Archive for the ‘Sociedad’ Category

El efecto Trump

Sunday, November 13th, 2016

Las pasadas elecciones en Estados Unidos que dieron como ganador al magnate Donald Trump, han llevado a una reacción universal -ampliamente generalizada- de rechazo y temor, dadas las constante amenazas y reacciones impulsivas de tan controvertido personaje. Sus propuestas tendientes a reactivar el nacionalismo norteamericano, el racismo, la destrucción del TLC, la separación con México con un muro, la prohibición de dar entrada a los refugiados, establecer represalias contra China, etc., han puesto en vilo a más de una nación,  particularmente la nuestra, dadas las condiciones de vecindad que han favorecido la constante inmigración de nacionales que van en busca del llamado “sueño americano”, así como el comercio de armas y drogas cuyo consumo es preferente en el vecino país del norte.

Pocas veces se ha visto tanta homogeneidad de pensamiento en relación a un tema, y éste es uno de ellos. Donald Trump ha logrado generar una reacción que ha puesto sobre la mesa mecanismos cohesivos entre los mexicanos que parecieran borrar las muchas diferencias con las que solemos convivir en el día a día, superando en importancia mediática cuestiones como la desaparición de ex – gobernadores, controversias por ideologías de género, incremento de índices de criminalidad, multiplicación de errores presidenciales, atentados contra religiosos, etc.. La aparición de “memes” ridiculizando al odiado presidente electo se ha vuelto viral, superando en mucho a otros discutidos personajes y temas.

No son pocas las razones para temer y estar muy atentos a los acontecimientos próximos que rodean a la política estadounidense, pero creo que hay que tomar en consideración una serie de reacciones que han sacudido la modorra en la que nos encontrábamos inmersos para hacer surgir propuestas, ideas, planes que se mantenían bajo la mesa debido a nuestra dependencia a países extranjeros. Es verdad que no podemos sustraernos a la globalización imperante en el mundo, pero hay una serie de condiciones que habíamos abandonado como nación para hacernos al modo de otros países cuya economía y liderazgo mundial acabaron por vendernos hasta su cultura, menoscabando la propia. Baste imaginar la famosa cuestión de los individuos disfrazados de payasos siniestros que empezaron a generar desconcierto en varias partes de México, usanza que no surgió en nuestra tierra sino que fue importada de Estados Unidos como tantas otras cosas que consumimos día a día, sin darnos cuenta de que podemos tener mejores cosas en nuestra propia patria.

“No hay mal que por bien no venga”, asienta conocido refrán, y hoy estamos ante un ejemplo de estas sabias palabras. Trump despertó no sólo la conciencia nacionalista de su país sino también del nuestro. Atacar a los mexicanos en la forma como lo ha hecho y ningunear nuestra cultura ha merecido una respuesta al interior de México como pocas veces se había presenciado. Ahora bien, la verdadera protesta –pienso- no debería consistir en atacar a Trump, situación que bien poco importa al aborrecido sujeto, sino en exaltar nuestras raíces y recordar que los mexicanos hemos dejado huella no sólo referente a actos delincuenciales sino también como personas capaces de unirse para enfrentar dificultades y ayudar al que lo necesita. Somos seres pensantes y creativos, idealistas y capaces de ser generadores de cambios. Es hora de tomar las riendas de lo que nos toca a cada uno hacer frente a esta adversidad. Léase: volvamos a lo esencial. Ningún país se derrumbará si sus habitantes logran unirse y compartir lo que poseen para que a nadie le falte, así se trate de ideas como de beneficios. Existen muchos más países dispuestos a trabajar con nosotros para superar las crisis económicas y sociales que nos aquejan. Por tanto, volteemos a ver a estas naciones y no hagamos depender todo de Trump. Hay mucho más que su soberbia ante los nuestros. La determinación de ser lo que queremos ser no depende de ninguna nación extranjera sino de nosotros mismos, de nuestra historia, de nuestra unidad cultural y de nuestra disposición para el trabajo en conjunto.

