Archive for the ‘Naturaleza humana’ Category

Amar, servir, obedecer

Monday, November 21st, 2016

Uno de los verbos más utilizados en los tiempos actuales es el verbo amar. Se emplea muy fácilmente y se aplica a todo aquello que se pretende es una forma de entrega personal a los otros, en especial cuando implica un sentimiento que hace que la persona “se sienta bien”. Es el amor considerado ante todo como un acto afectivo. Desde este ángulo se pretende que todo queda justificado por el amor. Hace que la persona alcance un estado de bienestar, de sentirse “bien”, de estar contento y, según esto, por lo tanto es amor. Palabras cariñosas, algo de atención, pequeñas atenciones y ¡he ahí el amor!

Claro está que así se puede traducir en sentimientos vacíos que en realidad nada tienen que ver con el amor. Es la sensiblería que se traduce en tratar de que las personas se sientan simplemente bien, aunque sea con puras palabras al mismo tiempo que se puede vivir bajos los más grandes abusos. Son frecuentes los casos donde las personas, tras sufrir abusos o violencias, son “consoladas” con palabras bonitas, con falsas promesas de amor, incluso con regalos que se orientan a hacer que la persona abusada se sienta bien, se sienta “amado y, lo que es peor, a menudo tal persona cae en el juego. ¿Es amor? Por supuesto que no. Sentir o hacer sentir bien por sí mismo no es amor, e incluso puede ser una forma de manipulación que nada tiene que ver con el verdadero amor y puede ser una simple manifestación de egoísmo.

Cuando se trata de verdadero amor de lo que se trata es de obrar el bien real en favor de aquél que se dice que es objeto de amor. No que la persona se “sienta” bien, sino de que reciba un bien real. El verdadero amor, centrado en el bien del otro puede ser sumamente exigente. Impulsar a que la persona amada realice esfuerzos, sacrificios y saque todo el potencial del que es capaz aunque no sea muy grato. El verdadero amor no trata de consentir, de hacer sentir bien, sino de que la persona alcance el bien que le corresponde aunque tenga que hacer acopio de energía y actuar en contra de lo que se siente o de los propios deseos o impulsos. Amar es que la persona sea mejor que lo que es, no que se sienta mejor.

Esto significa una cosa. Amar es servir a la persona amada. Y, servirla, implica hacerlo con objetividad, no para lograr que la persona se sienta bien, sino para que, conforme a su propio ser personal, obre lo que es realmente mejor para él. El verdadero amor no depende del punto de vista, no depende de lo que a mí me parezca que es lo bueno, ni es relativo a alguien. Es como es, es hacer que la persona alcance lo bueno que puede alcanzar de acuerdo a su propia naturaleza. El relativismo es opuesto al amor. Es obrar lo que es bueno, lo que perfecciona al sujeto, lo que lo hace desarrollar su potencial, lo que extrae de él todas las cualidades y potenciales latentes y ocultas, en esencia no tiene que ver con sentimientos, con estados de ánimo ni con puros estados afectivos.

Y habría que añadir algo. Amar es servir y, servir es obedecer. Habrá que aprender a no hacer lo que quisiéramos, sino sólo y exclusivamente lo que es necesario para el bien del ser amado. No lo que nos gustaría, lo que nos haría sentir bien, sino aquello que en verdad contribuye a que la persona amada se desarrolle, se supere, sea mejor y no simplemente se sienta bien, porque a menudo, amar no hará sentir bien a la persona, la hará ser mejor,… aunque sea al final del proceso.

Por eso, cuando afirmas que amas pregúntate: ¿Amas para que la persona amada sea buena o simplemente porque deseas hacerla sentirse bien? Es tu decisión y en ella entra en juego un verdadero amor.

Hasta la vista.

Juan Carlos Barradas Contreras

[email protected]

amar

¿Si quiero, puedo? O ¿Si puedo, quiero?

Monday, November 7th, 2016

Una de las maneras para persuadir a alguien a hacer algo es lanzarle un reto o un desafío, o incluso decirle que no puede hacer algo. ¿Cuál será su reacción? Normalmente su respuesta será indicar que sí es capaz de hacer las cosas y ¡lo hará! Esto no aplica en el caso de una persona que por sistema se siente incapaz o falto de fuerzas o con un auto concepto o autoestima erróneos.

¿La razón de que sea un mecanismo de persuasión? Toca las fibras más íntimas de la persona que se enraízan en la idea de que por ser una persona humana posee facultades que lo habilitan para ser dueño de sí mismo y de obrar, consiguientemente, en favor de lo que piensa, decide y quiere llevar a cabo a través de su voluntad y todas sus potencialidades.

Tradicionalmente se afirma que “querer es poder”. Lo cual es verdad parcialmente. No siempre es así. Hay muchos que afirman querer pero luego se topan con la pared que les impide hacerlo, simplemente no pueden. Por supuesto, no les ayuda que se les diga que lo que ocurre es que no quieren, en realidad eso los frustra más.

El mecanismo que se encuentra detrás del que afirma que “quiere pero no puede”, es que en el fondo aunque “quiere” es que está convencido de que “no puede” y, por consiguiente, en realidad “no quiere”. Complejo y aparentemente contradictorio ¿no?

Veamos con calma. En realidad es sencillo de entender. “Quiero dedicarme a un negocio” -se dice-, pero choco con que “no puedo”. Las más de las veces lo que ocurre es que se dice que se quiere convencido de que no se puede, en esos casos no se quiere sino que se “quisiera” como un sueño o una ilusión: “quisiera ser capaz de emprender un negocio (ocultando que estoy seguro que no podré)”.

