conjunto de creencias que había heredado de su madre, mismas que afirmaban que era “estúpido, incapaz, torpe y cobarde”. El concepto que tenía de sí mismo se construyó alrededor de estos significados y, al no contar con ideas alternativas, se adjudicó este modelo como propio. Formado dentro de un marco rígido, Pedro realizó promesas implícitas a su madre, con tal de no perder su afecto.

Esta situación se replica una y otra vez en multitud de seres humanos alrededor del mundo, originando un sufrimiento que parece perpetuarse a través del tiempo de una manera irreversible. “Promesas” de este tipo -hechas sin plena conciencia- suelen ser las más dañinas, ya que la persona no ve de frente al adversario, sino que éste se oculta en lo profundo de sí mismo, desde donde mueve los hilos de sus creencias y acciones. La persona ve su mundo como se lo han “vendido” y acciona en consecuencia. Es capaz de reconocer el error en otros pero no en sí mismo, porque su identidad está troquelada desde un paradigma al que le es fiel, ya que procede de una figura significativa –la madre- a la que no se le puede atacar ni con el pensamiento, de acuerdo a sus creencias.

Dichas promesas van acompañadas de un buen número de creencias acerca de uno mismo que surgen en defensa de los juramentos inconscientemente realizados. ¿A qué promesas me refiero? Por ejemplo: “no te dejaré (promesa)…porque sin ti no puedo salir adelante (creencia)”; “necesitaré siempre tu guía (promesa)…porque soy muy estúpido para decidir lo mejor por mí mismo (creencia); “nunca te ofenderé (promesa)… y me merezco tus insultos (creencia)”.

Para Pedro -como para muchas otras personas-, el analizar las promesas y creencias que suele acatar puede significar la puerta al cambio. Cuando reconoces conscientemente el poder de las leyes psicológicas a las cuales obedeces ciegamente,  puedes empezar a transformarlas y actualizarlas para tu beneficio. Siendo niño, lo adultos que te rodeaban tenían todo el poder sobre ti, dirigiendo tu pensamiento y conducta. Pero ahora, en estado adulto, posees una enorme variedad de recursos –y libertad para usarlos- con los que eres capaz de enfrentar los obstáculos, vencerlos y adoptar una opinión de ti mucho más realista y positiva.

Querido lector: analiza tus sistemas de creencias y viejas promesas, y busca romper con esas ataduras que te impiden el logro de tus metas en este momento de tu vida. Cree en ti como algo valioso y digno de alcanzar el éxito. Dejar las viejas observancias no es traición sino lealtad con el ser más importante para ti: tú mismo. ¡Ánimo!

Mildred

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Una mirada más amplia

March 24th, 2012

A menudo todos llegamos a situaciones que consideramos verdaderos callejones sin salida, sea porque nuestro planteamiento en el pensamiento no vea ya caminos o salidas, o porque nuestra voluntad se vuelve incapaz de tomar decisiones; en consecuencia, nuestras emociones no ayudan de mucho, todo lo contrario, contribuyen a bloquearnos aún más.

Ejemplos sobran. En ocasiones enfrentamos situaciones que nos ponen en el límite, como cuando todo parece perder su sentido, el trabajo no marcha bien, la vida familiar se complica, los amigos desaparecen y las propias perspectivas íntimas y personales –como los propios sueños o ilusiones- se esfuman. ¿Qué podría ayudarnos? Replantear nuestras ideas acerca de la vida, considerar qué es lo que esperamos de ella, reflexionar cuál es el horizonte que la constituye, ¿trascender? ¿la materialidad?,… Sobre todo podríamos ver las cosas desde el ángulo, no de qué esperamos que la vida nos brinde, sino desde la óptica de qué podríamos brindarle a la vida siendo creativos dejando un legado para los demás. ¿Qué meta perseguimos no sólo para nosotros mismos sino en función de la vida de los otros? Proponer lo anterior quizá no solucione las cosas, quizá sí, pero seguramente abonará una perspectiva más amplia que al orillarnos a ver las cosas desde otros ángulos no vistos antes, puede brindarnos la chispa que iluminará la solución del problema o al menos, un nuevo entendimiento para sobrellevarlo.

