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¿Si quiero, puedo? O ¿Si puedo, quiero?

Monday, November 7th, 2016

Una de las maneras para persuadir a alguien a hacer algo es lanzarle un reto o un desafío, o incluso decirle que no puede hacer algo. ¿Cuál será su reacción? Normalmente su respuesta será indicar que sí es capaz de hacer las cosas y ¡lo hará! Esto no aplica en el caso de una persona que por sistema se siente incapaz o falto de fuerzas o con un auto concepto o autoestima erróneos.

¿La razón de que sea un mecanismo de persuasión? Toca las fibras más íntimas de la persona que se enraízan en la idea de que por ser una persona humana posee facultades que lo habilitan para ser dueño de sí mismo y de obrar, consiguientemente, en favor de lo que piensa, decide y quiere llevar a cabo a través de su voluntad y todas sus potencialidades.

Tradicionalmente se afirma que “querer es poder”. Lo cual es verdad parcialmente. No siempre es así. Hay muchos que afirman querer pero luego se topan con la pared que les impide hacerlo, simplemente no pueden. Por supuesto, no les ayuda que se les diga que lo que ocurre es que no quieren, en realidad eso los frustra más.

El mecanismo que se encuentra detrás del que afirma que “quiere pero no puede”, es que en el fondo aunque “quiere” es que está convencido de que “no puede” y, por consiguiente, en realidad “no quiere”. Complejo y aparentemente contradictorio ¿no?

Veamos con calma. En realidad es sencillo de entender. “Quiero dedicarme a un negocio” -se dice-, pero choco con que “no puedo”. Las más de las veces lo que ocurre es que se dice que se quiere convencido de que no se puede, en esos casos no se quiere sino que se “quisiera” como un sueño o una ilusión: “quisiera ser capaz de emprender un negocio (ocultando que estoy seguro que no podré)”.

Estando así las cosas, jamás se pasa a la acción ¿para qué? Una ley psicológica es que la voluntad permanece inmóvil si la inteligencia le presenta algo bueno pero, sólo eso, algo bueno, imposible de alcanzar… para quien lo mira. No existen los imposibles, lo que existen son aquellos que tienen la convicción de que no es posible; o que ellos no pueden; o que nadie puede; o que si ellos no pueden, nadie puede; y, si alguien ha podido ha sido por pura suerte.

De ahí que para querer, aparte de definir claramente qué es lo que se quiere, hay que partir del convencimiento de que sí se puede hacer y de que yo puedo hacerlo. Entonces, aunque es verdad que “querer es poder”, lleva implícito que “poder es querer”. Es decir, porque quiero –realmente lo quiero- puedo emprender los esfuerzos; lo que conlleva el íntimo convencimiento de que porque puedo lograrlo, en consecuencia, lo quiero. Todo el que logra algo que quiere, es porque está convencido que puede quererlo, puede hacerlo y puede lograrlo llegando a feliz término su empresa. Quienes han logrado las cosas, lo han logrado porque se han posesionado íntimamente la idea de que está a su alcance y, esto, a pesar de que se considere que la posibilidad es mínima.

Personas así, siempre exclamarán: “No me digas si es fácil o no, simplemente dime si es posible y, si es posible, lo quiero y lo haré”.

¿Cuál es la consecuencia práctica de todo esto? Todos los días levántate con una convicción personal: “Tú puedes todo lo bueno que quieras” y siempre rechaza esos pensamientos paralizantes del: “no puedo”,  “es realmente imposible”, “nadie puede”. Cámbialos por “¿Cómo haré para conseguir aquello que quiero, porque de que puedo, puedo?”

¿Acaso te parece que no puedes tener estos pensamientos? Entonces, simplemente estás paralizado porque no quieres. Recuerda siempre que tú eliges.

¡Hasta la vista!

Juan Carlos Barradas Contreras

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¿Cuándo se disfruta el éxito?

