Archive for the ‘Vida humana’ Category

La riqueza personal que estamos perdiendo

Sunday, August 21st, 2016

Normalmente distinguimos entre el valor y la utilidad, aunque no siempre lo aplicamos correctamente a las cosas; a menudo nos encontramos buscando la utilidad de cosas valiosas o sobrevalorando cosas que sólo son útiles. Por ejemplo, estamos olvidando el valor inherente en las personas para ponerle mayor interés a la utilidad que nos presta un teléfono celular. Escenas de madres de familia desentendidas de su bebé que tienen enfrente mientras atienden su celular, a veces jugando, a veces mandando mensajes o compartiendo fotografías, se han multiplicado en un elevado número de casos.

Lo que es valioso se aprecia por sí mismo y no se le instrumentaliza para conseguir un objetivo. El valor es lo que se aprecia por sí mismo. Una pintura, una joya, algunos libros, etc. se aprecian por sí mismos; normalmente no se intenta encontrarles una utilidad. En cambio, las herramientas sólo valen por la necesidad que ayudan a cubrir y, debido a ello, pueden ser consideradas muy valiosas porque sin ellas no podemos desempeñar un trabajo. Las herramientas de un mecánico automotriz o de un carpintero son muy apreciadas por quien las emplea porque sin ellas no puede trabajar. No valen algo para quien no las necesite. Un juego de herramientas automotrices no sería aceptado con gusto para un ejecutivo de oficina, salvo para venderlas, claro.

El oro, por ejemplo, normalmente es valioso para todos y no sirve para algo más que para adornarse con él o lucirlo. Unas flores en una casa no poseen mayor valor más que para hacer agradable una estancia. Una mascota en casa habitualmente pasa a ser miembro de la familia; no se encariñan con ella por la utilidad que brindan.

¿Y las personas? El valor de la persona estriba en ella misma, en que es persona. Es decir, vale por sí misma y en manera alguna puede ser instrumentalizada. Se le aprecia -o se le debe apreciar- por sí misma. Sin embargo, actualmente no está ocurriendo así.

Por un lado se puede hablar del tráfico o comercio que se realiza con bebés mediante la inseminación artificial. Los bebés, como personas valen por sí mismos, no son un objeto que se puede comerciar, negociar o conseguir pagando. Los padres que tienen un bebé no lo han recibido como si fuera un derecho porque nadie tiene derecho a la vida de otro ser humano. Recibir un bebé es recibir un encargo, es recibir un don que en manera alguna puede ser objeto de reclamos. Hay que recibirlo como lo que es: una vida que vale por sí misma, sin derecho alguno a disponer arbitrariamente de ella y sin poder exigir que sea otorgada.

La riqueza personal que nos estamos perdiendo radica en que muchos exigen tener un bebé como si fuera un objeto que puede reclamarse, en primer lugar para “darse” la satisfacción de ser madre y, en segundo término, para tener alguien que le haga compañía en la soledad que se está viviendo. El bebé no es valorado como ser humano, sino como objeto de compañía. En consecuencia se recurre a la fecundación in vitro, fecundando diversos óvulos que dan origen a otros tantos embriones, lo que implica el desprecio a las personas que son, pues alguno es elegido y los otros o congelados o desechados. Eventualmente, aún congelados, a la larga son desechados. Da escalofríos pensarlo.

Otra forma en que nos estamos perdiendo la riqueza personal de los seres humanos es basados en la llamada ideología de género conforme a la cual, supuestamente, se valen todas las formas posibles de expresión sexual consideradas una forma de “multivariada riqueza sexual”. Se vale, según esto, ser homosexual, lesbiana, bisexual, travesti, transgénero, transexual, intersexual o simplemente raro –aunque faltan más denominaciones-, todas ellas expresión de una variedad de conductas que muestran todas las multifacetas que puede adoptar el ser humano y, para muchos, “enriquecimiento cultural”.

Sin embargo, todas esas “facetas” de la sexualidad son expresión de un desvío alocado de quienes las practican, carecen de fundamento antropológico y se fundamentan en una pérdida de la propia identidad que no acierta a hallarse adecuadamente. Sólo por contraste manifiestan riqueza al poner de manifiesto lo que no puede realmente ser y ni debería intentarse pues quienes las practican terminan en profundas depresiones y ansiedades; y quienes las promueven, en el fondo, promueven una esquizofrenia colectiva y perversiones morales bajo la apariencia de promoción de la dignidad y respeto a la persona humana.

Sobre la expresión de riqueza podemos hacer una breve reflexión. En filosofía se descubre que la riqueza del ser radica en toda la actualidad comprehendida en el ser mismo. Aflora cuando la persona, mediante un esfuerzo personal, se compromete con una causa noble y obra expresando su riqueza interior contenida: lucha por un ideal de servicio sacrificando comodidades; se por esfuerza por vivir virtudes como la honradez, la templanza, la prudencia en medio de ambientes que las desprecian como se hace hoy; siendo coherentes con valores y principios hoy olvidados; y, muchas obras semejantes, edifican a quienes contemplan su ejemplo, ya que no son fruto de impulsos ciegos y exigentes, ni caprichos, ni extravagancias, sino una decisión inteligente y voluntaria.

Pero todo esto parece haberse perdido hoy; hay una profunda riqueza personal que estamos perdiendo. Sólo queda preguntarse: ¿tú qué estás haciendo para cultivarla y no perderla?

¡Hasta la vista!

Juan Carlos Barradas Contreras

[email protected]

La riqueza personal que estamos perdiendo

La ancianidad solitaria ¿dolorosa sentencia?

Sunday, August 14th, 2016

Celebramos hoy el Día Nacional de la Juventud Católica. En este marco se han congregado multitud de jóvenes católicos mexicanos buscando la promoción de los valores cristianos. Su entusiasmo desbordante, sus ideas llenas de ingenio y la forma como visualizan y enfrentan las dificultades que su vida les presenta, nos recuerda a los más viejos pretéritas manifestaciones de conducta en donde prevalecían deseos de cambiar el mundo y razones válidas que nos hacían creer que esto era posible. Muchas personas que ya traspasamos los cincuentas seguimos con la misma fe, pero nuestras expectativas son mucho más moderadas y nuevas inquietudes pueden empezar a llenar espacios mentales, en muchos casos con marcada preocupación.

