Archive for the ‘Vida humana’ Category

¿Dónde estaba Dios durante el sismo?

Friday, September 22nd, 2017

Cuando una persona es jefe de familia, patrón o jefe en el ámbito laboral, o jefe en los ámbitos militares o educativos,  posee la autoridad suficiente para reconvenir a sus hijos o a sus empleados cuando faltan a sus deberes y no se encuentran en el momento preciso para cumplir sus deberes. Generalmente no faltarán expresiones tales como: “¿Dónde estabas? ¿Por qué no estabas cumpliendo las tareas que se te asignaron? ¿Por qué no cumpliste con tus deberes?”. Queda claro que se tratan de reclamos legítimos que se dirigen del superior al subordinado.

Establecido esto, es evidente que emitir expresiones tales como: “¿Dónde estaba Dios durante el sismo?”. Son expresiones, si no ofensivas –aunque diría que sí lo son-, son por lo menos completamente inapropiadas. Dios no es el empleado, el inferior o el subordinado a los hombres, no puede ser sujeto de reclamos. Emitir tales reclamos es propio de personas ignorantes en materia religiosa y muy rudos de entendimiento.

Cuando surgió la filosofía como tal hace muchos siglos, se desprendió de las filosofías mitológicas o patológicas, filosofías excesivamente sensibles que, partiendo de las emociones vivían bajo la idea de que todos los fenómenos naturales o los acontecimientos humanos, tenían detrás algún dios que lo regía: los rayos tienen detrás a Zeus, los mares a Poseidón, las guerras detrás a Apolo, etc. Los dioses sí que estaban ahí ¡ellos provocaban las cosas!

Cuando la filosofía se desprende o se comienza a desprender de tales imaginaciones, surge la idea de que el Universo está sometido a un orden o logos que permite entender las cosas, que puede ser captado por el logos del entendimiento humano. Los dioses son ajenos a los acontecimientos que siguen su curso por su propia naturaleza.

El hombre puede conocer dicho orden mediante la filosofía, que le otorga al ser humano la sabiduría o conocimiento universal de las cosas, le permite comprender la finalidad y el sentido de las cosas dentro de un orden global. Se convierten en artes liberales, denominadas así porque hacen libres a los hombres, los liberan de la esclavitud del no saber para qué se hacen las cosas. Implica aceptar un orden que existe en las cosas aunque no se conozca el detalle completo de cada acontecimiento.

Por encima de ello, históricamente aparece la idea teológica de que ése orden está regido por Dios, autor de la naturaleza, idea que se expresa en la confianza en Dios que providencialmente lo rige todo, dándole el ser al Universo y el ser a todas las cosas que se encuentran en sus manos, aunque ha dejado al Universo regido por leyes que el hombre puede conocer y utilizar en su favor. Dios no está directamente en cada cosa.

Cuando se hacen expresiones del tipo “¿dónde estaba Dios cuando ocurrió esto o aquello?”, se exige el conocimiento inmediato del hecho concreto y se olvida la visión universal. Se niega a Dios y su presencia porque a menudo la expresión “¿dónde estaba Dios?” se hace para enfatizar que, como no se ve su acción, entonces no está. Negarlo es negar la trascendencia, un sentido más allá de lo inmediato.

Al caer en esta óptica, se pierde la confianza en la razón, se pierde fe en la presencia de Dios y no se ve más que aquello concreto. Es una forma de rehusarse a ver las cosas, porque se cree ver y sólo se alcanza a ver aquello que escasamente está frente a quienes tales cosas piensan, algo no más allá de sus propias narices.

Y, por cierto, ¿dónde estaba Dios durante el sismo? Dónde es lógico –propio del logos- que estuviera: fortaleciendo, confortando a los hombres para enfrentar las adversidades, consolando a los que sufren y acompañando a los que fallecieron, porque esta vida no es la única, sino que hay una trascendencia.

¿Dónde estaba Dios durante el sismo? Donde está ahora: dándoles a los hombres, su ser, su vida, sus capacidades y fortaleza para seguir adelante. Sin Él nada podríamos ni obrar, ni ser. ¿Alguien se siente capaz de reclamarle?

Hasta la vista.

Juan Carlos Barradas Contreras

¿Qué harías si no tuvieras miedo?

Monday, December 5th, 2016

El análisis del miedo nos hace ver que se presenta ante un mal ausente, pero pese a su lejanía, nos causa zozobra porque, de presentarse, es mayor a nuestras fuerzas y/o es difícil de vencer, o es imposible de superar, por ello le tememos, nos causa gran inquietud la posibilidad de que se presente.

Para algunos, perder el empleo, por ejemplo, es motivo de gran miedo, sin él no sabrán qué hacer, cómo satisfacer sus necesidades, cómo conseguir otro. Para los más jóvenes, perder la universidad, sea por perder su beca o reprobar, es motivo de mucho temor, les parece que su vida ha acabado.

Por otra parte, hay que reconocer que todos tememos algo. No habrá alguien que realmente pueda afirmar que no tiene miedo a algo. Afirmarlo, o es mucha jactancia o gran temeridad o, en realidad, una forma de ocultar un gran miedo.

Hay que afirmar que tener miedo es algo útil. Una vida sin miedos nos dejaría indefensos ante una multitud de males posibles que, al no temerlos, enfrentaríamos sin más: animales agresivos, peligros reales al manejar autos o motocicletas, riesgos innecesarios que conduciría probablemente a la muerte. No se puede vivir sin miedos.

El inconveniente de los miedos es que, los miedos paralizan las acciones. Mientras más grandes son, más débiles se sienten quienes los experimentan y menos quieren moverse o actuar. Conducen a la inacción.