Estando así las cosas, jamás se pasa a la acción ¿para qué? Una ley psicológica es que la voluntad permanece inmóvil si la inteligencia le presenta algo bueno pero, sólo eso, algo bueno, imposible de alcanzar… para quien lo mira. No existen los imposibles, lo que existen son aquellos que tienen la convicción de que no es posible; o que ellos no pueden; o que nadie puede; o que si ellos no pueden, nadie puede; y, si alguien ha podido ha sido por pura suerte.

De ahí que para querer, aparte de definir claramente qué es lo que se quiere, hay que partir del convencimiento de que sí se puede hacer y de que yo puedo hacerlo. Entonces, aunque es verdad que “querer es poder”, lleva implícito que “poder es querer”. Es decir, porque quiero –realmente lo quiero- puedo emprender los esfuerzos; lo que conlleva el íntimo convencimiento de que porque puedo lograrlo, en consecuencia, lo quiero. Todo el que logra algo que quiere, es porque está convencido que puede quererlo, puede hacerlo y puede lograrlo llegando a feliz término su empresa. Quienes han logrado las cosas, lo han logrado porque se han posesionado íntimamente la idea de que está a su alcance y, esto, a pesar de que se considere que la posibilidad es mínima.

Personas así, siempre exclamarán: “No me digas si es fácil o no, simplemente dime si es posible y, si es posible, lo quiero y lo haré”.

¿Cuál es la consecuencia práctica de todo esto? Todos los días levántate con una convicción personal: “Tú puedes todo lo bueno que quieras” y siempre rechaza esos pensamientos paralizantes del: “no puedo”,  “es realmente imposible”, “nadie puede”. Cámbialos por “¿Cómo haré para conseguir aquello que quiero, porque de que puedo, puedo?”

¿Acaso te parece que no puedes tener estos pensamientos? Entonces, simplemente estás paralizado porque no quieres. Recuerda siempre que tú eliges.

¡Hasta la vista!

Juan Carlos Barradas Contreras

[email protected]

john-p-foppe

¿Naturaleza o libertad?

Sunday, October 23rd, 2016

Escribo este artículo un domingo por la noche, obvio es afirmar que mañana es lunes. Afirmar que es evidente me hace pensar en mis alumnos universitarios que ante muchas afirmaciones no se detienen a preguntar una cosa: ¿dónde lo leíste? ¿Quién lo afirma? ¿En qué libro está escrito? Poniendo de manifiesto que hoy ya no se pueden afirmar las cosas sencillamente porque así son, sino que se piensa que todo es una simple postura ideológica sin referencia a lo real y todo es una simple “construcción” social o mental.

La oposición entre expresar algo basados en una evidencia real o en una construcción mental puramente, se fundamenta en la oposición que hay entre partir de la naturaleza o en partir de la libertad como fundamento de la vida humana.

Aristóteles expresa que las cosas poseen una naturaleza, es decir, las cosas poseen un principio de movimiento y de reposo, un principio de operaciones, pues. Significa que la forma de obrar de algo pone de manifiesto su modo de ser. Por ejemplo, pertenece a la naturaleza del gato la amplia capacidad del mismo para orientarse, para cazar y actuar con sutileza, eso es parte de su naturaleza felina.  Operación y naturaleza son inseparables.

Aplicado a la naturaleza del matrimonio, en otro ejemplo, basta conocer la operatividad y clara complementariedad entre varón y mujer para afirmar, sin duda, que ésa es su naturaleza.

Como dato relevante, añadido por el mismo Aristóteles, es que la naturaleza tiene siempre por finalidad el propio bien, nadie actuará –naturalmente- contra sí mismo, a menos que ocurra una desviación o falla en la actuación, lo que se traduce en violencia que, no es otra cosa, sino ir contra lo que la misma operatividad señala. En consecuencia, la primera manifestación de violencia de género es la que el homosexual ejerce contra sí mismo puesto que naturalmente no es homosexual.

Así, las cosas que se afirman sobre la naturaleza están “escritas” en su modo de obrar y la inteligencia “lee” en ellas como un “libro abierto”. Y no hay más que observar y confiar en la capacidad del hombre que le permite conocer, el logos mental y el logos de las cosas en una profunda identidad.

Sin embargo, actualmente se ha problematizado sobremanera estas afirmaciones que podrían considerarse “sencillas” y fundamento del pensamiento. La naturaleza ha sido substituida por la exaltación de la libertad -entendida ésta como ausencia de coacción externa- convertida en la única base de actuación y modo de ser.

Así, las cosas cambian radicalmente. Si partimos de la naturaleza como fundamento y expresión del propio ser, hay una forma de obrar que debe obedecer y respetar lo que se es, no a lo que “alguien dijo” o “estableció” sino simplemente a lo que se es. Colocada la libertad como punto de partida lo único que debe obedecerse es a sí mismos y, ya no cabe admitir algo que limite o establezca una forma de ser que tenga que cumplirse. Todo intento de norma, ley o principio que deba obedecerse será considerado “discriminatorio” pues impide la posibilidad de realizar opciones personales “libres”.