Tal es el caso de personas que ante la ausencia de familiares cercanos más jóvenes, se enfrentan a la cercanía de la vejez y la imposibilidad de ser atendidos por alguien con más salud y fuerza que ellos. Dicha intranquilidad puede instalarse en edades más tempranas a la ancianidad y empezar a minar seriamente el disfrute cotidiano de la existencia actual. El no ver con claridad la solución puede llevar, incluso, al inicio de una depresión al sentirse atrapados en sus limitadas circunstancias, anticipando así un sufrimiento por algo que no ha ocurrido pero que en sus mentes están viviendo ya.

La evidencia de que esto puede ser algo aterrador se ve confirmada cuando estos individuos tienen que atender a familiares o amigos ancianos que dependen, de un modo u otro, de ellos. El observar de cerca el fenómeno de la vejez con el consabido deterioro limitante consecuencia de la pérdida de habilidades y facultades, pinta un futuro fatalista si en el horizonte vislumbran la ausencia de alguien que pueda auxiliarlas en sus obvias necesidades como personas de la tercera edad.

Dichos sentimientos y ansiedades son perfectamente válidos y, como en todo problema que se enfrenta en la vida, hay que encaminar los esfuerzos hacia las soluciones probables antes que quedarnos atorados en las angustias que únicamente nos provocan pérdida de buen ánimo y nos apartan del momento presente. Lo primero que hay que considerar es que es posible retrasar los síntomas del envejecimiento llevando, en la actualidad, una vida sana y nutrida de afecto positivo y actividad estimulante. Las personas que realizan ejercicio cotidianamente, que se alimentan con una amplia variedad de productos naturales, que disponen de tiempo para la distracción, que realizan actividades que los hacen sentir útiles y realizados como seres humanos, que se ocupan de fomentar su salud espiritual, que se rodean de personas entusiastas por la vida, que evitan el uso excesivo de la tecnología, que se esfuerzan por mantener hábitos sanos de relación consigo mismos y con los demás, están llamadas a ser “ancianas jóvenes” llenas de vitalidad y energía hasta el último de sus días. Estos individuos requerirán de apoyo mucho más tarde, pues podrán continuar con su vida independiente muchos más años que los que llevaron una vida menos sana. En este sentido, los hábitos saludables actuales representan la primera oportunidad de evitar una ancianidad limitada y enfermiza. Con ello, es posible acceder a grandes logros en la edad adulta tardía.

Por otra parte, la anticipación o planeación del futuro permite un mejor ajuste psicosocial en las personas que aún son jóvenes ante la expectativa de la vejez, modificando la percepción que se tiene de esta última etapa de la vida. Elegir una estrategia apropiada de acuerdo a las posibles circunstancias de ese momento, permitirá eliminar, controlar o mejorar la condición estresante del momento actual. Independientemente de valorar diversas opciones de atención en la ancianidad, no hay que dejar de lado el apoyo institucional. Ha surgido un gran interés social en el desarrollo de casas de reposo que permiten la asistencia a personas de la tercera edad. En ellas se otorga al residente auxilio médico, atención integral (física, psicológica, social, alimenticia, etc.), y es posible conservar un mayor sentido de satisfacción por la vida en la medida en que se obtiene cierto control por uno mismo sin sacrificar dignidad.

Amigo lector, si tú te encuentras dentro del grupo de las personas que se preocupan por su atención durante la edad adulta tardía –siendo joven todavía-, es momento de tomar decisiones que eviten una ansiedad prematura por una etapa que no tiene por qué ser deprimente, antes bien, pudiera convertirse en el culmen de una vida satisfactoria. ¡Ánimo! y te esperamos la semana próxima.

Psic. Mildred Elena Barrios Matos

[email protected]

Ancianidad solitaria

¿Llegas al fin del acto voluntario?

Sunday, August 7th, 2016

En el siglo XIII santo Tomás de Aquino hizo un análisis descriptivo del acto voluntario, dicho análisis no le pide algo a los modernos estudios de la psicología. Sin entrar en todos los detalles, presenta una serie de observaciones de amplias consecuencias.

Comienza por analizar el momento en que se adquiere la intención de la voluntad hacia algo. Ese momento en que, tras el juicio general o valoración completa de la inteligencia, el objeto es considerado como bueno ahora y aquí. Cuando el objeto real e integralmente es bueno, produce gozo posterior; si pasado el momento deja daños, dolor o consecuencias negativas puede venir el arrepentimiento –cambio de mente-, para dejar de verlo como bueno, aunque se puede sucumbir a la tentación de seguirlo probando –pues produce una satisfacción inmediata y levemente placentera y, aparentemente es bueno aquí y ahora-, constituyendo una adicción autodestructiva: “aquí y ahora es bueno aunque me destruya después”.

Esta valoración como bueno aquí y ahora constituye también el enamoramiento. Me enamoro porque lo percibo como bueno para mí: así la profesión, el trabajo, la afición, una persona. Ayudar a una persona a perseverar o ser fiel, es ayudarla a que siga viendo lo bueno que algo es; o ayudarlo a que abandone algo que no le conviene o que debe superar porque ha desaparecido, es ayudarlo a que ya no lo mire así y se desenamore.

Una vez que se ha optado por algo como bueno, se tiene resuelta la cuestión sobre lo que se quiere. El proceso del acto voluntario considera ahora los medios: cómo se logrará. Se pasa a la deliberación intelectual y se aceptan o consienten los medios. Si quiero estar en forma y saludable, por ejemplo, acepto hacer ejercicio y cuidar mi alimentación. Si quiero estudiar una profesión acepto los sacrificios que debo hacer. Hay un principio muy claro: el que quiere el fin, quiere los medios. (Y aquí se puede decir: el fin justifica los medios. Esto, ya que el fin le da razón de ser a los medios. Los medios malos no tienen razón de ser, no se justifican, no son medios para el fin).

Enlistados los medios, la inteligencia trata de jerarquizarlos o estudiarlos exhaustivamente a fin de determinar cuál es el mejor. Aquí hay un límite muy claro para la inteligencia que la mayoría de las personas no suele reconocer: la imposibilidad o incapacidad de la inteligencia para conocer el futuro, lo que habrá de ser (futurus esse en latín). Por consiguiente, jamás se sabrá con absoluta certeza cuál es o sería el mejor medio para lograr algo. Algunos se “atoran” o “traban” aquí, incapaces de tomar una determinación o elección sobre el medio o el camino a seguir. ¿La razón? Una profunda inseguridad personal. La inteligencia no conoce el futuro, por ello la voluntad elige un medio para seguirlo sin saber –ante el desconocimiento del futuro-, la voluntad lo determina; la voluntad decreta algo: ha de ser así.