Al mismo tiempo, se puede considerar que los miedos revisten un carácter positivo para quien los experimenta. No el ya mencionado beneficio de servir de protección ante posibles males que la excesiva temeridad lleva a enfrentar sin precaución, sino el hecho de que los miedos pueden estimular a la persona a enfrentarlos, a superarlos y, con ello, desarrollar cualidades o talentos ocultos. Tener miedo a hablar en público estimula a la persona a mantenerse activo y a actuar con decisión. Los miedos pueden convertirse en un acicate para crecer y actuar. ¡Los miedos hay que aprovecharlos!

La pregunta que más nos interesa es ¿cómo se vencen los miedos? Una de las primeras maneras es: actuando. Los miedos aumentan cuando la persona se queda pasiva, esperando a ver qué sucederá. El miedo ha surgido porque experimenta un sentimiento de debilidad, de indefensión, mismo que crecerá si permanece sin actuar, porque la imaginación y la obvia falta de resultados, harán sentir que se es incapaz, poco fuerte e inútil para conseguir las cosas. Si no actúas más miedo sentirás. Por tanto, hay que actuar en consecuencia, no dejar de intentar y de obrar. Ésa es una solución para comenzar a combatir los miedos.

Sin embargo, hay un factor mayor que nos ayuda a vencer los miedos. Ya se ha dicho que con la pasividad aumentan y, si es así, habrá que actuar. Sólo que a menudo ocurre que la gente no se mueve o está paralizada por el miedo, también está instalada en la inacción por la conformidad, por la comodidad. ¿Cómo se puede combatir esto?

Una forma de combatir los miedos es fomentar la acción motiva por algo mucho mayor, por algo que realmente se ame y se quiera alcanzar. Así, si el miedo nos paraliza, el amor nos impulsa a vencerlo. Todo es cuestión de enamorarse de un ideal, de una meta, de un objetivo. Eso nos hará mirar, no aquello que provoca los miedos, sino estar orientados a algo que nos mueve a actuar. Así, si tengo miedo a relacionarme con la gente, lo que debo fomentar es el amor a una causa que me haga pasar por encima de ello, como el afán de servicio, el trabajo en favor de una causa noble. La clave es siempre el amor. ¿Temes? No dejes de temer, pero ama mucho más. El objeto de amor te hará pasar por encima de todos los temores.

Así, pues, sólo queda una pregunta: ¿Qué harías si no tuvieras miedos infundados? Y, sólo hay una respuesta: Vivir.

¡Hasta la vista!

Juan Carlos Barradas Contreras

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Visión de eternidad

Sunday, October 16th, 2016

Hoy domingo fue canonizado en Roma el niño cristero José Sánchez del Río, un pequeño michoacano de 14 años que sostuvo su fe pese al brutal martirio al que fue sometido durante horas. Durante todo este tiempo gritaba con fuerte voz  cada que recibía una puñalada: “Viva Cristo Rey y Viva Santa María de Guadalupe”, demostrando con ello que no habría dolor suficientemente grande que lo hiciera renegar de su fe. La frase que lo identifica y con el que lo recordaremos siempre es: “nunca ha sido tan fácil ganarse el cielo como ahora” y su historia es profundamente heroica paso por paso. Su amor a Dios era mucho más grande que su corta edad y sólo añoraba encontrarse con Él para gozar de la gloria del Cielo.

¿Qué había dentro de ese gran corazón? ¿Qué originó fe tan grande y tan perfecta? ¿Qué le permitió resistir caminar con los pies desollados durante más de un kilómetro rumbo al cementerio donde lo asesinarían? ¿Qué le hizo enfrentar el miedo al martirio sin claudicar? ¿Cuál es el mensaje de este nuevo santo para el mundo actual?

El mundo en el que vivimos en el México presente no dista mucho del que veía delante de sus ojos el niño cristero: había una fuerte persecución contra los sacerdotes iniciada por el gobierno del Presidente Plutarco Elías Calles, se prohibía el culto religioso público, se clausuraron 142 templos en el país, se suprimía la participación de cualquier religioso en las instituciones de beneficencia, se clausuraron 73 conventos, se prohibieron las misiones, en fin, se buscó la eliminación de la religión por todos los medios posibles. La guerra cristera que se originó a raíz de este conflicto y fue una de las más sangrientas de la historia de México, muriendo en ella más de 200,000 personas.

El entorno anticlerical pone a prueba la fe y eleva los dones personales al grado heroico para quien está dispuesto a ofrecerlos por el Dios en el que cree y por el que vive. En el corazón de Joselito –como se le llamaba- había una formación procedente de sus padres y un gran celo por la defensa de su fe, así como una férrea convicción que le hizo solicitar el martirio a su Creador. El dolor sufrido lo percibió simplemente como la vía perfecta para irse directo al Cielo que anhelaba. No había palabra, acto, oferta, que le permitiera “vender” su enorme fe pues ya estaba previamente ofrecida a Dios y el niño sabía desde su interior que lo que percibía como eterno era real. Su vivencia infantil no le impidió conocer esta experiencia transformadora y trascendente, al grado de situarse por encima de sus necesidades corporales de defensa de su propia vida con tal de mostrar a Dios su amor sin medida, algo que podría calificarse de irracional e insólito…

Sin duda tuvo miedo. Su mérito no estriba en haber eludido esta reacción natural ante las amenazas de muerte que se cernían sobre su cabeza. Muchos ofrecimientos tuvo para unirse a las fuerzas gubernamentales y salvar su vida, mas él se negó rotundamente pues esto implicaba apostatar su fe, renunciar a su creencia mucho más fuerte que su miedo. En la cabeza de un pequeño sólo se podría suponer que correría a los brazos de su madre…y lo hizo…pero a los brazos de su Madre del Cielo.

La visión de la eternidad transforma la dimensión de lo que se percibe como transitorio, haciendo de este mundo una experiencia temporal destinada a mostrar la otra parte de la moneda: placer, superficialidad, materialismo, sensualidad, poder, todo lo que implica poderosa tentación para la parte puramente humana de la persona. La parte divina -que también poseemos- nos impele a buscar algo más, aquello que nos garantiza la permanencia para siempre sin estar sometidos al dolor ni a la muerte. Hasta los suicidas buscan la muerte como una forma de acceder a algo mejor, como un medio para librarse del sufrimiento. La visión de la eternidad es algo que poseemos como un don que nos permite realizar elecciones cada día, siempre y cuando escuchemos esa voz interior que nos indica el camino y nos otorga la fuerza para seguirlo.