El “bien” o lo “bueno” ya no es lo que corresponde al fin del obrar que es cumplir con la naturaleza, sino que el fin del obrar es la “promoción” de la propia libertad sin restricciones; y, lo único malo es aquello que lo impide que equivale a “deberes”, autoridades, instituciones, valores o cualquier mínima referencia a una restricción no venida de sí mismos. Se trata de que la libertad se auto fundamenta. Sólo se trata exclusivamente que toda forma de decisión, de opción humana o de preferencia nazcan del hombre mismo.

El hombre ya no “lee” en las cosas lo que son, ni recibe la tradición de valores anteriores heredados de generaciones pasadas o instituciones establecidas, sino que simplemente se ve obligado continuamente a decidir y fundarse por sí mismo. Es el riesgo o desafío de no admitir valores previos nunca.

Todo se resume en una cosa: si aceptamos la naturaleza obedecemos la realidad y nos enriquecemos con ella; si optamos por la libertad el ser humano se auto fundamenta pero se vacía de humanismo y de realidad y de cualquier forma de trascendencia.

Esto es lo que estamos viviendo. Es simple. Volvemos a la naturaleza y la obedecemos; o la negamos y tratamos de ser en el vacío. Es una elección que todos tenemos que hacer. Tú ¿qué eliges?

¡Hasta la vista!

Juan Carlos Barradas Contreras

[email protected]

aristoteles-2

¿Una nueva Cristiada?

Sunday, October 9th, 2016

En los tiempos actuales enfrentamos una crisis en la que lo que está en juego son las confrontaciones originadas en el campo de las ideas: religiosas, políticas, filosóficas, éticas, científicas, etc. La confrontación se ha agudizado por una razón: el relativismo. Se discuten los contenidos de las ideas, pero el meollo de la confrontación se ha reducido simplemente a un punto: el hombre ¿puede definir la realidad determinándola simplemente por medio de su voluntad o lo único que puede obrar es aceptar voluntariamente que las cosas poseen modos de ser ajenos a las pretensiones humanas? Expresado de otro modo: ¿definimos o aceptamos lo real?

La realidad es solamente una y no admite la posibilidad de que los seres humanos puedan definirla a su capricho. Lo que es, es, y lo que no es, no es. Nada cambia porque el hombre opine lo contrario. La realidad es ajena a los puntos de vista. Siendo así, inevitablemente la confrontación se desliza a una confrontación de voluntades.

Por un lado se trata de la evidencia que sostiene una postura, evidencia que sólo sustenta las ideas propuestas por un grupo, el de aquellos que afirman que al hombre sólo le queda conocer, aceptar y ser dócil a la realidad. Por el otro lado sólo queda que las cosas sean sostenidas en base a la propia voluntad; no se trata de que las cosas sean así, sino de que quiero que sean así; es el grupo del relativismo, el de aquellos que sostienen que todo se reduce a propuestas ideológicas o doctrinarias donde el “ser supremo” es el hombre, como el centro que “libremente” determina su propio ser y su quehacer.

A falta de evidencia que fundamente la propia postura, el único camino que queda es la confrontación personal. El enemigo se convierte en aquél que sostiene que  la realidad es lo que es y no lo que yo quiero. Por consiguiente, en lugar de refutar las evidencias, se proponen una especie de “dogmas relativistas” repetidos una y otra vez hasta convertirlos en “verdades” que todo mundo cree y acepta; al mismo tiempo se dirigen los ataques a quien se opone a esto, tratando de descalificar la autoridad moral de quien sostiene que el hombre no puede ser la medida de las cosas. El argumento “ad hominem” se convierte en uno de los más usados. El otro es un enemigo a vencer al que se agrede, a veces verbalmente, con difamaciones o calumnias; otras más con agresiones físicas, golpes y, en el extremo herirlo hasta la muerte. El motivo es que “no me conviene que alguien me ponga en evidencia y que no estoy de acuerdo con la realidad”, ante la imposibilidad de destruir la realidad, destruyo a quien la muestra.

Aunque el común de la gente lo rechace o le enfade enormemente, en nuestra sociedad y, en general en el mundo, hay una institución que no se doblega al señalar que el centro de la realidad, de la vida humana y de todo el Universo es Dios, no el hombre. Es al hombre al que le toca subordinarse y obedecer la realidad, con lo que obedece así, a Dios. A muchos no les agrada esto, puesto que hay una realidad contra la que el ser humano se compara, tiene que juzgar o valorar su conducta y determinar en su consciencia si obra bien o mal, discriminar lo bueno o lo malo. Eso es muy intimidante, en especial si se obra mal. Ha llevado a una “cristianofobia” muy agresiva y militante. En especial, dicha cristianofobia se dirige contra la Iglesia católica, atacando particularmente a sus miembros que la dirigen, el sector jerárquico.

En la historia de México, hace unas décadas ya hubo una abierta confrontación contra la iglesia y sus miembros que derivó en la guerra cristera. Hoy parece que estamos en los albores de una nueva guerra cristera –también denominada Cristiada- o quizá el reavivamiento de una guerra que no terminó, pues la oposición contra la iglesia siguió y sigue vigente. Los ataques están siendo muy puntuales y específicamente dirigidos asesinando a muchos tratando de evitar la confrontación abierta, con sutileza pero con agresiones certeras.

¿Qué necesitaríamos para una nueva Cristiada? ¿Agresiones? Ya nos mataron recientemente a tres sacerdotes y se manchó su memoria. ¿Persecución? Ya los promotores de la ideología de género son abiertamente “cristianofóbicos”. ¿Ataques del gobierno? Ya el gobierno mexicano nos quiere “vender” a las intenciones anticristianas de la ONU….mmm…. Entonces ¿qué necesitamos para que estalle una nueva Cristiada? Ahora ya nos mataron a cuatro jóvenes evangelizadores. ¿Qué necesitamos entonces para que estalle una nueva Cristiada?