La alternativa era Hillary Clinton pero tampoco era una buena opción. Si el Creador permitió que el frente de guerra fuera Trump, razones tendría para hacerlo…quizá hacernos despertar de la holgazanería y dependencia respecto al vecino país. Así que asumamos el reto y recordemos lo que somos y la enorme riqueza que poseemos. Ya es tiempo, ¿no creen?

Psic. Mildred Elena Barrios Matos

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¿Una nueva Cristiada?

Sunday, October 9th, 2016

En los tiempos actuales enfrentamos una crisis en la que lo que está en juego son las confrontaciones originadas en el campo de las ideas: religiosas, políticas, filosóficas, éticas, científicas, etc. La confrontación se ha agudizado por una razón: el relativismo. Se discuten los contenidos de las ideas, pero el meollo de la confrontación se ha reducido simplemente a un punto: el hombre ¿puede definir la realidad determinándola simplemente por medio de su voluntad o lo único que puede obrar es aceptar voluntariamente que las cosas poseen modos de ser ajenos a las pretensiones humanas? Expresado de otro modo: ¿definimos o aceptamos lo real?

La realidad es solamente una y no admite la posibilidad de que los seres humanos puedan definirla a su capricho. Lo que es, es, y lo que no es, no es. Nada cambia porque el hombre opine lo contrario. La realidad es ajena a los puntos de vista. Siendo así, inevitablemente la confrontación se desliza a una confrontación de voluntades.

Por un lado se trata de la evidencia que sostiene una postura, evidencia que sólo sustenta las ideas propuestas por un grupo, el de aquellos que afirman que al hombre sólo le queda conocer, aceptar y ser dócil a la realidad. Por el otro lado sólo queda que las cosas sean sostenidas en base a la propia voluntad; no se trata de que las cosas sean así, sino de que quiero que sean así; es el grupo del relativismo, el de aquellos que sostienen que todo se reduce a propuestas ideológicas o doctrinarias donde el “ser supremo” es el hombre, como el centro que “libremente” determina su propio ser y su quehacer.

A falta de evidencia que fundamente la propia postura, el único camino que queda es la confrontación personal. El enemigo se convierte en aquél que sostiene que  la realidad es lo que es y no lo que yo quiero. Por consiguiente, en lugar de refutar las evidencias, se proponen una especie de “dogmas relativistas” repetidos una y otra vez hasta convertirlos en “verdades” que todo mundo cree y acepta; al mismo tiempo se dirigen los ataques a quien se opone a esto, tratando de descalificar la autoridad moral de quien sostiene que el hombre no puede ser la medida de las cosas. El argumento “ad hominem” se convierte en uno de los más usados. El otro es un enemigo a vencer al que se agrede, a veces verbalmente, con difamaciones o calumnias; otras más con agresiones físicas, golpes y, en el extremo herirlo hasta la muerte. El motivo es que “no me conviene que alguien me ponga en evidencia y que no estoy de acuerdo con la realidad”, ante la imposibilidad de destruir la realidad, destruyo a quien la muestra.

Aunque el común de la gente lo rechace o le enfade enormemente, en nuestra sociedad y, en general en el mundo, hay una institución que no se doblega al señalar que el centro de la realidad, de la vida humana y de todo el Universo es Dios, no el hombre. Es al hombre al que le toca subordinarse y obedecer la realidad, con lo que obedece así, a Dios. A muchos no les agrada esto, puesto que hay una realidad contra la que el ser humano se compara, tiene que juzgar o valorar su conducta y determinar en su consciencia si obra bien o mal, discriminar lo bueno o lo malo. Eso es muy intimidante, en especial si se obra mal. Ha llevado a una “cristianofobia” muy agresiva y militante. En especial, dicha cristianofobia se dirige contra la Iglesia católica, atacando particularmente a sus miembros que la dirigen, el sector jerárquico.