En otros momentos el problema suele ser el enfrentar conflictos, opciones opuestas que igualmente nos atraen o igualmente queremos evitar. Son momentos decisivos cuando hay que colocarse en el cruce de caminos y determinar la dirección. A veces el problema es que, sencillamente, perdemos de vista que hay opciones, o tenemos miedo de tomarlas y renunciar a algo. Por ejemplo, a veces tenemos relaciones conflictivas y nos preguntamos cómo mejorarlas haciendo que funcionen, no nos damos cuenta que quizá la solución no es buscar mejorarlas, sino simplemente terminarlas, darlas por concluidas. Hacerlo requiere valor, pero previamente –parecería obvio- darnos cuenta que ésa es la opción. Sólo lo haremos si poseemos una mirada más amplia de nuestra vida, nuestro entorno, de aquello que más tememos, de aquello que más anhelamos, de aquello que buscamos.

Tener una visión panorámica de aquello que constituye nuestra vida, a veces puede obtenerse con cierta rapidez cuando alguien nos ayuda a ver las cosas proporcionándonos una intuición de nuestra vida, una mirada penetrante, profunda de nosotros, generalmente alguien que nos ama realmente. Sin embargo, aunque los demás pueden ayudarnos, sólo obtendremos una apreciación ampliada, que capte un mayor número de ángulos en nuestra vida si procuramos hacerlo un hábito, empezando por las cosas pequeñas. Hay cosas obvias que no vemos por estar acostumbrados a no verlas, son como los lentes que usamos, a través de los cuales miramos todo lo demás.

¿Qué tal si en lugar de tomar café sin azúcar lo pruebo con algo de dulce y crema? ¿Qué tal si hoy pruebo un nuevo postre o condimento en mi comida? ¿Qué tal si hoy me atrevo a usar ropa de colores distintos a los que habitualmente empleo? ¿Qué tal si hoy me atrevo a pensar las cosas desde el punto de vista de los otros para comprenderlos mejor? ¿Qué tal si… pruebo una innumerable cantidad de cosas que puedo variar en mi vida, en mi pensamiento, en mis decisiones?

No quiere decir que necesariamente resuelva las cosas pero ¿qué tal si lo probamos? Tener una ampliada visión de nuestra vida no podrá hacernos daño o ¿ustedes creen que sí?

Hasta la vista.

Juan Carlos

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El poder de tu sonrisa

March 18th, 2012

 

¿Sabías que el hombre es el único ser en el planeta que puede reír? Para hacerlo, la persona involucra más de 100 músculos en un despliegue impresionante de gasto energético. Se sabe que con 15 minutos de risa se llegan a quemar tantas calorías como en una larga carrera. Reír, por tanto, es una respuesta sana y terapéutica que logra la expulsión de los demonios del pesimismo. El que ríe desaloja su dolor y deja espacio dentro de sí para admitir algo más positivo. Ahora bien, así como la risa – esa manifestación hilarante y estruendosa- es la puerta de salida de la tristeza, la sonrisa es la puerta de entrada para una gama impresionante de emociones sublimes y sumamente profundas que tienen la posibilidad de transformar espíritus, y su manifestación es siempre tersa y suave, cual alfombra que recibe con permiso de abordar ilimitado, ese algo gozoso, placentero, único, especial, asombroso, amadísimo y pleno que se percibe solicitando ingreso.

Sonreír no hace ruido. El que sonríe se arroba ante lo que descubre como hermoso y lo mira con respeto. El alma emplea el lenguaje de la sonrisa como una manera de extender los brazos espirituales para dar acogida al milagro que se asoma. La sonrisa obedece a un impulso natural que establece un vínculo con lo sobrenatural. El rostro sereno y sonriente del ferviente en oración, así como el retozo del infante ante el rostro de su madre, reflejan la pureza y la belleza del alma que se agrieta en esa singular línea curva.

Quien sonríe ante el silencio aleja el miedo, ya que atrae hacia sí la música universal que con suave son deleita una visión interior atrapada de algún místico universo. El poder de la sonrisa es tal que es capaz de serenar multitudes, devolver esperanzas, perdonar oprobios, destruir barreras e iniciar amores. Sonreír posibilita el descubrir la luz detrás de la sombra, la esencia detrás de la forma, el espíritu detrás del cuerpo. Una sonrisa ilumina el espacio en que se emite, transmitiendo un mensaje de alianza o complicidad con la belleza del momento presente.

Sonreír despierta al de la vida autista y ausente para ponerlo en contacto con un mundo amigo que va adquiriendo diversas formas conforme su mirada recorre el firmamento. Una sonrisa nunca va sola: todo el corazón se va en ella, conteniendo en un aliento todo el cúmulo de emociones intensas que desean entregarse y depositarse en el alma del otro.