Un ejemplo aclarará lo anterior. Si me enfrento a dos opciones de estudios profesionales, no me decido entre medicina o arquitectura para las que poseo cualidades y aptitudes. ¿Cómo puedo elegir? Valoro las opciones, sus características y también mis propias cualidades. ¿Cómo podría saber cuál es la mejor? Si pudiera saber qué pasará una vez que elija cualquiera de ellas. A la mejor funciona sólo una; o funcionan ambas; o funciona una mejor que la otra; pero, es una cuestión futura. Ahora no lo sé. Tengo que decidir y hacer que lo que elegí sea lo mejor.

El análisis posterior de santo Tomás es muy simple. La intelección ordena y la voluntad pasa a la acción. Y de la acción, si logra conseguir el bien concebido en la intención, se alcanza en la voluntad el gozo o la fruición. Cuando se alcanza lo que se pretende la persona estalla en gozo. Pensemos aquí en la celebración por haberse titulado profesionalmente.

Para algunos la voluntad no pasa de la intención; para otros no pasa del consentimiento de los medios; en otros casos, son incapaces de llegar a la elección y otros muchos, no llegan a la acción. Nadie hay que no tenga voluntad. Lo que hay es aquellos que no alcanzan el fin del proceso completo del acto voluntario.

Unos ejemplos ilustrarán esto último. Hay quienes no logran pasar a la intención. Jóvenes estudiantes jamás logran decidir claramente qué carrera estudiar, nunca llegan a la intención. En otros casos hay jóvenes que no logran determinar si optar por el matrimonio o permanecer solteros. No saben qué les conviene aquí y ahora.

En otros casos hay quienes dicen tener la intención de algo pero no aceptan los medios. Quieren superarse aunque no toleran realizar sacrificios, no pretenden renunciar a su vida social, a sus diversiones, a sus comodidades.

Hay quienes consienten los medios, pero son incapaces de determinar cuál consideran qué es el mejor, los consume la indecisión. Piensan en uno o en otro y siempre están oscilando.

Finalmente, los hay que determinan el medio, saben en teoría cuál es el mejor, sólo que nunca pasan a la acción. Literalmente únicamente sueñan. Todos conocemos a alguien así, siempre tienen la mejor idea para tener éxito y enriquecerse,… ¡jamás lo hacen!

Así pues, el acto voluntario implica todo un proceso. Sabiendo ahora todo esto, lo que queda es determinarte a llegar al fin del acto voluntario, ya que no existen personas sin voluntad, sino personas que no se deciden. ¡Tú eliges!

¡Hasta la vista!

Juan Carlos Barradas Contreras

[email protected]

Voluntad

¿Qué pones en tu mente?

Sunday, July 24th, 2016

En estos tiempos modernos cada vez que adquirimos una computadora o un teléfono inteligente –lo que sea que signifique esto último-, hay algo de lo que nos ocupamos de inmediato para su buen uso: instalarle todos los programas o aplicaciones que requerimos para satisfacer nuestras necesidades como herramienta de uso.

Programas o aplicaciones no son otra cosa sino un conjunto de instrucciones sistemáticas para la realización de una tarea específica. Tenemos que aprender a usarlos con reglas que si no respetamos, sencillamente no funcionan.

Sin embargo, no todo termina ahí. Estos instrumentos tecnológicos están interconectados con redes, a través de las cuales reciben continuamente datos, información y, sobre todo, nuevas instrucciones que pueden alterar o modificar su funcionamiento, robando o usurpando información personal o alterando su “comportamiento” o desempeño.

Son los virus o programas espía o piratas que se instalan ocultamente en los procesadores. Son combatidos a su vez, con programas antivirus o “cortafuegos” que les impiden la entrada.

Las computadoras son un símil de la mente humana, no somos imitadores de ellos, sino viceversa.

¿Cómo se encuentra nuestro cerebro cuando somos niños? Aristóteles considera que nuestra mente es como una tabla en blanco a la que progresivamente vamos “llenando” al tiempo que vamos conociendo cosas a lo largo de nuestra vida.

¿Qué aplicaciones o instrucciones vamos poniendo o “instalando” en nuestra mente? Habría que analizar la historia personal de formación y lo que se le ha dicho a una persona aún en el seno materno. Afirmaciones que se grabaron en la persona desde el vientre materno, hasta aquellas que se le siguen repitiendo ya como adulto.

Como instrucciones operativas condicionarán su actuación o desempeño. Expresiones sobre la valía personal y la capacidad propia de logro. Así que el primer antivirus personal será la propia autoestima: reconocer y apreciar el propio valor personal que viene dado primeramente por el propio ser personal, no por aquellas cualidades de que está dotado, vale por su dignidad personal. Su valor personal se ve incrementado por el ejercicio de las virtudes y el esfuerzo por ser más lo que por naturaleza se es.

Cuando la persona reconoce su propio ser personal, su capacidad para mejorar personalmente pese a sus fallos, cuando sabe que está al alcance de sus esfuerzos la posibilidad de desarrollar valores y virtudes, se convierte inmune a comentarios desagradables sobre su ser y actuación, críticas infundadas y aun ofensas dirigidas contra él. Se sobrepone a toda situación y siempre se levanta y sigue adelante.

Aquello que funciona como “cortafuegos” en la persona son los principios que rigen su conducta, los cuales se adquieren cuando se aprende lo que está bien y lo que está mal y se regula la propia conducta en función de ello. No se tienen dudas a la hora de la actuación, simplemente se sabe lo que hay que hacer en cada caso y en función de ello se decide y se actúa. Esto impide que pasen, que se interioricen afirmaciones, o indicaciones que vayan en contra de uno mismo.

La pregunta entonces es ¿qué pones en tu mente? En lugar de analizar qué pones en concreto, lo que se puede considerar es ¿qué es lo que deberías poner?  Muy sencillo. El primer pensamiento que debes instalar en tu mente es una cosa: que tú puedes lograr lo que te propones; no a la primera, pero puedes lograrlo, siempre puedes. Esto significa desinstalar un pensamiento: “no puedo”, “no se puede”, “no lo lograré”. Habría que escanear tu mente y borrar toda esa clase de pensamientos semejantes.