José Luis Sánchez del Río es un modelo a seguir por la firmeza de sus convicciones. Es un mártir y santo de nuestro tiempo que con su vida muestra el modo de enfrentar crudas batallas sin perder lo esencial. Quizá tu martirio o el mío no sea de la magnitud del sufrido por este pequeño, pero hay pequeños sacrificios cotidianos que se no colocan como retos a vencer para ir fortaleciendo la voluntad y prepararnos para las grandes batallas. Nadie está exento de esta materia y disciplinarnos cada día es una tarea a la que no podemos renunciar, ya que su olvido implicaría la pérdida de aquello por lo que todos los santos han muerto: la vida eterna.

Reflexionemos pues, sobre lo que estamos haciendo en materia de fe y sobre lo que elegimos para la eternidad. Depende de cada uno lo que desea para siempre. ¡Ánimo!

Psic. Mildred Barrios Matos

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Lo importante es que estamos vivos

Sunday, October 2nd, 2016

Se ha vuelto broma la expresión “lo importante es que estamos vivos”. La broma radica en que se utiliza como respuesta a la pregunta de un padre de familia a sus hijo: ¿cómo saliste de calificaciones en la escuela?” Y la respuesta es: “Mira papá, lo importante es que estamos vivos”, eludiendo así la obvia contestación.

Sin embargo, más allá de la broma, se pueden hacer algunas reflexiones acerca de tal expresión.

Primeramente podría tomarse literalmente. “Lo importante es que estamos vivos”. Sólo que la vida humana plena no se reduce a la vida biológica, al simple hecho de estar vivos, sino ante todo a aquello que caracteriza la vida del ser humano que no es otra cosa sino su capacidad racional, su capacidad inteligente que lo coloca por encima de cualquier otra vida, con la potencialidad de establecer y dominar su fin. “Lo importante es que estamos vivos” significa que el ser humano no obra para la finalidad inmediata de la simple supervivencia biológica, sino de desarrollar todas sus potencialidades superiores: inteligencia y voluntad, traducidas en sabiduría y virtud.

“Lo importante es que estamos vivos” puede aplicarse también a aquella capacidad propia del ser humano para respetar la vida de sus semejantes. Respetar toda vida humana sean cuales sean sus características específicas y circunstancias de su nacimiento. Toda vida humana es valiosa por sí misma, digna de todo respeto y nadie tiene el derecho de atentar contra ella o destruirla. “Lo importante es que estamos vivos” significa que toda vida humana es digna de respeto absoluto, por consiguiente no cabe la posibilidad de asesinatos de bebés en el vientre materno, o provocar la muerte de personas ancianas.

“Lo importante es que estamos vivos” implica también que el ser humano acepta dócilmente su propia naturaleza. Acepta que él no define lo que son las cosas, ni puede determinar arbitrariamente lo que puede o no obrar. Las cosas, su naturaleza, las empresas que realiza poseen principios claros que no se pueden traspasar. Su grandeza estriba en que puede elegir qué actividad realiza pero no puede establecer lo qué es bueno o malo; así, una empresa puede ser cualquiera pero no dirigida de cualquier modo, sino con ética y consciencia social.

“Lo importante es que estamos vivos” implica respetar el orden de las cosas, los deberes y derechos que nacen de los primeros. El respeto y aceptación del orden natural que manifiesta su propia naturaleza de varón y mujer con toda la riqueza de su sexualidad que no necesita ser tergiversada sino reconocida y explotada como definición personal integralmente: social, psicológica, afectiva, biológica,… sin que tenga que modificarla, ya que le corresponde explotar su riqueza no tratar de tergiversarla o redefinirla.

“Lo importante es que estamos vivos” también implica reconocer que estamos vivos no por nosotros mismos, sino porque hemos recibido la vida, la existencia, el propio ser no porque lo merezcamos –nadie podría tener méritos para recibir la vida- pues antes de ser… ¡era nada! Se recibe el ser y la vida como un don absolutamente gratuito. Por más que pueda herir “el orgullo propio” nadie vive porque lo merece, ni es necesaria su presencia en el Universo, ni pasaría algo ontológicamente porque no existiera. Implica reconocer que hay que dar gracias a Dios, Aquél que es por sí mismo y nos regala el ser y la existencia.

“Lo importante es que estamos vivos” tiene pues muchas implicaciones cuando realmente se reconoce su sentido.

Habría que partir de reconocer algo inmediato: Lo importante es que tú estás vivo y podrías no existir, pero eres y vives, eso es lo importante y hay que obrar en consecuencia coherentemente con absoluto respeto y agradecimiento por ello. O ¿no es así?

Hasta la vista.

Juan Carlos Barradas Contreras

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La inteligencia es la gloria del hombre

Sunday, September 4th, 2016

Uno de los grandes logros de la filosofía antigua se encuentra en establecer la fundamentación del conocimiento humano en el logos de las cosas, en reconocer que las cosas poseen un principio que les explica y que puede ser conocido por los hombres como una realidad inteligible.

Significa que el hombre puede conocer el orden, puede prever las cosas y puede interactuar con la naturaleza, con su entorno, teniendo control ante el mundo. Se convierte en signo de grandeza, pues el hombre está colocado en una posición de dominio, no porque arbitrariamente se haya colocado ahí, sino porque está dotado de inteligencia; porque es inteligente puede leer el orden existente en el mundo.