¿Será tiempo de volver a empuñar las armas? Si bien la legítima defensa con las armas es válida éticamente, la guerra cristera derramó mucha sangre en una dura confrontación que era una guerra civil y, pese a todo, el conflicto no terminó, el motivo de la lucha sigue vigente.

En los tiempos que corren de aguda oposición al pensamiento cristiano, habría que recordar que el meollo esencial no está en lo corporal sino en lo espiritual. Como afirma el padre Fortea –reconocido exorcista español- sobre la lucha entre los ángeles, afirmando que la lucha entre ellos es una lucha intelectual: “Esa lucha fue una lucha intelectual. Dios enviaba la gracia a cada ángel para que volviera a la fidelidad o se mantuviera en ella. Los ángeles daban argumentos a los rebeldes para que volvieran a la obediencia. Los ángeles rebeldes daban sus razones para fundamentar su postura y para introducir la rebelión entre los fieles”.

No somos ángeles, pero en esencia nuestra lucha es la misma. Son tiempos de guerra pero se ve claro que nuestra lucha está en el terreno de mantener ideas claras, realistas y estar dispuestos a dar testimonio de ellas. Nuestras armas son nuestras convicciones y argumentos sólidos. La verdad por sí misma tiene su propia fuerza y nadie la desaparece. Al fin y al cabo ¡podrán darnos muerte a nosotros pero la verdad nunca muere!

En todo caso, nadie está exento de elegir un lado de la batalla. Tú ¿por cuál optas?

¡Hasta la vista!

Juan Carlos Barradas Contreras

[email protected]

fusilamento-padre-pro

¿Por qué suenan los tambores?

Sunday, September 25th, 2016

Amanece la mañana agradable y húmeda del domingo 25 de septiembre de 2016. Todo está en calma y el silencio envuelve el ambiente apenas perturbado por la actividad de algunos insectos nocturnos que empiezan a retirarse a sus madrigueras. El cielo se observa jaspeado de algunas nubes obscuras después de un buen aguacero en la víspera. Todo anuncia que será un fin de semana como cualquier otro pero…muchas cosas han cambiado desde hace algunos meses y no volverán a ser como antes.

La sociedad mexicana ha despertado y lo ha anunciado a sus autoridades con grandes y sonoros gritos, algo que históricamente nunca se había visto en tal magnitud. Amenazas y provocaciones no han sido suficientes para acallar un clamor que surge desde lo más profundo de una convicción de un pueblo que se siente amenazado en una de sus instituciones fundamentales: la familia. No se trata de apuntar las armas contra los “hermanos separados” sino de exigir al gobierno que respete los principios naturales que envuelven el inicio de la vida humana: el matrimonio heterosexual. Dicho reclamo se ha manifestado desde todos los puntos de la nación y ha generado importantes reacciones que han enfrascado a los mexicanos en un tema que no se deja de lado cada día.

¿Cuál es la solución a este conflicto? Me parece que la respuesta está en legitimar civilmente las uniones entre parejas del mismo sexo otorgándoles los beneficios consiguientes, concediéndoles una sociedad conyugal o el nombre que se considere adecuado para una unión de tal naturaleza; desistir del deseo de que dichas uniones se vean “beneficiadas” con la adopción de niños –cosa que no favorece a los propios menores-; así como abandonar la intención de introducir la maléfica ideología de género en la educación de nuestros niños, con lo cual se lograría salvaguardar los derechos y principios éticos, morales y religiosos que permiten que los padres eduquen a sus hijos como consideren correcto. Y si es tan sencillo y todas las partes quedarían satisfechas, ¿por qué no se toma esa decisión?

Las intenciones gubernamentales a fondo de esta decisión no son claras y existe abundante especulación acerca de las mismas. Sin embargo, es un hecho que obedecen a intereses que rebasan nuestras fronteras y que existen importantes beneficios económicos y de poder detrás de tan absurdas imposiciones. La forma como se llegó a la determinación de una propuesta de ley que reformara el artículo 4 de nuestra constitución, es por demás truculenta y plagada de entuertos legales que pudieran sostenerla. Lo que quizá nunca se pensó por parte de las autoridades es que se estaría lanzando un dardo al tigre…y éste despertó. Convencidos los que ostentan la “balanza de la justicia” de que los mexicanos siempre aceptamos todo sin réplica, nunca esperaron una reacción como la que están viendo hoy en las calles de todo el país. ¿Y ahora? ¿Qué sigue?

No me cabe duda de que los que estamos convencidos –no por necedad sino por elemental sentido común, por conocer los resultados de lo que ha ocurrido en otros países, por principios y por estar al tanto de los derechos fundamentales que nos asisten- de que esta propuesta no tiene ni pies ni cabeza, seguiremos ejerciendo presión hasta que el peligro sea desechado, pero mientras tanto la sociedad se está desgastando por la presión de una minoría que, no por serlo, es menos dañina.

No es posible cambiar los estatutos de derechos de una sociedad por lo que imponga una pequeña fracción de sus miembros, máxime que dicho sector sostiene condiciones que no obedecen a fines naturales. El clamor de las mayorías marca una decisión que en todo país civilizado y democrático tendría que escucharse y dársele toda la importancia que posee. Dicha minoría, ante falta de argumentos que avalen sus propuestas, se han dedicado a atacar, a difamar, a insultar, a provocar, con tal de que pronto surjan mártires que enaltezcan su movimiento. Este camino es profundamente peligroso y lo único que están logrando es mostrar la calidad de su ideología basada en principios insostenibles.