En la historia de México, hace unas décadas ya hubo una abierta confrontación contra la iglesia y sus miembros que derivó en la guerra cristera. Hoy parece que estamos en los albores de una nueva guerra cristera –también denominada Cristiada- o quizá el reavivamiento de una guerra que no terminó, pues la oposición contra la iglesia siguió y sigue vigente. Los ataques están siendo muy puntuales y específicamente dirigidos asesinando a muchos tratando de evitar la confrontación abierta, con sutileza pero con agresiones certeras.

¿Qué necesitaríamos para una nueva Cristiada? ¿Agresiones? Ya nos mataron recientemente a tres sacerdotes y se manchó su memoria. ¿Persecución? Ya los promotores de la ideología de género son abiertamente “cristianofóbicos”. ¿Ataques del gobierno? Ya el gobierno mexicano nos quiere “vender” a las intenciones anticristianas de la ONU….mmm…. Entonces ¿qué necesitamos para que estalle una nueva Cristiada? Ahora ya nos mataron a cuatro jóvenes evangelizadores. ¿Qué necesitamos entonces para que estalle una nueva Cristiada?

¿Será tiempo de volver a empuñar las armas? Si bien la legítima defensa con las armas es válida éticamente, la guerra cristera derramó mucha sangre en una dura confrontación que era una guerra civil y, pese a todo, el conflicto no terminó, el motivo de la lucha sigue vigente.

En los tiempos que corren de aguda oposición al pensamiento cristiano, habría que recordar que el meollo esencial no está en lo corporal sino en lo espiritual. Como afirma el padre Fortea –reconocido exorcista español- sobre la lucha entre los ángeles, afirmando que la lucha entre ellos es una lucha intelectual: “Esa lucha fue una lucha intelectual. Dios enviaba la gracia a cada ángel para que volviera a la fidelidad o se mantuviera en ella. Los ángeles daban argumentos a los rebeldes para que volvieran a la obediencia. Los ángeles rebeldes daban sus razones para fundamentar su postura y para introducir la rebelión entre los fieles”.

No somos ángeles, pero en esencia nuestra lucha es la misma. Son tiempos de guerra pero se ve claro que nuestra lucha está en el terreno de mantener ideas claras, realistas y estar dispuestos a dar testimonio de ellas. Nuestras armas son nuestras convicciones y argumentos sólidos. La verdad por sí misma tiene su propia fuerza y nadie la desaparece. Al fin y al cabo ¡podrán darnos muerte a nosotros pero la verdad nunca muere!

En todo caso, nadie está exento de elegir un lado de la batalla. Tú ¿por cuál optas?

¡Hasta la vista!

Juan Carlos Barradas Contreras

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¿Por qué suenan los tambores?

Sunday, September 25th, 2016

Amanece la mañana agradable y húmeda del domingo 25 de septiembre de 2016. Todo está en calma y el silencio envuelve el ambiente apenas perturbado por la actividad de algunos insectos nocturnos que empiezan a retirarse a sus madrigueras. El cielo se observa jaspeado de algunas nubes obscuras después de un buen aguacero en la víspera. Todo anuncia que será un fin de semana como cualquier otro pero…muchas cosas han cambiado desde hace algunos meses y no volverán a ser como antes.

La sociedad mexicana ha despertado y lo ha anunciado a sus autoridades con grandes y sonoros gritos, algo que históricamente nunca se había visto en tal magnitud. Amenazas y provocaciones no han sido suficientes para acallar un clamor que surge desde lo más profundo de una convicción de un pueblo que se siente amenazado en una de sus instituciones fundamentales: la familia. No se trata de apuntar las armas contra los “hermanos separados” sino de exigir al gobierno que respete los principios naturales que envuelven el inicio de la vida humana: el matrimonio heterosexual. Dicho reclamo se ha manifestado desde todos los puntos de la nación y ha generado importantes reacciones que han enfrascado a los mexicanos en un tema que no se deja de lado cada día.