Todos pensamos, por ejemplo, que nuestra vida depende de nuestras propias decisiones y no del azar, de la casualidad o de un supuesto destino. Por eso, hacemos planes, ejecutamos acciones, trabajamos, damos pasos para conseguir lo que concebimos (logos) porque tenemos la convicción de que siguiendo el orden (logos), llegaremos a nuestro fin (logos). Signo de inteligencia es planear las cosas y ejecutar las acciones.

Tan es así que consideramos como torpeza o desatino cuando alguien se mete en problemas sencillamente porque no previó las posibles consecuencias de sus acciones o las tomó a la ligera. Enfermedades, embarazos prematuros, accidentes, fracasos, pérdidas de empleo, de estudios,… en su gran mayoría son fruto porque no se planeó lógicamente –es decir desde el logos-, cada una de las acciones que se emprendieron. ¡Cuántas veces exclamamos ante los demás: ¿Qué no pensaste que esto podría pasar?! Los daños, las malas consecuencias no son provocadas por el mundo natural que sigue su curso regular, sino porque ni lo pensamos, nos olvidamos del orden y tratamos ficticiamente de “poner orden” en el mundo, en lugar de respetar el orden existente.

Tan es claro que es así que, pese al subjetivismo, pese al relativismo cínico que priva en el mundo actual, donde se afirma que “todo depende del punto de vista y, por lo tanto, cada quien vive en su mundo”, hay una muy creciente y urgente necesidad de los seres humanos por recibir terapias psicológicas que apuntalen su ánimo, que les ayuden a salir de neurosis, a combatir trastornos, a superar depresiones que no se explican sino porque las personas forman su mundo irreal y luego se esfuerzan por instalarse ahí y vivir su vida sin lograrlo pues es pura fantasía carente de un sustento real. Toda terapia psicológica atiende a lograr que la persona, que el paciente salga de sus concepciones erróneas, de sus falsas estructuras de pensamiento encauzándolo a que toque la realidad, el orden objetivo, saliendo de las distorsiones en las que inútilmente se ha esforzado por realizar.

Se puede añadir lo siguiente. Aristóteles explica que los diversos grados de vida se caracterizan: el inferior que es la vida vegetativa, que se define porque simplemente ejecuta las operaciones vitales, no obran más, tan es así que cuando, por accidente, una persona queda dañada pero viva, afirmamos que quedó en “estado vegetativo”.

En el grado intermedio se encuentra la vida sensitiva, lo animales irracionales, propiamente llamados bestias o brutos; tienen la cualidad de moverse porque controlan la forma que los mueve –expresa Aristóteles-. Significa que se mueven por lo que sienten y por su imaginación que los lleva a actuar, lo que los hace tener algún control, pero no un dominio de sí, no planifican, se dejan llevar. Muchos humanos hacen lo mismo por defecto.

La vida humana tiene como propiedad el dominio de la ejecución, la forma y el fin. Implica esto que el hombre se mueve por su logos, porque concibe el fin hacia el cual ordena sus actos, cuál es el fin que persigue, le da dominio de su vida y sentido a la misma; por ello contemplar la verdad lo plenifica.

Aristóteles coincidiría totalmente con Viktor Frankl, es el logos, el sentido, lo que ayuda a sobrellevar las penalidades y sufrimientos de la vida. Por eso Frankl constató que en los campos de concentración sobrevivían no los más fuertes sino los disciplinados intelectualmente que le encontraban sentido a sus vida, a la resistencia, quienes poseían un motivo para resistir.

En definitiva, es muy claro que la grandeza del hombre y su gloria se ponen de manifiesto en su inteligencia, en su capacidad de captar el orden existente en las cosas, orden que es independiente de él y al que se subordina, pero lo interioriza.

Pretender que todo depende del punto de vista, que el ser humano determina su mundo subjetivamente, sólo implica el obscurecimiento de su inteligencia, no su grandeza, sino la entronización de su estupidez en su intento por encumbrarse. El lamentable olvido de que en la inteligencia y no en su subjetividad radica su grandeza, en la obediencia simple y llana al logos de las cosas.

Sólo el hombre que se subordina humildemente vive en el logos y vive una vida en plenitud. Alcanza su grandeza que le es regalada.

¡Hasta la vista!

Juan Carlos Barradas Contreras

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Aristóteles

La naturaleza humana: lazo amoroso de unión

Sunday, August 28th, 2016

Se cuenta de una ballena azul que surca los mares cantando en una frecuencia muy distinta a la de las ballenas comunes, impresionando con su cántico a propios y extraños, razón por la cual se le ha llamado “Azul 52”, ya que emite sonidos registrados en 52 Hercios, muy distinto al rango entre 10 y 39 Hercios en que se comunican el resto de las ballenas. Nadie ha podido identificar la especie exacta a la que pertenece y sólo se sabe que sigue una ruta distinta a la de las migraciones de las demás ballenas y que no se mezcla con ellas, dado que le es imposible comunicarse con estos cetáceos en la frecuencia en que ellos transmiten sus sonidos. Se teoriza que puede ser un híbrido de ballena azul con otra especie pero esto no ha podido confirmarse. Durante muchos años se pensó que era un ejemplar único buscando pareja por lo que se le bautizó como “la ballena más solitaria del mundo”. Hoy se piensa que pudieran existir otros ejemplares pero tampoco ha podido comprobarse esta teoría.

Esta historia ha movido el corazón de todo el que la conoce pues se conectan con el esfuerzo de un gigantesco ser por comunicarse con alguien de su especie para poder reproducirse y sobrevivir. Es alguien distinto buscando a alguien como él sin recibir respuesta.

Tan misterioso relato me lleva a una serie de reflexiones que hoy quiero compartir con ustedes. Azul 52 ha emergido de las profundidades, se ha convertido en humano y se ha multiplicado cientos de veces, aunque estos nuevos seres no tienen conciencia de que esto ha ocurrido. Sus cantos se han replicado cada día en busca de congéneres con los cuales interactuar y a los cuales amar…pero no tienen respuesta porque no saben dónde y cómo buscar a sus semejantes. Decididas a conseguir su objetivo, siguen intentando -año tras año-, emigrar hacia horizontes inciertos y lejanos de su hogar, con la esperanza de tener éxito y lograr una oportunidad de vida para su especie. Confían en que alguna vez alguien escuche su voz y les conteste.