Querido lector: sonreír es una respuesta que no exige más explicación. Sonríe, entonces, y descubre que con ello el mundo se vuelve perfecto, único, un regalo especialmente diseñado para ti, con un mensaje delicado y tierno del autor de todas las sonrisas. Sonríe, y regala con ello una esperanza para la humanidad. Recuerda que una sonrisa sardónica no es sonrisa. Es simplemente una mueca que refleja una queja silenciosa y que cierra las puertas a lo perfecto. La risa sale del cuerpo, pero la sonrisa verdadera procede del alma. ¡Hasta pronto!

Mildred

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Descubriendo mi enemigo interior

March 11th, 2012

Usualmente quizá, pensaríamos que aquél que habita en nuestro interior –que somos nosotros mismos, cada uno de nosotros en su fuero interno-, es nuestro mejor amigo. Es decir, somos nuestro mejor amigo. La realidad es que a menudo no lo somos. ¿Evidencia de ello? ¿Alguna vez se han expresado de sí mismos afirmando que “soy un idiota”, “soy un torpe”, “sólo hago estupideces”,…? Lo han hecho, ¿sí o no? Cuando utilizamos expresiones así nos convertimos en nuestro peor enemigo interior.

Nos conduce a analizar con exactitud cuál es ese enemigo profundo y sutil en nuestro interior y la respuesta es nuestro pensamiento. Nuestro pensamiento que se centra única y exclusivamente en lo negativo que puede acontecernos. Pensamos mal y sólo pensamos en lo malo que nos sucede. Y no se trata de caer, por el contrario, en esas actitudes que a veces resultan un poco ilusas y hasta irrisorias, de aquellos que se esfuerzan por adoptar una actitud que les inspira la literatura de ayuda personal o auto superación, donde se esfuerzan hasta el agotamiento por “pensar positivamente” y no es que rechace eso, sino que aunque aceptable, le dan un enfoque no del todo acertado.

¿Cómo se puede “pensar positivamente” cuando es manifiesto que las cosas están mal evidentemente? Si tengo un hijo con deficiencias de salud física o mental, si perdí el trabajo, si no tengo suficientes ingresos, si padezco una enfermedad incurable y dolorosa, si mi familia se desintegró o vivo en soledad, si se dañaron mis bienes materiales, se perdió mi casa, se destruyó mi auto o se extraviaron documentos importantes, ¿cómo o por qué pensar positivamente? Parece más sensato imprecar, maldecir la vida o nuestra suerte, renegar de la existencia puesto que es evidente que en realidad en estos casos y muchos otros más, las cosas están mal y aún se encaminan quizá a lo peor. En todos esos casos ¿cómo pensar positivamente?

Pese a lo obscuro, negro o triste de las perspectivas, aún se puede pensar positivamente, porque ahora no están bien las cosas, pero pasarán o al menos, nos queda en las manos no traicionarnos a nosotros mismos: siempre hay algo bueno, siempre queda la esperanza, la contemplación de algo que es bueno realmente. La liquidación absoluta de lo bueno sería la aniquilación o el infierno.

En esas circunstancias adversas, nuestro pensamiento puede volverse nuestro enemigo para mostrarnos aún más, cuán mal van las cosas, buscando en el horizonte no las perspectivas que se nos muestran, sino las nubes negras que lo empañan, ya sean pocas o muchas, pero ponemos nuestro empeño en sólo verlas a ellas.

Un pensamiento positivo no es un pensamiento iluso, ni torpe. Es el pensamiento que se atreve a hacer de la vida una aventura, que se atreve a descubrir que detrás de cada situación adversa, detrás de cada limitación o privación que nos hace daño, siempre hay retos, desafíos y horizontes nuevos por descubrir, siempre hay algo bueno, sólo que hay que descubrirlo con nuestro empeño, sabiendo que la vida no se nos da hecha sino que es una aventura. Aventura que puede ser colorida o triste, dependiendo de lo que pensemos. Es nuestra opción.

Es el pensamiento, pues, nuestro mejor amigo o nuestro peor enemigo. Cada quien decide qué es lo que ve y piensa, qué es lo que pone en su interior, a través de qué gafas decide tamizar su visión: O lo bueno que siempre nos acompaña o la nube negra que empaña nuestras perspectiva. Ver lo positivo y ser optimista no es ceguera, ni ilusión, es descubrir la verdad de cada acontecimiento de nuestra vida, siempre llena de oportunidades, opciones, posibilidades o futuras aventuras. Ver y observar esta realidad es lo que puede hacernos libres o sumirnos en las más profundas cavidades de la depresión.

Tú decides qué es lo que quieres ver, o ¿no es así?

Hasta la vista.

Juan Carlos

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