¿Cuáles pensamientos piratas o llamados “gusanos” debes evitar? Todos aquellos pensamientos nocivos. Se identifican por ser aquellos que ponen en la mente una visión negativa de todo lo que ocurre. Cuando se instalan en la mente impiden ver posibilidades, habilidades, cualidades o cosas que se pueden lograr. El pesimismo se convierte en el peor de los virus.

Habría que añadir que hay que instalar en tu mente un sano realismo, una fe o confianza en tu capacidad racional y una adecuada convicción religiosa que guíe toda tu vida hasta el final.

Si todo lo anterior lo haces, es seguro que “funciones” bien hasta el término de tu vida. Todo depende de una cosa: ¿qué aplicaciones instalas en tu mente? Tú eliges.

¡Hasta la vista!

Juan Carlos Barradas Contreras

[email protected]

Mente

El milagro de la luz

Sunday, July 17th, 2016

La luz es la verdad sobre el ser, una esfera bien redonda –según Parménides- que ha de entenderse como algo pleno y perfecto; no tiene líneas interrumpidas ni trayectos iniciados y luego rotos. Desde siempre se comprende que la luz es una de las representaciones más claras de la verdad y el camino para adquirirla. No en vano, los seres humanos estamos diseñados para vivir en la luz, ya que la permanencia en las sombras (físicas o mentales) nos llevaría a la aparición de una serie de enfermedades, limitaciones que acabarían sumiéndonos en una profunda depresión.

Cuando se vive en la luz hay posibilidades de descubrir todas las cosas y en múltiples matices. Si bien por el tacto nos pueden ser reveladas formas y texturas, sólo mediante una claridad intensa podemos ver la amplia de colores que pintan la naturaleza ya que, de otro modo -con escasa luz- sólo distinguiríamos las cosas en blanco y negro. Así ocurre con las personas: cuando emanan luz propia podemos detectar en ellas una enorme variedad de aspectos de su persona y en diferentes matices, sabiendo que lo que estamos descubriendo en ellas es confiable y no una sombra difusa de lo que son. Mientras más oscuras, menos probabilidad tenemos de descubrir la verdad en ellas, y sólo alcanzamos a verlas en blanco y negro. Ellas mismas ignoran, muchas veces, la policromía de su personalidad.

Por otra parte, sabemos que la luz se propaga a diferentes velocidades según el medio por el que viaja. Esto hace que se produzca el fenómeno de refracción por el que la luz puede descomponerse en sus elementos que la conforman (colores) cuando atraviesa un medio de caras no paralelas como sería un prisma. Pues bien, si asemejamos los colores con las manifestaciones emocionales de las personas, resulta que existen seres humanos “arcoíris”, capaces de revelarnos la profundidad de su alma con infinita claridad amando, sufriendo, alegrándose, doliéndose, entregándose; mientras que, por otra parte, están las personas que, si tenemos suerte, podremos conocer de ellas un solo color emocional, mismo con el que matizan todos los aspectos de su existencia, tornándola trivial y descolorida.

Otra característica interesante de la luz es que siempre se propaga en línea recta, proyectando sombras a espaldas de los objetos con los cuales choca. Así es el corazón de las personas llenas de luz: su iluminación se propaga en línea recta hacia el alma de los que la rodean. Cuando su luminosidad llega al otro, puede proyectar sombras sobre sus aspectos ocultos invitándole a remover todo aquello que impide ver con nitidez su interior. Esto explica la experiencia espiritual profunda del hombre que, ante el conocimiento de Dios, le es imposible ocultar el interior de su alma, misma que queda expuesta completamente ante la luz divina.

La luz tiene también efectos fotoquímicos que hacen posible, por ejemplo, la fotosíntesis en las plantas, proceso que permite la formación de azúcares. La energía lumínica de las personas sobre otras tiene la propiedad de iniciar reacciones internas que transforman elementos inactivos en síntesis de nuevos elementos capaces de generar algo que no existía en el ser que resulta iluminado. La única condición es que las personas se dejen alumbrar y no se cubran impidiendo el beneficio de esa luz. Si tan sólo decidieran probar lo que ocurre en sus vidas al admitir este fulgor, se sorprenderían de los resultados cuando sus existencias resulten positivamente impactadas y transformadas.

Podríamos seguir comentando de las múltiples cualidades de la luz y llenaríamos páginas completas de los impresionantes fenómenos a los que da lugar. Pero aquí quiero únicamente puntualizar que admitir la luz y sus beneficios en nuestras vidas en cuestión de una decisión personal. No nacimos con luz; la adquirimos el día que La Luz nos la regaló como una donación gratuita y amorosa para que, a su vez, nosotros la transmitamos a otros multiplicando sus bienes. El  milagro de la luz sólo es posible si queremos que ocurra. Sin embargo, el regalo no es impuesto; requiere de la aceptación de nuestra parte y el deseo auténtico de mostrar y transformar nuestras vidas. Para admitir esa luz transfiguradora hay que perder el miedo al descubrimiento personal, a la actualización de las grandes potencias que se encuentran en nuestro interior y a la posibilidad de hacer algo diferente, audaz, que encienda la llama de las personas que nos rodean. Encender mi luz implica tomar lo mejor de mí y ofrecerlo al otro.

La causa primera, el Sol del cual procede toda luz, sigue brillando en el firmamento de nuestras vidas en espera de que solicitemos su donación. La luz puede hacer la diferencia entre lo común y lo extraordinario, simplemente porque dependiendo del ángulo que ilumine al objeto permitirá destacar sus bondades o sus defectos. Que la batalla entre la luz y la sombra tenga un luminoso triunfador que, cual vela incandescente, nos participe de su victoria. ¡Ánimo!

Psic. Mildred Elena Barrios Matos

[email protected]

El milagro de la luz

Limitaciones, esperanza y resurrección

Monday, July 11th, 2016

Hace más de dos meses este blog estuvo bloqueado por fallas técnicas. La última publicación tiene fecha de 8 de mayo de 2016, se restableció el 22 de junio y desde hace dos meses no hemos publicado algún artículo y sólo 3 ó 4 personas han preguntado por la ausencia de esos artículos. Ha servido de adelanto para la posible desaparición de este blog y del Instituto Surgere –aunque no está decidido-. Vale la pena hacer algunas reflexiones.

El mundo actual en que vivimos parece a punto de colapsarse totalmente. Ya sea en nuestra patria México o en todo el mundo. A nivel religioso un creciente ateísmo práctico por parte de muchos que, en muchos lugares del mundo se ha traducido no en una “no creencia”, sino en una actitud abiertamente “anti teísta”. Furibundos ataques contra los creyentes, particularmente contra los cristianos y en especial contra la Iglesia católica.