Cual ballenas híbridas y disímiles al resto de la especie, muchas personas empeñan sus fuerzas día a día por tratar de comunicarse y enlazarse con otros en una respuesta social que su naturaleza les demanda. Su búsqueda parece tropezar con todos los obstáculos posibles y el éxito de su esfuerzo parece que se aleja más y más. Sus notables diferencias les colocan en espacios que los encarcelan en su soledad y les impiden disfrutar de la compañía y el amor de los demás. Pueden volverse tremendamente agresivas ante la frustración resultante de tan arduo esfuerzo y tan pobre resultado, pero difícilmente se mueven para intentar algo diferente que los acerque a los demás, convencidas de que tienen que encontrar a alguien como ellas y entonces ser felices en su mundo aparte.

Una ballena Azul 52 posee elementos de adaptación que pueden ser muy lentos dada su irracionalidad, y quizá pueda morir antes de haber logrado conectarse con otro ser de su especie. Su triste historia concluirá en la misma soledad en la que se le conoció. Sin embargo, su necesidad de entablar relación con otro le ha llevado, en los últimos años, a disminuir su frecuencia de sonido a 47 Hercios, en un esfuerzo adaptativo increíble. Si esto ha sido posible en una ballena, ¿cuánto más podría hacer un ser humano?

Las posibilidades de solución se ven multiplicadas a niveles exponenciales en las personas, dadas sus condiciones racionales. Los cambios adaptativos pueden realizarse concientemente con la rapidez de un proceso que se ve abreviado por el infinito deseo de amar, de comunicar, de donar el propio ser, de arriesgar la propia vida para entregarla a los demás, de hacer especie en vías de crecimiento. Si tan sólo el ser humano pudiera reconocer que el valor del otro es mucho más grande que la diferencia que lo acompaña, quizá tendría más oportunidades de unirse y lograr esa asociación tan anhelada que lo curaría de su tristeza.

En el mundo actual trata de imponerse la diferencia a lo que por naturaleza domina en los seres humanos. Las personas Azul 52, diferentes en creencias, costumbres, valores, principios, horizontes, quieren que todos seamos Azul 52 para que no se sientan solas y puedan encontrar su mundo ideal. El problema está en que no es posible cambiar la naturaleza humana a capricho y convertirla en algo distinto que se amolde a algo que ya no corresponde a la especie. Las personas Azul 52 han olvidado que poseen la misma esencia que la especie a la que desean someter y que, mediante un esfuerzo, pueden bajar su tono de comunicación y acceder al mundo que también les pertenece, del cual llevan sus genes y al cual deben volver para alcanzar su armonía. La razón de este esfuerzo no es otra que el amor que tanto buscan.

Este es un llamado a toda persona Azul 52 con un deseo profundo de ser escuchado. La naturaleza humana surgió del Amor para realizar plenamente su misión. Hoy se hace necesario recordar que compartimos un mundo en el que caben todas las personas con la esencia humana, sin excepción. Cualquier desviación de esta naturaleza con la que fueron creados les llevará al dolor y a la soledad pero es posible salir de ahí. Recordemos pues, que poseemos una longitud de onda para comunicarnos que es similar en toda la especie y que tiene un sentido que sea así. Lo que nos une es nuestra naturaleza y nuestro deseo de amar y ser amados. ¡No lo olvidemos!

Psic. Mildred Elena Barrios Matos

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La naturaleza humana lazo amoroso de unión

La riqueza personal que estamos perdiendo

Sunday, August 21st, 2016

Normalmente distinguimos entre el valor y la utilidad, aunque no siempre lo aplicamos correctamente a las cosas; a menudo nos encontramos buscando la utilidad de cosas valiosas o sobrevalorando cosas que sólo son útiles. Por ejemplo, estamos olvidando el valor inherente en las personas para ponerle mayor interés a la utilidad que nos presta un teléfono celular. Escenas de madres de familia desentendidas de su bebé que tienen enfrente mientras atienden su celular, a veces jugando, a veces mandando mensajes o compartiendo fotografías, se han multiplicado en un elevado número de casos.

Lo que es valioso se aprecia por sí mismo y no se le instrumentaliza para conseguir un objetivo. El valor es lo que se aprecia por sí mismo. Una pintura, una joya, algunos libros, etc. se aprecian por sí mismos; normalmente no se intenta encontrarles una utilidad. En cambio, las herramientas sólo valen por la necesidad que ayudan a cubrir y, debido a ello, pueden ser consideradas muy valiosas porque sin ellas no podemos desempeñar un trabajo. Las herramientas de un mecánico automotriz o de un carpintero son muy apreciadas por quien las emplea porque sin ellas no puede trabajar. No valen algo para quien no las necesite. Un juego de herramientas automotrices no sería aceptado con gusto para un ejecutivo de oficina, salvo para venderlas, claro.

El oro, por ejemplo, normalmente es valioso para todos y no sirve para algo más que para adornarse con él o lucirlo. Unas flores en una casa no poseen mayor valor más que para hacer agradable una estancia. Una mascota en casa habitualmente pasa a ser miembro de la familia; no se encariñan con ella por la utilidad que brindan.

¿Y las personas? El valor de la persona estriba en ella misma, en que es persona. Es decir, vale por sí misma y en manera alguna puede ser instrumentalizada. Se le aprecia -o se le debe apreciar- por sí misma. Sin embargo, actualmente no está ocurriendo así.