La respuesta final no la tiene el gobierno sino la sociedad misma que avanza a pasos agigantados hacia su fin: defender sus principios naturales para las que fue creada. El medio para lograr tal objetivo no es la violencia pues lo que se sostiene por la realidad no necesita de sangre para probarse. Somos creaturas amadas –de uno y otro sector poblacional- por un Creador que es dueño de la historia. Hagamos lo que nos toca confiando en que Él está detrás de todo. ¡Ánimo!

Psic. Mildred Elena Barrios Matos

[email protected]

por-que-suenan-los-tambores

Sobre las marchas en favor de la familia natural

Saturday, September 17th, 2016

Hace unos días cientos de miles de mexicanos nos expresamos marchando por las calles reafirmando nuestra convicción por la familia natural constituida por papá, mamá e hijos. Esto ha provocado reacciones agresivas y violentas de la comunidad lésbico gay –LGBTTTI- que se dice “ultrajada” o “discriminada” por tales manifestaciones. Pero ¿qué hay de verdad en esto?

Primero. Las acciones privadas e íntimas tienen repercusiones públicas y sociales. No se puede afirmar que lo que alguien haga en la intimidad de su cuarto no tenga repercusiones sociales. El estilo de vida personal constituye la propia cultura que se manifestará exteriormente en una forma de vivir que se comparte con los demás socialmente. El afán de placer, de satisfacción personal, de hedonismo no quedará reducido por “arte de magia” a la propia habitación, se buscará en todo momento y lugar. Ya Aristóteles lo decía: sólo quien cultiva el bien o virtud individual podrá procurar a los demás lo mismo. No se puede de otra manera.

Segundo. Por otra parte, si hablamos de violencia de género hay una que es totalmente evidente. Aristóteles explica que la violencia se produce cuando se va contra la naturaleza; ahora bien, la naturaleza se manifiesta por ser principio de operación, es decir, lo natural está en que el modo de obrar nace del ser de las cosas. Es natural, por ejemplo, que un perro persiga a los gatos o el gato a los ratones. Así son y no hay duda.

En consecuencia, hay una clara violencia de género: la de los homosexuales y lesbianas que van totalmente contra el modo de obrar que les corresponde naturalmente, pues es natural por su naturaleza genética, biológica y psicológica que el varón se sienta atraído por la mujer y viceversa. Los homosexuales y lesbianas van contra ello violentando su naturaleza. ¿Alguien puede dudar que sea violencia de género?

Tercero. No se puede otorgar la oportunidad de adoptar a parejas homosexuales. El derecho del niño es a tener padre y madre, eso fue lo que perdió, de lo que está privado. No se sustituirá jamás otorgándoles dos padres o dos madres; la adopción no es derecho de los homosexuales sino de los niños, derecho a tener padres. Por otra parte, quien carece de identidad sexual clara difícilmente será capaz de contribuir a que otros obtengan la propia. Es preferible que el niño permanezca en un orfanato en espera de unos padres heterosexuales, a que sea entregado a personas con problemas de identidad, de otra manera se le añade otro problema: no tener padres y adquirir otros que no respetan la realidad natural. No se puede apelar a la “misericordia” o a argumentos sentimentales en favor de algo que termina perjudicando al niño. Entregarlo a parejas igualitarias va en detrimento del niño.

Cuarto. Tener problemas de identidad sexual –disforia de género-, no justifican intentar lo absurdo: cambiar la genética, las hormonas, el cuerpo a lo que una consciencia turbada manifiesta, en lugar de corregir la conducta desviada. En lugar de tratar de cambiar todo lo adverso a lo que se “siente”, sentirse mujer siendo varón o viceversa no justifica tratar de transformarse íntegramente yendo contra la totalidad del propio ser, sino que exige corregir lo que se siente pues hay miles de cosas que sentimos y eso no nos obliga a serlas.

Quinto. No otorga al Estado el derecho a imponer la ideología de género en la educación, con el pretexto de que se conozca y practique la diversidad sexual. Se pueden admitir jurídicamente uniones homosexuales, reconociendo que eso es para ellos. Esto no obliga a todos a admitir tales uniones como “normales”, ni a imponer a los niños la ideología de género en el ámbito educativo. Se pueden regular sus relaciones pero no imponer a todos una ideología como si fuera lo más normal del mundo. Pretender hacerlo hace del gobierno un gobierno autoritario e impositivo, violentando los derechos de muchos. Reconocer jurídicamente las relaciones homosexuales, no implica imponer a los demás su cultura o estilo de vida.

Mucho se insiste en que el Estado es laico, es verdad, pero se olvida que lo laico le corresponde al gobierno, no al pueblo –que tiene derecho a elegir y vivir sus creencias-. Con la ideología de género se está creando una nueva forma de “dogma de Estado”  – la creencia en que el hombre y todos sus caprichos deben ser absolutizados y respetados religiosamente- , que la autoridad arbitrariamente está tratando de imponer.