A nivel político una manifiesta corrupción por parte de los políticos que ante todo buscan perpetuarse en el poder, o manifiestan actitudes racistas y discriminatorias hacia otros pueblos; pseudolíderes sociales que buscan sus propios y mezquinos intereses. Esto se traduce a nivel económico, donde muchos son motivados simplemente por la pura ganancia, sin importar perjudicar a otros con tal de recibir beneficios económicos. El éxito material es el único parámetro de valoración de una persona y sus logros, dejando totalmente a un lado la solidaridad, el servicio o los valores.

A nivel familiar crecientes atentados destructivos de la familia y la sana personalidad de los seres humanos, con ideologías que, como tales, son absolutamente ficticias proponiendo que cada quien puede elegir su propio género individual, por absurdo que sea: zoofilia, necrofilia, incesto, homosexualismo, lesbianismo, asexualismo y mil y un torpezas más según sea su alocada y  esquizofrénica imaginación.

A nivel  cultural y educativo existe la amenaza de introducir un total, un absoluto relativismo entre los niños, que desde temprana edad son inducidos a elegir actitudes y conductas como su sexo, sus roles, su identidad personal como algo variable, actitud fruto de los locos desvaríos de adultos desequilibrados que impulsan a los niños a ello. Al mismo tiempo se promueve un absoluto relativismo que no reconoce principios universales sino puntos de vista individuales, como única fuente de acción, como una autodeterminación total de sí mismos.

Como puede percibirse, el panorama no es halagador en modo alguno. Parece que nos precipitamos rápidamente a una autodestrucción programada del ser humano que pierde su cordura, su naturaleza, su ser para rebajarse a plaga o elemento tóxico del planeta –planeta que algunos adoran como madre Tierra y cosas así-.

Es indudable que el hombre enfrenta enormes limitaciones personales y sociales que lo llevan a obrar como actualmente lo hace. El problema en sí no es la incapacidad humana para afrontar valientemente las problemáticas y resolverlas; por naturaleza somos seres limitados, no seres por sí mismos, no somos seres auto-referenciados con perfección para hacernos a nosotros mismos. El problema es no querer reconocerlo, para proponer una libertad absoluta que se auto define, que se construye a sí misma sin el auxilio de algo exterior.

Es muy claro que no somos seres perfectos, ni tenemos la posibilidad de auto renovarnos. El hombre se renueva por otro, alguien más grande y superior que él. La renovación viene de fuera. Obviedad que para muchos ya no es obvia. Si buscamos algo nuevo no lo buscamos en lo que ya poseemos, en eso encontraremos sólo lo viejo. La renovación viene de fuera. De manera humana la encontramos en aquellos que con sus talentos nos muestran cosas nuevas que no tenemos, ése alguien que nos renueva será algún hombre fuera de lo ordinario, un héroe o un santo, en el fondo ambas cosas.

Pero, de una manera profunda, sólo proviene de lo divino que hace nuevas todas las cosas. Ni la más lúcida inteligencia, ni la más férrea voluntad sirven para renovarse por sí mismos. Quien nos ayuda en nuestra renovación es más propiamente superior en naturaleza y poder sobre el ser humano. Es decir Dios.

Ante este panorama literalmente de muerte, la esperanza está en la resurrección y la vida. Allí, donde el hombre ha optado por la destrucción, puede volver a resurgir la vida. La corrupción de la creatura –afirma san Agustín de Hipona- sólo pone de manifiesto la bondad de la misma. La maldad ha obscurecido lo que sigue ahí como algo propio que puede volver a mostrarse en su esplendor.

Frente a la destrucción, las ideologías nihilistas y la muerte, se encuentra la construcción, el sano realismo y la vida. El hombre puede volver al bien, obrar lo bueno, si está dispuesto a obedecer la realidad misma de las cosas y a admitir que él mismo no es la medida de las cosas, que hay principios por encima de él que lo definen, pero que si los obedece, lo plenifican. Obedecer la naturaleza es obedecer a Dios para bien del ser humano.

La esperanza pues, que puede movernos y sostenernos es que tras los torrentes, los huracanes devastadores de la propia autodestrucción, el hombre no muere, todos los días puede corregirse y optar por lo bueno. La supervivencia del género humano es posible si al menos algunos –aunque sean muy pocos-, obran lo bueno, obran lo que se debe.  Podemos tener la certeza de que, en medio del dolor y la muerte ya presentes y que parecen avecinarse aún mayores de una manera rápida e inmediata, no es el fin definitivo; la certeza es que el grano de trigo no muere, sino únicamente se transforma para dar más fruto, para resucitar (surgere).

¡Hasta la vista amigos!

Juan Carlos Barradas Contreras

[email protected]

Grano de trigo

¿Principios o sentimientos?

Sunday, May 8th, 2016

Todos evaluamos las situaciones en base a principios. Si, por ejemplo, un maestro seduce a una alumna, todo mundo considerará –con razón- que ha habido un grave abuso, porque la jerarquía o rol que el maestro desempeña le permiten tener injerencia sobre sus alumnos, inducirlos y aprovecharse de su posición.

Sin embargo, hay valoraciones distintas si implicamos a otras personas con variados sentimientos: los padres de la alumna probablemente lo evaluarán como algo gravísimo que hay que juzgar violentamente con ira; pero los familiares del maestro podrán juzgarlo aminorando la acción; e, incluso, la forma en que lo mira la misma alumna podrá ser distinta, pues puede afirmar que lo ama y que su maestro no hizo algo malo.

¿Qué significa todo esto? Que aunque juzgamos las cosas por principios en lo sustancial, accidentalmente le añadimos, modificamos o corregimos tales juicios en base a emociones o sentimientos. Es difícil alcanzar la objetividad para brindar un juicio atinado, justo y objetivo.

Cuando hablamos de principios ¿de qué hablamos? No de otra cosa sino de los fundamentos o puntos de partida objetivos que nos permiten discernir lo bueno de lo malo, lo correcto de lo incorrecto, lo adecuado de lo inadecuado. Esto depende de poseer la mente abierta a aceptar la realidad como es, no como quisiéramos que fuera. No dependen de la voluntad del hombre, sino de la realidad del ser humano; y, parcialmente dependen de las interpretaciones sociales. Un niño, por ejemplo, sabe con objetividad que si hace una travesura, hizo algo que merece una sanción; si incurre en desobediencia merece una reprensión; sabe discernir un acto de injusticia si le quitan juegos o dulces que se merece o si otros niños le hacen trampas en los juegos.