Sunday, July 31st, 2016

Un anhelo de todo ser humano consiste en alcanzar el éxito. No importando el área de su elección, toda persona tiene la esperanza de llegar a la realización plena de proyecto que tiene en mente y disfrutar de los efectos de tal acto, tanto a nivel personal como social. Los esfuerzos dirigidos a tal fin sólo se diferencian dependiendo de la fuerza del sueño que se tiene en mente pues es bien sabido que las condiciones personales, sociales, ambientales, culturales, etc., no constituyen un límite suficientemente poderoso para el que se ha determinado a triunfar.

Con el alma puesta en este objetivo, muchos seres humanos se lanzan a la aventura con los recursos que tienen a mano y fabrican los restantes en el camino. Inteligencia, voluntad y profundos deseos de cambiar el estado actual de las cosas, mueven a estos guerreros a la lucha contra las dificultades que puedan surgir en la ruta hacia la victoria. Es muy probable que estos momentos de desánimo sólo les sirva de acicate para aumentar el deseo por alcanzar la superioridad sobre sí mismos, venciendo obstáculos que aparentan ser insuperables.

Todo este andar rumbo a la conquista de la palma de la victoria va preparando el corazón del esmerado combatiente. En su mente acaricia ya ese triunfo que tiene la forma de cumbre de montaña, final de carrera, proyecto logrado, o quizá el valeroso dominio de un defecto que lo acongoja desde siempre. Todo depende de no perder ese sueño y conservarlo pese a la inclemencia de las dificultades que se puedan presentar en el camino.

Conforme se acerca el esperado momento, los peligros aumentan significativamente. Pareciera ser que el éxito se protege de ser alcanzado por cualquiera, de tal modo que se aprovecha del cansancio del que lo busca para restarle fuerzas y hacerle caer a sólo unos pasos de poder contemplarle. Si ha de ser poseído, será mediante un alto precio. Tal como le ocurre a los alpinistas de las cumbres más altas, mientras más cerca se encuentran de la cima de la montaña, más escaso es el oxígeno y requieren de aportes extras de este vital elemento para poder llegar a la cúspide. De otro modo, no sería posible estar vivo para poder disfrutarla.

Reflexionando sobre este punto, resulta que al momento justo de alcanzar la victoria hay suficiente gozo para acariciarla pero demasiado cansancio y condiciones adversas para sostenerse ahí. Es preciso, por ejemplo, que el buceador que ha logrado una inmersión histórica y grabado evidencias impresionantes de sus descubrimientos en las profundidades oceánicas, emerja de estos fondos y vuelva a su embarcación en la superficie para que pueda mostrar las pruebas de su trabajo, compartirlo y entonces, sólo entonces, lograr un gozo pleno sobre su éxito. Si permanece en esas hondonadas peligrosas, es muy probable que su cuerpo no resista mucho tiempo o que especies marinas acaben devorándolo. De que retorne a su punto inicial depende que pueda, más adelante, acompañar a nuevos espectadores deseosos de admirar las maravillas narradas por él.

El disfrute del éxito sólo se logra plenamente tiempo después de adquirirlo, cuando ha sido compartido y, más aún, cuando se logra acompañar a otros a la adquisición de tan deseado descubrimiento. El corazón humano se amplía en la medida en que es capaz de salir de sí mismo y abrazar el corazón del que está junto para llevarle a la belleza que se ha revelado. Conocedores de los obstáculos, de las sorpresas desagradables, así como de las vías más fáciles y de las rutas menos peligrosas, los pioneros del éxito abren el camino para que otros puedan alcanzarlo, logrando así el verdadero momento del triunfo.

Queridos lectores: detenernos a admirar la victoria en solitario tiene un gozo que sólo puede ser multiplicado y potenciado de manera infinita si somos capaces de compartirlo. Quien se queda atrapado en dicho instante, acabará por morir sin haber podido, siquiera, anunciar su triunfo. Somos seres sociales y esto se muestra de manera muy clara ante los momentos de gloria. Hay que bajar de la montaña, hay que emerger de las profundidades, hay que llegar hasta donde está mi hermano para contarle las maravillas descubiertas y acompañarle para que las disfrute también. Un abrazo y ¡feliz semana!

Psic. Mildred Elena Barrios Matos

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Cuándo se disfruta el éxito