Por un lado se puede hablar del tráfico o comercio que se realiza con bebés mediante la inseminación artificial. Los bebés, como personas valen por sí mismos, no son un objeto que se puede comerciar, negociar o conseguir pagando. Los padres que tienen un bebé no lo han recibido como si fuera un derecho porque nadie tiene derecho a la vida de otro ser humano. Recibir un bebé es recibir un encargo, es recibir un don que en manera alguna puede ser objeto de reclamos. Hay que recibirlo como lo que es: una vida que vale por sí misma, sin derecho alguno a disponer arbitrariamente de ella y sin poder exigir que sea otorgada.

La riqueza personal que nos estamos perdiendo radica en que muchos exigen tener un bebé como si fuera un objeto que puede reclamarse, en primer lugar para “darse” la satisfacción de ser madre y, en segundo término, para tener alguien que le haga compañía en la soledad que se está viviendo. El bebé no es valorado como ser humano, sino como objeto de compañía. En consecuencia se recurre a la fecundación in vitro, fecundando diversos óvulos que dan origen a otros tantos embriones, lo que implica el desprecio a las personas que son, pues alguno es elegido y los otros o congelados o desechados. Eventualmente, aún congelados, a la larga son desechados. Da escalofríos pensarlo.

Otra forma en que nos estamos perdiendo la riqueza personal de los seres humanos es basados en la llamada ideología de género conforme a la cual, supuestamente, se valen todas las formas posibles de expresión sexual consideradas una forma de “multivariada riqueza sexual”. Se vale, según esto, ser homosexual, lesbiana, bisexual, travesti, transgénero, transexual, intersexual o simplemente raro –aunque faltan más denominaciones-, todas ellas expresión de una variedad de conductas que muestran todas las multifacetas que puede adoptar el ser humano y, para muchos, “enriquecimiento cultural”.

Sin embargo, todas esas “facetas” de la sexualidad son expresión de un desvío alocado de quienes las practican, carecen de fundamento antropológico y se fundamentan en una pérdida de la propia identidad que no acierta a hallarse adecuadamente. Sólo por contraste manifiestan riqueza al poner de manifiesto lo que no puede realmente ser y ni debería intentarse pues quienes las practican terminan en profundas depresiones y ansiedades; y quienes las promueven, en el fondo, promueven una esquizofrenia colectiva y perversiones morales bajo la apariencia de promoción de la dignidad y respeto a la persona humana.

Sobre la expresión de riqueza podemos hacer una breve reflexión. En filosofía se descubre que la riqueza del ser radica en toda la actualidad comprehendida en el ser mismo. Aflora cuando la persona, mediante un esfuerzo personal, se compromete con una causa noble y obra expresando su riqueza interior contenida: lucha por un ideal de servicio sacrificando comodidades; se por esfuerza por vivir virtudes como la honradez, la templanza, la prudencia en medio de ambientes que las desprecian como se hace hoy; siendo coherentes con valores y principios hoy olvidados; y, muchas obras semejantes, edifican a quienes contemplan su ejemplo, ya que no son fruto de impulsos ciegos y exigentes, ni caprichos, ni extravagancias, sino una decisión inteligente y voluntaria.

Pero todo esto parece haberse perdido hoy; hay una profunda riqueza personal que estamos perdiendo. Sólo queda preguntarse: ¿tú qué estás haciendo para cultivarla y no perderla?

¡Hasta la vista!

Juan Carlos Barradas Contreras

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La riqueza personal que estamos perdiendo

La ancianidad solitaria ¿dolorosa sentencia?

Sunday, August 14th, 2016

Celebramos hoy el Día Nacional de la Juventud Católica. En este marco se han congregado multitud de jóvenes católicos mexicanos buscando la promoción de los valores cristianos. Su entusiasmo desbordante, sus ideas llenas de ingenio y la forma como visualizan y enfrentan las dificultades que su vida les presenta, nos recuerda a los más viejos pretéritas manifestaciones de conducta en donde prevalecían deseos de cambiar el mundo y razones válidas que nos hacían creer que esto era posible. Muchas personas que ya traspasamos los cincuentas seguimos con la misma fe, pero nuestras expectativas son mucho más moderadas y nuevas inquietudes pueden empezar a llenar espacios mentales, en muchos casos con marcada preocupación.

Tal es el caso de personas que ante la ausencia de familiares cercanos más jóvenes, se enfrentan a la cercanía de la vejez y la imposibilidad de ser atendidos por alguien con más salud y fuerza que ellos. Dicha intranquilidad puede instalarse en edades más tempranas a la ancianidad y empezar a minar seriamente el disfrute cotidiano de la existencia actual. El no ver con claridad la solución puede llevar, incluso, al inicio de una depresión al sentirse atrapados en sus limitadas circunstancias, anticipando así un sufrimiento por algo que no ha ocurrido pero que en sus mentes están viviendo ya.

La evidencia de que esto puede ser algo aterrador se ve confirmada cuando estos individuos tienen que atender a familiares o amigos ancianos que dependen, de un modo u otro, de ellos. El observar de cerca el fenómeno de la vejez con el consabido deterioro limitante consecuencia de la pérdida de habilidades y facultades, pinta un futuro fatalista si en el horizonte vislumbran la ausencia de alguien que pueda auxiliarlas en sus obvias necesidades como personas de la tercera edad.

Dichos sentimientos y ansiedades son perfectamente válidos y, como en todo problema que se enfrenta en la vida, hay que encaminar los esfuerzos hacia las soluciones probables antes que quedarnos atorados en las angustias que únicamente nos provocan pérdida de buen ánimo y nos apartan del momento presente. Lo primero que hay que considerar es que es posible retrasar los síntomas del envejecimiento llevando, en la actualidad, una vida sana y nutrida de afecto positivo y actividad estimulante. Las personas que realizan ejercicio cotidianamente, que se alimentan con una amplia variedad de productos naturales, que disponen de tiempo para la distracción, que realizan actividades que los hacen sentir útiles y realizados como seres humanos, que se ocupan de fomentar su salud espiritual, que se rodean de personas entusiastas por la vida, que evitan el uso excesivo de la tecnología, que se esfuerzan por mantener hábitos sanos de relación consigo mismos y con los demás, están llamadas a ser “ancianas jóvenes” llenas de vitalidad y energía hasta el último de sus días. Estos individuos requerirán de apoyo mucho más tarde, pues podrán continuar con su vida independiente muchos más años que los que llevaron una vida menos sana. En este sentido, los hábitos saludables actuales representan la primera oportunidad de evitar una ancianidad limitada y enfermiza. Con ello, es posible acceder a grandes logros en la edad adulta tardía.