Los principios morales presentan un contenido claro. Sabemos que no debemos robar, mentir, maltratar, matar, calumniar, ni despreciar o cometer actos egoístas. Por ejemplo, los homosexuales afirman que no son lujuriosos porque sus actos deshonestos son actos de amor, tratan de obedecer el principio de la vida sexual, su contenido específico que es hacer el ejercicio del acto sexual un acto de amor o de generosa entrega, es decir, dicen que cumplen el principio que reconocen.

Al momento de discutir la aplicación de los principios no debiera atentarse contra ellos apelando a los sentimientos o emociones. Si, por ejemplo, una mujer sufre un embarazo, fruto de una violación, el principio que se aplica sobre el bebé es: no matarás. Apelar al rechazo, dolor, angustia, ansiedad que el origen de su embarazo le provoca es un argumento sentimental. Si, en otro ejemplo, la tendencia homosexual es fuerte en algunos, el principio que aplica es: no fornicarás. Apelar a la misericordia falsa para dejarlos hacer lo que quieran es sentimentalismo. En este mismo caso, la adopción de niños por dichas parejas no aplica, porque el principio de respeto a la vida lleva a considerar que los niños, ni son un objeto, ni son un derecho; expresar “pobrecitos” de los homosexuales porque no “realizan” su paternidad; o “pobrecitos” de los niños porque quedan solos en un orfanatorio, ambos son argumentos sentimentalistas o emocionales. Por su parte, también el argumento “ad hominen” descalificando, en base a su mala conducta, a quien sostiene un principio es simplemente emocional: si tú no vives como enseñas, no tienes derecho a manifestar lo que expresas. Por ejemplo: si eres alcohólico, no puedes decir que el alcoholismo es malo.

Debemos ejercitarnos en poseer el criterio para juzgar con objetividad, no por lo que sentimos, no por el “quisiera”, o porque “lo siento así”, sino porque así es, aunque tenga que hacer el esfuerzo e incluso el sacrificio para ajustarme a la norma.

De otro modo la vida se volvería caótica, de hecho ahora ya lo es porque juzgamos las cosas y optamos por lograr que la gente “no se sienta mal” o porque nosotros mismos no nos sintamos mal. Es imposible realmente complacer todos los gustos o tendencias y se podría revertir incluso contra quienes lo proponen.

Analicemos un caso. Hay quienes afirman “pobres” de los homosexuales que nacieron así y la sociedad no los deja ser. Quienes esto afirman no se dan cuenta que desde el mismo argumento se podría expresar a la inversa: pobres de los homosexuales que se vuelven esclavos de un impulso sexual insaciable, pues se dice que nacieron con esa tendencia genética arrolladora e inevitable, no una elección sino una imposición de la naturaleza.

Así, si queremos hacer de nuestro mundo algo mejor y con ello, hacer de nuestra vida algo mejor, aprendamos y aceptemos que en la vida hay que regirse no por emociones, sino por algo más firme y estable: los principios. Vivir y juzgar así ni es fácil, ni usualmente placentero, pero es algo que nos hace capaces de ejercer nuestro libre albedrío, siendo dueños de nosotros mismos, sin ataduras emocionales que a menudo nos impiden ser. Ser dueños de sí mismos es cuestión de principios, no de emociones o sentimientos.

Tú ¿cómo disciernes? ¿Por principios o emociones?

Hasta la vista.

Juan Carlos Barradas Contreras

[email protected]

 

Principios o emociones

Regalos recibidos en silencio

Sunday, May 1st, 2016

Al momento en que les escribo nos encontramos en el sexto domingo de Pascua y las cosas en muchas partes del mundo continúan siendo muy sombrías…en parte. Aparentemente no hay buenas noticias y la acumulación de las malas pareciera crecer exponencialmente. Pero hoy quiero invitarles a que hagamos un ejercicio diferente. Quiero centrar la mirada en la otra parte de la moneda, aquélla que poco a poco nos hemos ido acostumbrando a ignorar pues, a razón de una distorsión cognitiva aprendida, fijamos la atención en lo negativo de nuestro mundo como si lo positivo y alentador no existiera.

Por increíble que parezca, estamos viviendo un milagro gigantesco y es el estar vivos, don que hemos recibido gratuitamente y del que poco damos gracias. En este mundo donde el valor de la vida está pasando paulatinamente a segundo término (abortos, suicidios, eutanasia, inmolaciones voluntarias, asesinatos por la delincuencia, etc.), tú y yo nos podemos comunicar por esta extraordinaria circunstancia de estar vivos. No requerimos de un “enchufe” especial que nos recargue de energía cada día pues todos nuestros órganos funcionan para dotarnos de ese hálito que nos permite movernos a voluntad. ¡Qué maravilla! Sólo requerimos de mantenimiento para prolongar los años útiles y de calidad para disfrutar de este regalo. Sin importar si estamos enfermos o si nos falta algún miembro, la vida emana fluyendo con fuerza desde nuestro interior y representa una oportunidad sin igual para hacer algo, para crear, para organizar, para rediseñar la existencia.

Así mismo, el cielo sigue en su sitio y podemos verlo en su azul majestuoso cuando las nubes se despejan, cosa que harán en algún momento (sin duda alguna) si es que se encuentra nublado. Quizá haya contaminación en algunas partes, o excesivo calor en otras, o tormentas en otras más, pero el cielo no se mueve de su espacio ni amenaza con privarnos de sus regios amaneceres o sus plateadas noches de luna, sirviendo de marco para la actividad del poeta o del enamorado, o de algún sencillo escritor como su servidora. Independientemente de que lo merezcamos o no, el cielo sigue en su sitio y colma toda nuestra mirada siendo parte del privilegio de pertenecer a este mundo que también posee cosas hermosas. Sus enigmas, sus secretos, siguen entusiasmando los espíritus inquietos de quienes lo escudriñan, esperando que algún día sean descubiertos.

Y el vital aire sigue ahí, dotándonos día tras día de las dosis de oxígeno que requerimos para poder vivir. No tomamos conciencia de él simplemente porque siempre está ahí y no nos agobia que se marche. Pese a que en algunas zonas del mundo genere conflicto debido a que su nivel de ozono está en medidas críticas –situación provocada por el hombre y que se resuelve tomando medidas adecuadas- el aire continúa cubriendo nuestro planeta y colándose por todos los rinconcitos del espacio humano, refrescando nuestras mañanas y permitiéndonos disfrutar de la suave brisa matinal acompañada del peculiar sonido de las hojas mecidas por el viento. Es el aire que mueve las nubes y esculpe las montañas, haciendo su trabajo lentamente y en silencio, regalándonos sus obras sin pedir nada a cambio.