Sexto. Los derechos no nacen de los caprichos o deseos de la gente para “realizarse”, sino de la persona humana para desarrollarse conforme a límites estrictos. Los derechos van ligados a las obligaciones que el ser humano posee para cumplir con acciones que contribuyan a lograr el propio bien que es la virtud o fuerza que lo hace ser dueño de sí mismo; y, lograr o contribuir a que se le logre el verdadero bien común para el desarrollo de todos. Los derechos no se orientan a que el hombre haga lo que le plazca, ni alcance la satisfacción de sus caprichos. Lo bueno es el fin, dice Aristóteles, y es aquello en lo que se alcanza la propia perfección individual y social.

Aclaradas las cosas, nuestras acciones no van contra la comunidad LGBTTTI, sino en favor de la familia y del hombre rectamente entendidos, sin afectar los derechos de terceros que por su libre albedrío pueden optar por lo que quieran y se les debe reconocer jurídicamente, siempre y cuando no traten de imponer lo imposible.

Cada quien elige y es responsable. Y tú ¿cuál es tu opción?

Hasta la vista.

Juan Carlos Barradas Contreras

[email protected]

latinofamilydreamstime_m_28596453-e1438715988784

El verdadero problema

Sunday, September 11th, 2016

Siempre llaman la atención los fenómenos sociales y las causas que los originan, máxime en una época en que la credibilidad en las instituciones está en franco descrédito. El hecho de que una nación se una de una manera increíble como lo estamos viviendo hoy en México para enarbolar la defensa de la familia natural, nos ofrece una oportunidad de analizar el contexto en el que dicho fenómeno se desarrolla y el motor que hace que más de un millón de personas en México hayan salido a las calles a externar su punto de vista de una manera libre y contundente.

El gobierno, en voz de su titular el Presidente Peña Nieto, lanza una iniciativa para legalizar el matrimonio igualitario, lo cual, a simple vista, no tiene más inconveniente que el que a esta unión se le llame “matrimonio”, cosa que no aplica por no ser gestora de vida. El problema no está ahí, pero ha existido mucha habilidad para hacer creer que sí, de tal forma que todos los ciudadanos se centren en este punto, dejando de lado lo que verdaderamente representa todo un atentado al futuro del país que es la adopción de niños por parte de parejas en estas condiciones, así como la educación bajo los criterios de la ideología de género que el gobierno pretende imponer en los ámbitos educativos.

La presencia y aplicación de este sistema en otros países ha demostrado ampliamente su total fracaso como impulsor de una sociedad más ordenada, libre, incluyente y, por supuesto, feliz. Baste revisar las cifras de los estudios realizados con seriedad para comprender lo que conlleva el ejercicio de este tipo de ideología. La realidad, imposible de desfigurar o descartar por simple capricho, se impone aplicando sus consecuencias a los desatinos de esta tendencia. Los resultados: niños confundidos, faltos de una identidad que les permita reconocerse como pertenecientes a un determinado sexo y sus implicaciones; hijos resentidos por la falta de uno de los progenitores, lo cual hizo que no tuvieran acceso al aporte y modelaje de ese sexo, por lo que no completan su desarrollo de una manera exitosa y, por ende, no saben cómo comportarse en la edad adulta; niños depresivos, insatisfechos, inadaptados, que viven en un sufrimiento perpetuo que, muchas veces, los conduce al suicidio; niños que generan una violencia interior por la falta de seguridad que les da el sentirse sin ataduras y límites, lo cual los induce a prácticas delictivas como desahogo de sus múltiples frustraciones; adolescentes que acaban adquiriendo enfermedades sexuales a muy temprana edad, debido a la ausencia de autocontrol favorecido por la enseñanza prematura del uso de una sexualidad sin censura; niños y adolescentes que buscan en las drogas un escape a su angustiosa situación; en fin, niños infelices que sirvieron a sus padres adoptivos -homosexuales o lesbianas- como satisfactores de una necesidad imposible de saciar como es la maternidad, sin que se pensase en ellos como los receptores de una “formación deformada” que pretendía ser liberadora y que únicamente los llevó a la más cruda de las esclavitudes.

Insisto mucho en lo siguiente: no es el homosexual o la lesbiana el problema. No es su interés en legalizar su unión. El verdadero problema es que traten de equiparar su acuerdo nupcial con el de un matrimonio heterosexual y que pretendan venderlo como la mejor opción para educar y formar a nuestros niños.

Si los niños son el futuro de cualquier país, si de su salud mental dependerá el tipo de nación que tendremos en los años venideros, estamos ante un peligro eminente que hay que detener para evitar para salvaguardar el destino de México. La modernidad no implica la pérdida absoluta de la moral como criterio para la elección de la forma de educar a los ciudadanos. Y aclaro que la moral no es religión. Se trata de una ciencia perfectamente instituida y reglamentada con un objeto de estudio que se refiere al acto humano como bueno o malo de acuerdo a la naturaleza. No es posible eliminar de tajo lo que ha permitido la multiplicación de los seres humanos y su desarrollo, con tal de favorecer los deseos de un sector poblacional cuyas necesidades no son resueltas por ir en contra de la naturaleza.

La factura de una sociedad que impide que sus ciudadanos crezcan en las condiciones óptimas, será cobrada en los años próximos. Y la pagaremos todos…. Es tiempo de alzar la voz y defender a nuestros niños, a la familia natural que es la única que participa con todas las condiciones para el sano desarrollo de los pequeños. Si la familia actual pasa por dificultades de integración, enfoquemos todos los recursos para apoyarla y evitar su sufrimiento. Hagamos todo lo que esté de nuestra parte, dependiendo de nuestra especialidad, para potencializar sus recursos y hacer crecer a sus miembros. Esto constituye un deber, máxime después de que catastróficas iniciativas pretenden eliminar de tajo una institución generada desde que el hombre fue creado como tal.