Por otra parte, la anticipación o planeación del futuro permite un mejor ajuste psicosocial en las personas que aún son jóvenes ante la expectativa de la vejez, modificando la percepción que se tiene de esta última etapa de la vida. Elegir una estrategia apropiada de acuerdo a las posibles circunstancias de ese momento, permitirá eliminar, controlar o mejorar la condición estresante del momento actual. Independientemente de valorar diversas opciones de atención en la ancianidad, no hay que dejar de lado el apoyo institucional. Ha surgido un gran interés social en el desarrollo de casas de reposo que permiten la asistencia a personas de la tercera edad. En ellas se otorga al residente auxilio médico, atención integral (física, psicológica, social, alimenticia, etc.), y es posible conservar un mayor sentido de satisfacción por la vida en la medida en que se obtiene cierto control por uno mismo sin sacrificar dignidad.

Amigo lector, si tú te encuentras dentro del grupo de las personas que se preocupan por su atención durante la edad adulta tardía –siendo joven todavía-, es momento de tomar decisiones que eviten una ansiedad prematura por una etapa que no tiene por qué ser deprimente, antes bien, pudiera convertirse en el culmen de una vida satisfactoria. ¡Ánimo! y te esperamos la semana próxima.

Psic. Mildred Elena Barrios Matos

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Ancianidad solitaria

¿Llegas al fin del acto voluntario?

Sunday, August 7th, 2016

En el siglo XIII santo Tomás de Aquino hizo un análisis descriptivo del acto voluntario, dicho análisis no le pide algo a los modernos estudios de la psicología. Sin entrar en todos los detalles, presenta una serie de observaciones de amplias consecuencias.

Comienza por analizar el momento en que se adquiere la intención de la voluntad hacia algo. Ese momento en que, tras el juicio general o valoración completa de la inteligencia, el objeto es considerado como bueno ahora y aquí. Cuando el objeto real e integralmente es bueno, produce gozo posterior; si pasado el momento deja daños, dolor o consecuencias negativas puede venir el arrepentimiento –cambio de mente-, para dejar de verlo como bueno, aunque se puede sucumbir a la tentación de seguirlo probando –pues produce una satisfacción inmediata y levemente placentera y, aparentemente es bueno aquí y ahora-, constituyendo una adicción autodestructiva: “aquí y ahora es bueno aunque me destruya después”.

Esta valoración como bueno aquí y ahora constituye también el enamoramiento. Me enamoro porque lo percibo como bueno para mí: así la profesión, el trabajo, la afición, una persona. Ayudar a una persona a perseverar o ser fiel, es ayudarla a que siga viendo lo bueno que algo es; o ayudarlo a que abandone algo que no le conviene o que debe superar porque ha desaparecido, es ayudarlo a que ya no lo mire así y se desenamore.

Una vez que se ha optado por algo como bueno, se tiene resuelta la cuestión sobre lo que se quiere. El proceso del acto voluntario considera ahora los medios: cómo se logrará. Se pasa a la deliberación intelectual y se aceptan o consienten los medios. Si quiero estar en forma y saludable, por ejemplo, acepto hacer ejercicio y cuidar mi alimentación. Si quiero estudiar una profesión acepto los sacrificios que debo hacer. Hay un principio muy claro: el que quiere el fin, quiere los medios. (Y aquí se puede decir: el fin justifica los medios. Esto, ya que el fin le da razón de ser a los medios. Los medios malos no tienen razón de ser, no se justifican, no son medios para el fin).

Enlistados los medios, la inteligencia trata de jerarquizarlos o estudiarlos exhaustivamente a fin de determinar cuál es el mejor. Aquí hay un límite muy claro para la inteligencia que la mayoría de las personas no suele reconocer: la imposibilidad o incapacidad de la inteligencia para conocer el futuro, lo que habrá de ser (futurus esse en latín). Por consiguiente, jamás se sabrá con absoluta certeza cuál es o sería el mejor medio para lograr algo. Algunos se “atoran” o “traban” aquí, incapaces de tomar una determinación o elección sobre el medio o el camino a seguir. ¿La razón? Una profunda inseguridad personal. La inteligencia no conoce el futuro, por ello la voluntad elige un medio para seguirlo sin saber –ante el desconocimiento del futuro-, la voluntad lo determina; la voluntad decreta algo: ha de ser así.

Un ejemplo aclarará lo anterior. Si me enfrento a dos opciones de estudios profesionales, no me decido entre medicina o arquitectura para las que poseo cualidades y aptitudes. ¿Cómo puedo elegir? Valoro las opciones, sus características y también mis propias cualidades. ¿Cómo podría saber cuál es la mejor? Si pudiera saber qué pasará una vez que elija cualquiera de ellas. A la mejor funciona sólo una; o funcionan ambas; o funciona una mejor que la otra; pero, es una cuestión futura. Ahora no lo sé. Tengo que decidir y hacer que lo que elegí sea lo mejor.

El análisis posterior de santo Tomás es muy simple. La intelección ordena y la voluntad pasa a la acción. Y de la acción, si logra conseguir el bien concebido en la intención, se alcanza en la voluntad el gozo o la fruición. Cuando se alcanza lo que se pretende la persona estalla en gozo. Pensemos aquí en la celebración por haberse titulado profesionalmente.