Y el sol y la luna no han dejado de laborar y siguen cumpliendo fielmente sus funciones. Religiosamente se levantan a sus horas acostumbradas y se despiden con suavidad sin decir adiós, a sabiendas de que al día siguiente estarán de nueva cuenta ahí, saludando al día o a la noche, alumbrando a buenos y malos sin discriminación alguna. Su presencia es indudable pero raramente nos fijamos en estos astros ni mucho menos damos gracias por su existencia. De su presencia dependen multitud de fenómenos en el planeta, mismos que hacen posible la vida humana. Son mudos testigos de nuestra historia y permanecen fieles a su encomienda hasta el final de los tiempos.

Y la tierra sigue dando árboles pese a lo mucho que se le ha maltratado. La miscelánea de especies vegetales es incontable, así como su estructura, forma, color, tamaño. Esos “pulmones” naturales de nuestro planeta son pródigos en flora y ricos en propiedades. Purifican el aire, nos regalan belleza, aportan remedios medicinales y refrescan el planeta. Además, son hogar de múltiples especies animales que pueblan la Tierra. ¡Qué espléndido regalo!

Podría continuar con muchos más elementos que silentes se mantienen como compañeros de nuestro camino, pero de los cuales no hacemos particular hincapié. La invitación es, querido lector, a abrir bien los sentidos y generar esa conciencia que nos permita disfrutar de estos regalos recibidos en silencio. Podrías llevarte bellísimas sorpresas. ¡Hasta pronto!

Psic. Mildred Elena Barrios Matos

[email protected]

Regalos recibidos en silencio

 

La verdad, el bien y la belleza

Sunday, April 24th, 2016

En el mundo actual se ha establecido como criterio de pensamiento y acción la afirmación de que “nada es verdad, nada es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”. Todo depende del punto vista de cada quien por lo que ya no hay una verdad única, universal y absoluta. En consecuencia, ni hay verdad, ni bien alguno. ¿Qué se puede expresar al respecto?

Hay que decir que nuestra inteligencia está hecha para la verdad como su objeto anhelado. Aún aquellos que promueven el relativismo, promueven lo que afirman como una verdad absoluta, como algo que es así y no se dan por satisfechos con otra cosa. El mentiroso que dice mentiras las dice para los demás, pero él mismo no toleraría que a él se las dijeran.

La inteligencia es una facultad del hombre orientada a la contemplación de la verdad, a ver lo que las cosas son, de tal manera que no nos interesa razonar cuanto contemplar la realidad misma. Tras una explicación de algo que no entendemos y llegado el momento en que captamos lo que se nos describía mediante el discurso exclamamos: “¡Ah!” Nos ensanchamos interiormente y sentimos gozo.

La verdad nos da descanso y reposo aunque nos sea adversa. Por ejemplo: un enfermo no descansa hasta saber qué mal padece y no tolera que se lo oculten. Los padres de familia de los muchachos de Ayotzinapa no encuentran –ni encontrarán- descanso hasta que les muestren claramente qué pasó con sus hijos desaparecidos y muertos. Estamos hechos para gozar con la verdad, no con mentiras, ni remedos de ella en “los puntos de vista”, pareceres u otras palabras vacías.

Por su parte, nuestra voluntad está hecha para el bien como su objeto definitorio. ¿Por qué obrar el bien? Porque para eso estamos hechos. Obramos el bien y en ello encontramos satisfacción porque por experiencia llegamos a descubrir que eso produce gozo interior. Todos hemos hecho algo bueno por los demás desinteresadamente y en ello hemos encontrado momentos de felicidad. Hacer algo en favor de otros sin recibir algo a cambio nos llena de alegría; ofrecer comida a alguien que no volveremos a ver; prestar servicios profesionales que no serán retribuidos; ayudar a alguien desinteresadamente, son formas de obrar el bien que proporcionan alegría.

Aún en el desorden moral, no se busca el desorden mismo sino adelantar el disfrute de bienes que ahora no se tienen y que ya se anhela tener aunque sea por medios reprobables, robar por ejemplo para disfrutar de dinero sin trabajar.

Queremos y anhelamos el bien y no buscamos otra cosa y por lo mismo rechazamos imitaciones, por lo cual –aunque no lo quieran-, todos reconocemos y admiramos el valor de una vida virtuosa que se vea en otros, se les guarda respeto y se les da reconocimiento.

¿Y la belleza? ¿Qué tiene que ver con todo esto? Las cosas son bellas –dice santo Tomás de Aquino- porque a la vista agradan. Y agradan porque se ve con claridad la perfección o acabamiento que tienen. Una persona a la que le falta algo en su rostro, por ejemplo un ojo, es fea, dicho sea sin menoscabo al respeto a su persona, pero…visto bien no es agradable. ¡Claro! Podrá ser un bello rostro por la bondad de su persona sólo que ya no miramos su rostro.

Además, algo es bello porque teniendo íntegros sus miembros o componentes, gozan de proporción o armonía. Un rostro es bello porque cada cosa está en su sitio. Si un ojo está más grande que el otro o si la nariz es excesivamente grande o los labios torcidos… no es bello.

Contemplar lo que es bello produce un gran gozo y se puede contemplar por horas. Lo que la belleza destaca junto a la verdad y a la bondad es el gozarlas por sí mismas. Lo que es bello se disfruta por sí mismo, nos alegra porque sí. En cambio la verdad, a veces, se busca por su valor utilitario, sirve para algo. Lo bueno se obra porque hay alguna ganancia, es bueno para mí o porque los demás quedarán en deuda conmigo. Pero ¿y lo bello? Lo bello se goza simplemente porque es, porque sí.

Si hay algo que hoy la vida del hombre actual debe recobrar es redescubrir la belleza de las cosas, la contemplación serena de todo lo que nos rodea de una manera sencilla. La belleza serena de contemplar la verdad y obrar el bien, porque eso nos hace humanos, nos muestra lo que somos y nos aleja de los males que hemos originado precisamente por haber olvidado esto. ¿Por qué o para qué? Sencillamente porque sí, porque a lo elevado y sublime está llamado el hombre.