La invitación es a investigar, a conocer cuál es el verdadero problema y no dejarse engañar o manipular. Finalmente, de las decisiones gubernamentales que hoy permitamos dependerá la sociedad que viviremos en breve. En nuestras manos está marcar la diferencia. ¡No te quedes callado!

Psic. Mildred Elena Barrios Matos

[email protected]

el-verdadero-problema

La inteligencia es la gloria del hombre

Sunday, September 4th, 2016

Uno de los grandes logros de la filosofía antigua se encuentra en establecer la fundamentación del conocimiento humano en el logos de las cosas, en reconocer que las cosas poseen un principio que les explica y que puede ser conocido por los hombres como una realidad inteligible.

Significa que el hombre puede conocer el orden, puede prever las cosas y puede interactuar con la naturaleza, con su entorno, teniendo control ante el mundo. Se convierte en signo de grandeza, pues el hombre está colocado en una posición de dominio, no porque arbitrariamente se haya colocado ahí, sino porque está dotado de inteligencia; porque es inteligente puede leer el orden existente en el mundo.

Todos pensamos, por ejemplo, que nuestra vida depende de nuestras propias decisiones y no del azar, de la casualidad o de un supuesto destino. Por eso, hacemos planes, ejecutamos acciones, trabajamos, damos pasos para conseguir lo que concebimos (logos) porque tenemos la convicción de que siguiendo el orden (logos), llegaremos a nuestro fin (logos). Signo de inteligencia es planear las cosas y ejecutar las acciones.

Tan es así que consideramos como torpeza o desatino cuando alguien se mete en problemas sencillamente porque no previó las posibles consecuencias de sus acciones o las tomó a la ligera. Enfermedades, embarazos prematuros, accidentes, fracasos, pérdidas de empleo, de estudios,… en su gran mayoría son fruto porque no se planeó lógicamente –es decir desde el logos-, cada una de las acciones que se emprendieron. ¡Cuántas veces exclamamos ante los demás: ¿Qué no pensaste que esto podría pasar?! Los daños, las malas consecuencias no son provocadas por el mundo natural que sigue su curso regular, sino porque ni lo pensamos, nos olvidamos del orden y tratamos ficticiamente de “poner orden” en el mundo, en lugar de respetar el orden existente.

Tan es claro que es así que, pese al subjetivismo, pese al relativismo cínico que priva en el mundo actual, donde se afirma que “todo depende del punto de vista y, por lo tanto, cada quien vive en su mundo”, hay una muy creciente y urgente necesidad de los seres humanos por recibir terapias psicológicas que apuntalen su ánimo, que les ayuden a salir de neurosis, a combatir trastornos, a superar depresiones que no se explican sino porque las personas forman su mundo irreal y luego se esfuerzan por instalarse ahí y vivir su vida sin lograrlo pues es pura fantasía carente de un sustento real. Toda terapia psicológica atiende a lograr que la persona, que el paciente salga de sus concepciones erróneas, de sus falsas estructuras de pensamiento encauzándolo a que toque la realidad, el orden objetivo, saliendo de las distorsiones en las que inútilmente se ha esforzado por realizar.

Se puede añadir lo siguiente. Aristóteles explica que los diversos grados de vida se caracterizan: el inferior que es la vida vegetativa, que se define porque simplemente ejecuta las operaciones vitales, no obran más, tan es así que cuando, por accidente, una persona queda dañada pero viva, afirmamos que quedó en “estado vegetativo”.

En el grado intermedio se encuentra la vida sensitiva, lo animales irracionales, propiamente llamados bestias o brutos; tienen la cualidad de moverse porque controlan la forma que los mueve –expresa Aristóteles-. Significa que se mueven por lo que sienten y por su imaginación que los lleva a actuar, lo que los hace tener algún control, pero no un dominio de sí, no planifican, se dejan llevar. Muchos humanos hacen lo mismo por defecto.

La vida humana tiene como propiedad el dominio de la ejecución, la forma y el fin. Implica esto que el hombre se mueve por su logos, porque concibe el fin hacia el cual ordena sus actos, cuál es el fin que persigue, le da dominio de su vida y sentido a la misma; por ello contemplar la verdad lo plenifica.

Aristóteles coincidiría totalmente con Viktor Frankl, es el logos, el sentido, lo que ayuda a sobrellevar las penalidades y sufrimientos de la vida. Por eso Frankl constató que en los campos de concentración sobrevivían no los más fuertes sino los disciplinados intelectualmente que le encontraban sentido a sus vida, a la resistencia, quienes poseían un motivo para resistir.

En definitiva, es muy claro que la grandeza del hombre y su gloria se ponen de manifiesto en su inteligencia, en su capacidad de captar el orden existente en las cosas, orden que es independiente de él y al que se subordina, pero lo interioriza.

Pretender que todo depende del punto de vista, que el ser humano determina su mundo subjetivamente, sólo implica el obscurecimiento de su inteligencia, no su grandeza, sino la entronización de su estupidez en su intento por encumbrarse. El lamentable olvido de que en la inteligencia y no en su subjetividad radica su grandeza, en la obediencia simple y llana al logos de las cosas.

Sólo el hombre que se subordina humildemente vive en el logos y vive una vida en plenitud. Alcanza su grandeza que le es regalada.

¡Hasta la vista!