¿Cuál es la solución a este conflicto? Me parece que la respuesta está en legitimar civilmente las uniones entre parejas del mismo sexo otorgándoles los beneficios consiguientes, concediéndoles una sociedad conyugal o el nombre que se considere adecuado para una unión de tal naturaleza; desistir del deseo de que dichas uniones se vean “beneficiadas” con la adopción de niños –cosa que no favorece a los propios menores-; así como abandonar la intención de introducir la maléfica ideología de género en la educación de nuestros niños, con lo cual se lograría salvaguardar los derechos y principios éticos, morales y religiosos que permiten que los padres eduquen a sus hijos como consideren correcto. Y si es tan sencillo y todas las partes quedarían satisfechas, ¿por qué no se toma esa decisión?

Las intenciones gubernamentales a fondo de esta decisión no son claras y existe abundante especulación acerca de las mismas. Sin embargo, es un hecho que obedecen a intereses que rebasan nuestras fronteras y que existen importantes beneficios económicos y de poder detrás de tan absurdas imposiciones. La forma como se llegó a la determinación de una propuesta de ley que reformara el artículo 4 de nuestra constitución, es por demás truculenta y plagada de entuertos legales que pudieran sostenerla. Lo que quizá nunca se pensó por parte de las autoridades es que se estaría lanzando un dardo al tigre…y éste despertó. Convencidos los que ostentan la “balanza de la justicia” de que los mexicanos siempre aceptamos todo sin réplica, nunca esperaron una reacción como la que están viendo hoy en las calles de todo el país. ¿Y ahora? ¿Qué sigue?

No me cabe duda de que los que estamos convencidos –no por necedad sino por elemental sentido común, por conocer los resultados de lo que ha ocurrido en otros países, por principios y por estar al tanto de los derechos fundamentales que nos asisten- de que esta propuesta no tiene ni pies ni cabeza, seguiremos ejerciendo presión hasta que el peligro sea desechado, pero mientras tanto la sociedad se está desgastando por la presión de una minoría que, no por serlo, es menos dañina.

No es posible cambiar los estatutos de derechos de una sociedad por lo que imponga una pequeña fracción de sus miembros, máxime que dicho sector sostiene condiciones que no obedecen a fines naturales. El clamor de las mayorías marca una decisión que en todo país civilizado y democrático tendría que escucharse y dársele toda la importancia que posee. Dicha minoría, ante falta de argumentos que avalen sus propuestas, se han dedicado a atacar, a difamar, a insultar, a provocar, con tal de que pronto surjan mártires que enaltezcan su movimiento. Este camino es profundamente peligroso y lo único que están logrando es mostrar la calidad de su ideología basada en principios insostenibles.

La respuesta final no la tiene el gobierno sino la sociedad misma que avanza a pasos agigantados hacia su fin: defender sus principios naturales para las que fue creada. El medio para lograr tal objetivo no es la violencia pues lo que se sostiene por la realidad no necesita de sangre para probarse. Somos creaturas amadas –de uno y otro sector poblacional- por un Creador que es dueño de la historia. Hagamos lo que nos toca confiando en que Él está detrás de todo. ¡Ánimo!

Psic. Mildred Elena Barrios Matos

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El verdadero problema

Sunday, September 11th, 2016

Siempre llaman la atención los fenómenos sociales y las causas que los originan, máxime en una época en que la credibilidad en las instituciones está en franco descrédito. El hecho de que una nación se una de una manera increíble como lo estamos viviendo hoy en México para enarbolar la defensa de la familia natural, nos ofrece una oportunidad de analizar el contexto en el que dicho fenómeno se desarrolla y el motor que hace que más de un millón de personas en México hayan salido a las calles a externar su punto de vista de una manera libre y contundente.

El gobierno, en voz de su titular el Presidente Peña Nieto, lanza una iniciativa para legalizar el matrimonio igualitario, lo cual, a simple vista, no tiene más inconveniente que el que a esta unión se le llame “matrimonio”, cosa que no aplica por no ser gestora de vida. El problema no está ahí, pero ha existido mucha habilidad para hacer creer que sí, de tal forma que todos los ciudadanos se centren en este punto, dejando de lado lo que verdaderamente representa todo un atentado al futuro del país que es la adopción de niños por parte de parejas en estas condiciones, así como la educación bajo los criterios de la ideología de género que el gobierno pretende imponer en los ámbitos educativos.