Para algunos la voluntad no pasa de la intención; para otros no pasa del consentimiento de los medios; en otros casos, son incapaces de llegar a la elección y otros muchos, no llegan a la acción. Nadie hay que no tenga voluntad. Lo que hay es aquellos que no alcanzan el fin del proceso completo del acto voluntario.

Unos ejemplos ilustrarán esto último. Hay quienes no logran pasar a la intención. Jóvenes estudiantes jamás logran decidir claramente qué carrera estudiar, nunca llegan a la intención. En otros casos hay jóvenes que no logran determinar si optar por el matrimonio o permanecer solteros. No saben qué les conviene aquí y ahora.

En otros casos hay quienes dicen tener la intención de algo pero no aceptan los medios. Quieren superarse aunque no toleran realizar sacrificios, no pretenden renunciar a su vida social, a sus diversiones, a sus comodidades.

Hay quienes consienten los medios, pero son incapaces de determinar cuál consideran qué es el mejor, los consume la indecisión. Piensan en uno o en otro y siempre están oscilando.

Finalmente, los hay que determinan el medio, saben en teoría cuál es el mejor, sólo que nunca pasan a la acción. Literalmente únicamente sueñan. Todos conocemos a alguien así, siempre tienen la mejor idea para tener éxito y enriquecerse,… ¡jamás lo hacen!

Así pues, el acto voluntario implica todo un proceso. Sabiendo ahora todo esto, lo que queda es determinarte a llegar al fin del acto voluntario, ya que no existen personas sin voluntad, sino personas que no se deciden. ¡Tú eliges!

¡Hasta la vista!

Juan Carlos Barradas Contreras

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Voluntad

¿Qué pones en tu mente?

Sunday, July 24th, 2016

En estos tiempos modernos cada vez que adquirimos una computadora o un teléfono inteligente –lo que sea que signifique esto último-, hay algo de lo que nos ocupamos de inmediato para su buen uso: instalarle todos los programas o aplicaciones que requerimos para satisfacer nuestras necesidades como herramienta de uso.

Programas o aplicaciones no son otra cosa sino un conjunto de instrucciones sistemáticas para la realización de una tarea específica. Tenemos que aprender a usarlos con reglas que si no respetamos, sencillamente no funcionan.

Sin embargo, no todo termina ahí. Estos instrumentos tecnológicos están interconectados con redes, a través de las cuales reciben continuamente datos, información y, sobre todo, nuevas instrucciones que pueden alterar o modificar su funcionamiento, robando o usurpando información personal o alterando su “comportamiento” o desempeño.

Son los virus o programas espía o piratas que se instalan ocultamente en los procesadores. Son combatidos a su vez, con programas antivirus o “cortafuegos” que les impiden la entrada.

Las computadoras son un símil de la mente humana, no somos imitadores de ellos, sino viceversa.

¿Cómo se encuentra nuestro cerebro cuando somos niños? Aristóteles considera que nuestra mente es como una tabla en blanco a la que progresivamente vamos “llenando” al tiempo que vamos conociendo cosas a lo largo de nuestra vida.

¿Qué aplicaciones o instrucciones vamos poniendo o “instalando” en nuestra mente? Habría que analizar la historia personal de formación y lo que se le ha dicho a una persona aún en el seno materno. Afirmaciones que se grabaron en la persona desde el vientre materno, hasta aquellas que se le siguen repitiendo ya como adulto.

Como instrucciones operativas condicionarán su actuación o desempeño. Expresiones sobre la valía personal y la capacidad propia de logro. Así que el primer antivirus personal será la propia autoestima: reconocer y apreciar el propio valor personal que viene dado primeramente por el propio ser personal, no por aquellas cualidades de que está dotado, vale por su dignidad personal. Su valor personal se ve incrementado por el ejercicio de las virtudes y el esfuerzo por ser más lo que por naturaleza se es.

Cuando la persona reconoce su propio ser personal, su capacidad para mejorar personalmente pese a sus fallos, cuando sabe que está al alcance de sus esfuerzos la posibilidad de desarrollar valores y virtudes, se convierte inmune a comentarios desagradables sobre su ser y actuación, críticas infundadas y aun ofensas dirigidas contra él. Se sobrepone a toda situación y siempre se levanta y sigue adelante.

Aquello que funciona como “cortafuegos” en la persona son los principios que rigen su conducta, los cuales se adquieren cuando se aprende lo que está bien y lo que está mal y se regula la propia conducta en función de ello. No se tienen dudas a la hora de la actuación, simplemente se sabe lo que hay que hacer en cada caso y en función de ello se decide y se actúa. Esto impide que pasen, que se interioricen afirmaciones, o indicaciones que vayan en contra de uno mismo.

La pregunta entonces es ¿qué pones en tu mente? En lugar de analizar qué pones en concreto, lo que se puede considerar es ¿qué es lo que deberías poner?  Muy sencillo. El primer pensamiento que debes instalar en tu mente es una cosa: que tú puedes lograr lo que te propones; no a la primera, pero puedes lograrlo, siempre puedes. Esto significa desinstalar un pensamiento: “no puedo”, “no se puede”, “no lo lograré”. Habría que escanear tu mente y borrar toda esa clase de pensamientos semejantes.

¿Cuáles pensamientos piratas o llamados “gusanos” debes evitar? Todos aquellos pensamientos nocivos. Se identifican por ser aquellos que ponen en la mente una visión negativa de todo lo que ocurre. Cuando se instalan en la mente impiden ver posibilidades, habilidades, cualidades o cosas que se pueden lograr. El pesimismo se convierte en el peor de los virus.

Habría que añadir que hay que instalar en tu mente un sano realismo, una fe o confianza en tu capacidad racional y una adecuada convicción religiosa que guíe toda tu vida hasta el final.

Si todo lo anterior lo haces, es seguro que “funciones” bien hasta el término de tu vida. Todo depende de una cosa: ¿qué aplicaciones instalas en tu mente? Tú eliges.

¡Hasta la vista!

Juan Carlos Barradas Contreras

[email protected]

Mente