Juan Carlos Barradas Contreras

[email protected]

Aristóteles

La naturaleza humana: lazo amoroso de unión

Sunday, August 28th, 2016

Se cuenta de una ballena azul que surca los mares cantando en una frecuencia muy distinta a la de las ballenas comunes, impresionando con su cántico a propios y extraños, razón por la cual se le ha llamado “Azul 52”, ya que emite sonidos registrados en 52 Hercios, muy distinto al rango entre 10 y 39 Hercios en que se comunican el resto de las ballenas. Nadie ha podido identificar la especie exacta a la que pertenece y sólo se sabe que sigue una ruta distinta a la de las migraciones de las demás ballenas y que no se mezcla con ellas, dado que le es imposible comunicarse con estos cetáceos en la frecuencia en que ellos transmiten sus sonidos. Se teoriza que puede ser un híbrido de ballena azul con otra especie pero esto no ha podido confirmarse. Durante muchos años se pensó que era un ejemplar único buscando pareja por lo que se le bautizó como “la ballena más solitaria del mundo”. Hoy se piensa que pudieran existir otros ejemplares pero tampoco ha podido comprobarse esta teoría.

Esta historia ha movido el corazón de todo el que la conoce pues se conectan con el esfuerzo de un gigantesco ser por comunicarse con alguien de su especie para poder reproducirse y sobrevivir. Es alguien distinto buscando a alguien como él sin recibir respuesta.

Tan misterioso relato me lleva a una serie de reflexiones que hoy quiero compartir con ustedes. Azul 52 ha emergido de las profundidades, se ha convertido en humano y se ha multiplicado cientos de veces, aunque estos nuevos seres no tienen conciencia de que esto ha ocurrido. Sus cantos se han replicado cada día en busca de congéneres con los cuales interactuar y a los cuales amar…pero no tienen respuesta porque no saben dónde y cómo buscar a sus semejantes. Decididas a conseguir su objetivo, siguen intentando -año tras año-, emigrar hacia horizontes inciertos y lejanos de su hogar, con la esperanza de tener éxito y lograr una oportunidad de vida para su especie. Confían en que alguna vez alguien escuche su voz y les conteste.

Cual ballenas híbridas y disímiles al resto de la especie, muchas personas empeñan sus fuerzas día a día por tratar de comunicarse y enlazarse con otros en una respuesta social que su naturaleza les demanda. Su búsqueda parece tropezar con todos los obstáculos posibles y el éxito de su esfuerzo parece que se aleja más y más. Sus notables diferencias les colocan en espacios que los encarcelan en su soledad y les impiden disfrutar de la compañía y el amor de los demás. Pueden volverse tremendamente agresivas ante la frustración resultante de tan arduo esfuerzo y tan pobre resultado, pero difícilmente se mueven para intentar algo diferente que los acerque a los demás, convencidas de que tienen que encontrar a alguien como ellas y entonces ser felices en su mundo aparte.

Una ballena Azul 52 posee elementos de adaptación que pueden ser muy lentos dada su irracionalidad, y quizá pueda morir antes de haber logrado conectarse con otro ser de su especie. Su triste historia concluirá en la misma soledad en la que se le conoció. Sin embargo, su necesidad de entablar relación con otro le ha llevado, en los últimos años, a disminuir su frecuencia de sonido a 47 Hercios, en un esfuerzo adaptativo increíble. Si esto ha sido posible en una ballena, ¿cuánto más podría hacer un ser humano?

Las posibilidades de solución se ven multiplicadas a niveles exponenciales en las personas, dadas sus condiciones racionales. Los cambios adaptativos pueden realizarse concientemente con la rapidez de un proceso que se ve abreviado por el infinito deseo de amar, de comunicar, de donar el propio ser, de arriesgar la propia vida para entregarla a los demás, de hacer especie en vías de crecimiento. Si tan sólo el ser humano pudiera reconocer que el valor del otro es mucho más grande que la diferencia que lo acompaña, quizá tendría más oportunidades de unirse y lograr esa asociación tan anhelada que lo curaría de su tristeza.

En el mundo actual trata de imponerse la diferencia a lo que por naturaleza domina en los seres humanos. Las personas Azul 52, diferentes en creencias, costumbres, valores, principios, horizontes, quieren que todos seamos Azul 52 para que no se sientan solas y puedan encontrar su mundo ideal. El problema está en que no es posible cambiar la naturaleza humana a capricho y convertirla en algo distinto que se amolde a algo que ya no corresponde a la especie. Las personas Azul 52 han olvidado que poseen la misma esencia que la especie a la que desean someter y que, mediante un esfuerzo, pueden bajar su tono de comunicación y acceder al mundo que también les pertenece, del cual llevan sus genes y al cual deben volver para alcanzar su armonía. La razón de este esfuerzo no es otra que el amor que tanto buscan.

Este es un llamado a toda persona Azul 52 con un deseo profundo de ser escuchado. La naturaleza humana surgió del Amor para realizar plenamente su misión. Hoy se hace necesario recordar que compartimos un mundo en el que caben todas las personas con la esencia humana, sin excepción. Cualquier desviación de esta naturaleza con la que fueron creados les llevará al dolor y a la soledad pero es posible salir de ahí. Recordemos pues, que poseemos una longitud de onda para comunicarnos que es similar en toda la especie y que tiene un sentido que sea así. Lo que nos une es nuestra naturaleza y nuestro deseo de amar y ser amados. ¡No lo olvidemos!

Psic. Mildred Elena Barrios Matos

[email protected]

La naturaleza humana lazo amoroso de unión