Se trata de recordar en la práctica que la búsqueda de la verdad y obrar lo bueno es bello y algo que debe disfrutarse, olvidando la ganancia o la utilidad para simplemente vivirlo interiormente.

Y, habrá que decir que esto debe expresarse en las palabras. Hemos perdido mucho la belleza de expresar las cosas con las palabras precisas, con claridad y con corrección en la redacción. Hablar bien también es parte de enriquecerse y sentir satisfacción. Al final, si hoy padecemos tanto es porque hemos olvidado que lo verdadero y lo bueno son simplemente bellos.

Hasta la vista.

Juan Carlos Barradas Contreras

[email protected]

rostro david miguel angel esculturas del renacimiento arte

Batallas de un niño mexicano

Sunday, April 17th, 2016

Desde 1954, la Asamblea General de las Naciones Unidas recomendó que se instituyera en todos los países un Día Universal del Niño y sugirió a los gobiernos que celebraran dicho Día, en la fecha que cada uno de ellos estimara conveniente. Esto ocurre tras la tragedia de la Primera Guerra Mundial, en la que el mundo reparó en los efectos negativos que tenían los conflictos bélicos en la población civil, en particular entre los niños. Desde ese entonces ha existido esta conmemoración que suele celebrarse de múltiples maneras en las escuelas y sitios de recreación en donde los niños suelen divertirse. La idea fundamental consiste en promocionar el bienestar y los derechos de los niños en todo el mundo. Esta celebración tiene lugar el 30 de abril en México.

Independientemente de discutir de si esto se cumple o no –disyuntiva que cae del lado negativo claramente- vale la pena analizar las condiciones actuales de los que hoy son niños, mismos que se encuentran viviendo en una era global, tecnológica y violenta como nunca antes se había visto. Ser niño hoy implica enfrentar una serie de retos adaptativos que colocan a los menores en escenarios de una competitividad altísima en terrenos en donde deberán desarrollarse si quieren triunfar y ser alguien en la vida. Por supuesto que estamos suponiendo que vivan, pues sus posibilidades de sucumbir son elevadísimas desde antes siquiera de haber nacido.

Un pequeño mexicano de hoy inicia su batalla por sobrevivir en un país que va a la cabeza del aborto por cualquier razón, y en la que es más importante el derecho de la madre que el de su hijo. Más de un millón de mujeres abortan al año en nuestro país, culminando un proyecto de vida y la misión para la que fue creado. En cifras, una devastación sólo semejante a la ocurrida en las Guerras Mundiales, ¡y después de la primera se originó el día del niño!

Si se le permite nacer, su siguiente batalla la librará en su propio hogar. La disfuncionalidad en la que muchos matrimonios se encuentran llevará al pequeño a enfrentar el agudo sufrimiento de unos padres que no se aman. En México existe un 22% de aumento del índice de divorcios y cada vez son más los que ocurren cuando los hijos son menores a los 10 años. Muchas veces, estos niños tienen que elegir entre su madre o su padre en un juzgado, mentir ante un juez en favor de uno de ellos y subirse al ring en donde serán tratados como rehenes y utilizados como armas para herir al cónyuge. Más de 100 000 niños se encuentran en esta situación en nuestro país. La fuerza económica o legal de alguno de los padres tendrá mayor peso que el derecho a la tranquilidad que el niño posee.

 

Por supuesto que también existe en la actualidad la posibilidad de que su vida inicie en un hogar con dos padres o dos madres, suprimiendo así su derecho a tener padres de sexos diferentes y garantizar su desarrollo sano e integral. Si bien el porcentaje de casos es escaso en este momento (23.3% en hombres y 30% en mujeres), estamos ciertos de que esto se incrementará exponencialmente en los años siguientes dada la férrea defensa que se hace de los derechos gays, derechos –por cierto- mucho más importantes que los del niño que adoptan.

Y si brinca este obstáculo, es posible que tenga que enfrentar el bullying, en donde México ocupa el primer lugar internacional con más de 18 millones de casos, lo cual ha hecho que aumente el índice de suicidios en menores entre los 10 y los 13 años de edad. La ausencia de políticas para prevenir esta violencia ha derivado en una multiplicación de casos, sobre todo en aquellos niños que proceden de hogares con algún nivel de disfuncionalidad. El problema se ha agravado con el uso de las redes sociales en donde los menores pueden ser humillados y maltratados a niveles muy elevados de audiencia. La baja autoestima y rendimiento escolar, la deserción y los terrores nocturnos, son apenas algunos de los problemas psicológicos que los menores empiezan a padecer. Las decisiones de nuestro gobierno de ocuparse de temas que les permitan permanecer en el poder son más importantes que los derechos de nuestros niños de realizar una escolaridad libre de bullying.

Y no dejemos de lado los problemas de salud. México ocupa el primer lugar en obesidad infantil. Los malos hábitos alimenticios, la falta de supervisión de los padres sobre la alimentación de sus hijos, el hecho de que se favorezca el consumo de la comida rápida debido a la ocupación laboral de los progenitores, ha incrementado fuertemente este problema de salud pública. Las bromas, la intimidación o el rechazo que sufren los niños por parte de sus pares pueden degenerar en bulimia, anorexia o depresión en los menores. Los derechos de los padres y de los grandes productores de alimentos chatarra siguen predominando sobre los derechos de los niños.

Y si nos vamos al increíble desarrollo que ha tenido la aceptación de las drogas con fines lúdicos, pues resulta que nuestros niños podrán tener acceso a ellas y empezar a dañar su cuerpo y su mente desde muy temprana edad. Pareciera ser que en nuestro país más de 150,000 infantes de sexto de primaria ya consumen algún tipo de estupefaciente y, de ellos, aproximadamente 100,000 han probado la marihuana. Es mayor el derecho de los defensores del negocio de las drogas que el derecho de nuestros niños a la salud.

En fin, ser niño hoy es todo un reto para el cual no existe preparación y, por el contrario, hay escasa ayuda. Si tú, estimado lector, tienes un niño en casa o tienes relación con alguno, te suplico que pienses en todo lo que hoy te he escrito. Los niños confían en los adultos que los rodeamos para que seamos su voz y les proporcionemos un mundo adecuado en donde puedan crecer y ser felices. Y recuerda: “Todo cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos, aun a los más pequeños, a mí me lo hicisteis” Mt. 25, 40. ¡Un abrazo a todos los niños!

Psic. Mildred Elena Barrios Matos

[email protected]

NIÑOS