La presencia y aplicación de este sistema en otros países ha demostrado ampliamente su total fracaso como impulsor de una sociedad más ordenada, libre, incluyente y, por supuesto, feliz. Baste revisar las cifras de los estudios realizados con seriedad para comprender lo que conlleva el ejercicio de este tipo de ideología. La realidad, imposible de desfigurar o descartar por simple capricho, se impone aplicando sus consecuencias a los desatinos de esta tendencia. Los resultados: niños confundidos, faltos de una identidad que les permita reconocerse como pertenecientes a un determinado sexo y sus implicaciones; hijos resentidos por la falta de uno de los progenitores, lo cual hizo que no tuvieran acceso al aporte y modelaje de ese sexo, por lo que no completan su desarrollo de una manera exitosa y, por ende, no saben cómo comportarse en la edad adulta; niños depresivos, insatisfechos, inadaptados, que viven en un sufrimiento perpetuo que, muchas veces, los conduce al suicidio; niños que generan una violencia interior por la falta de seguridad que les da el sentirse sin ataduras y límites, lo cual los induce a prácticas delictivas como desahogo de sus múltiples frustraciones; adolescentes que acaban adquiriendo enfermedades sexuales a muy temprana edad, debido a la ausencia de autocontrol favorecido por la enseñanza prematura del uso de una sexualidad sin censura; niños y adolescentes que buscan en las drogas un escape a su angustiosa situación; en fin, niños infelices que sirvieron a sus padres adoptivos -homosexuales o lesbianas- como satisfactores de una necesidad imposible de saciar como es la maternidad, sin que se pensase en ellos como los receptores de una “formación deformada” que pretendía ser liberadora y que únicamente los llevó a la más cruda de las esclavitudes.

Insisto mucho en lo siguiente: no es el homosexual o la lesbiana el problema. No es su interés en legalizar su unión. El verdadero problema es que traten de equiparar su acuerdo nupcial con el de un matrimonio heterosexual y que pretendan venderlo como la mejor opción para educar y formar a nuestros niños.

Si los niños son el futuro de cualquier país, si de su salud mental dependerá el tipo de nación que tendremos en los años venideros, estamos ante un peligro eminente que hay que detener para evitar para salvaguardar el destino de México. La modernidad no implica la pérdida absoluta de la moral como criterio para la elección de la forma de educar a los ciudadanos. Y aclaro que la moral no es religión. Se trata de una ciencia perfectamente instituida y reglamentada con un objeto de estudio que se refiere al acto humano como bueno o malo de acuerdo a la naturaleza. No es posible eliminar de tajo lo que ha permitido la multiplicación de los seres humanos y su desarrollo, con tal de favorecer los deseos de un sector poblacional cuyas necesidades no son resueltas por ir en contra de la naturaleza.

La factura de una sociedad que impide que sus ciudadanos crezcan en las condiciones óptimas, será cobrada en los años próximos. Y la pagaremos todos…. Es tiempo de alzar la voz y defender a nuestros niños, a la familia natural que es la única que participa con todas las condiciones para el sano desarrollo de los pequeños. Si la familia actual pasa por dificultades de integración, enfoquemos todos los recursos para apoyarla y evitar su sufrimiento. Hagamos todo lo que esté de nuestra parte, dependiendo de nuestra especialidad, para potencializar sus recursos y hacer crecer a sus miembros. Esto constituye un deber, máxime después de que catastróficas iniciativas pretenden eliminar de tajo una institución generada desde que el hombre fue creado como tal.

La invitación es a investigar, a conocer cuál es el verdadero problema y no dejarse engañar o manipular. Finalmente, de las decisiones gubernamentales que hoy permitamos dependerá la sociedad que viviremos en breve. En nuestras manos está marcar la diferencia. ¡No te quedes callado!

Psic. Mildred Elena Barrios Matos

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