Archive for the ‘Navidad’ Category

¡Feliz Navidad 2016!

Saturday, December 24th, 2016

 

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“En la navidad no celebramos el día natalicio de un hombre cualquiera, como los hay muchos. Tampoco celebramos simplemente el misterio de la infancia o de la condición de niño.

Si nosotros no tuviéramos otra cosa que celebrar que sólo el idilio del nacimiento de un ser humano y de la infancia, entonces en último extremo no quedaría nada de tal idilio. Entonces nada tendríamos que contemplar más que el morir y el volver a ser; entonces cabría preguntarse si el nacer no es algo triste, puesto que sólo lleva a la muerte. Por eso es tan importante observar que aquí ha ocurrido algo más: el Verbo se hizo carne.

<Este niño es hijo de Dios>, nos dice uno de nuestros villancicos navideños más antiguo. Aquí sucedió lo tremendo, lo impensable y, sin embargo, también lo siempre esperado: Dios vino a habitar entre nosotros. Él se unió tan inseparablemente con el hombre, que este hombre es efectivamente Dios de Dios, luz de luz y a la vez sigue siendo verdadero hombre.

Así vino a nosotros efectivamente el eterno sentido del mundo de tal forma que se le puede contemplar e incluso tocar (Jn 1,1)… (El sentido) Está pensado para cada uno de una manera totalmente personal. Él mismo es una persona: el Hijo de Dios vivo, que nació en el establo de Belén… Él tiene tiempo para mí, tanto tiempo que hubo de yacer en un portal y que permanece siempre como hombre”.

(Josef Card. Ratzinger)

 

¡Cristo ha nacido para ti, para mí, para todos!

¡Muy feliz navidad a todos! ¡Felicidades!

 

Juan Carlos Barradas Contreras

Mildred Elena Barrios Matos

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¿Qué significa festejar?

Monday, December 19th, 2016

En estos días decembrinos es buen tiempo para reflexionar sobre el significado de hacer fiesta por algo. Hacemos fiesta por todo: por cumpleaños, por XV años, porque los cumpleaños con múltiplos de cinco son “más especiales” que los otros-; por aniversarios matrimoniales, por graduaciones o término de ciclos, porque alguien logró un objetivo, o por lo que sea. ¡Vaya! Hasta de los perritos se dice que “festejan” o “le hacen fiestas a su amo cuando llega”. El caso es que festejar es algo propio del ser humano y se lo atribuimos hasta a los animales.

Pero… ¿cuál es la esencia de hacer fiesta por algo? Una fiesta supone siempre una multitud de cosas. Una reunión de personas. Y esa reunión de personas va a compartir alimentos y bebidas. Van a estar en un sitio en que se reúnen y los alimentos por compartir generalmente serán especiales y no faltará el pastel de celebración que hace de ella algo dulce. Algo que hay que añadir son los regalos, los presentes que se otorgan a quienes son los promotores del festejo.

Todo esto resulta accidental. La esencia del festejo no está ahí. Se festeja algo porque se contempla la bondad del acontecimiento festejado para todos los presentes. Es algo bueno. Algo que hay que celebrar, es decir, hacer público para todos porque todos nos beneficiamos de ello. Un cumpleaños, por ejemplo, es un acontecimiento de alegría, todos nos alegramos por el nacimiento, por la existencia de quien cumple años, que está presente en este mundo y que todos disfrutamos de él.

Se puede festejar en grande aunque sea algo que no se manifiesta en lo exterior con celebraciones. También puede suceder a la inversa. Se pueden realizar grandes celebraciones aunque no se festeje algo, o se olvide el motivo o simplemente se tome como pretexto para “festejar” de manera externa o accidental con banquetes y abuso de bebida. A veces, por ejemplo, se felicita a alguien por su cumpleaños aunque no nos interese tal persona. Festejar algo realmente es hacerse partícipe del motivo o, al menos, reconocerlo y respetarlo a pesar de no hacerlo propio.

Esto explica los regalos. Se dan presentes a quien festejamos porque esperamos que el festejado los acepte; y, esto último es una forma de disfrutar de él y de que él se entregue a nosotros, haciéndonos presentes. O se intercambian regalos significando que todos participamos de igual manera del motivo de alegría que para cada uno es el mismo en la misma proporción. Los regalos también significan, implican dar lo mejor de nosotros mismos, ofrecemos nuestros dones, nuestro ser a aquello que descubrimos, que festejamos como algo bueno, como nuestro bien.

Es oportuno recordar todo esto ante los presentes festejos de Navidad. Celebramos el nacimiento de Dios hecho Hombre en el niño Jesús. Un acontecimiento eminentemente cristiano y religioso. Acontecimiento cuyo alcance es a toda la humanidad y que deberían festejar todos, porque es un acontecimiento que trae a todos bien, paz, alegría y armonía. Quizás no todos lo acepten, pero en el fondo todos saben que es así. No habrá que desaprovechar la oportunidad de recibir tan grandes dones. Dios no sólo se aproxima a la historia humana, se vuelve una parte más del hombre y su historia y le da sentido.

Es un hecho histórico para todos, si bien no todos ni lo creen, ni lo aceptan. Es su decisión. Hoy ha sido rebajado por muchos a una fiesta en que se felicitan sin el nacimiento, sin el motivo. Triste realidad. Sin embargo, una cosa hay que reconocer: se le vacía de su sentido, no se le reconoce, no se cree, pero es tan grande que… ¡es preciso seguirlo festejando les guste o no! ¡lo comprendan o no!

Así que no diré felices fiestas sino ¡Feliz Navidad a todos!

¡Hasta la vista!

Juan Carlos Barradas Contreras

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Se aproxima el Rey

Sunday, November 27th, 2016

Uno de los sentimientos humanos más hermosos y excitantes es el gozo que antecede a la llegada de un evento altamente deseado o esperado como es el nacimiento de un hijo, la entrada a esa casa nueva que tanto esfuerzo costó, ese día de cumpleaños acompañado de una magnífica fiesta, el estreno de un vehículo nuevo, la llegada de ese familiar tan querido, etc.. La expectativa de algo que para nosotros significa un anhelado deseo cumplido hace que se dispare una emoción única y poderosa que transforma el momento de vida en un espacio sublime de perfección, ya que olvidamos todas las dificultades experimentadas para lograr ese fin. Pareciera ser que todo el organismo se pone de fiesta y se prepara para recibir el regalo materializado desde lo más profundo del corazón.

Cuando esa espera se ve acompañada por más personas para las cuales también posee un sentido especial, la vivencia se ve multiplicada exponencialmente, ya que todos participan de su emoción y la expectativa crece inundando el momento, despertando los más bellos sentimientos humanos hacia los demás. La energía resultante podría iluminar el planeta entero si fuera posible transformarla en luz. Aún las personas que con recelo han observado el fenómeno desde fuera, no quedan exentas de participar de la experiencia, aunque no siempre de una forma positiva. De cualquier modo, todos resultan afectados por el nuevo aire que se respira cuando algo grandioso está por acontecer.

Las personas que han participado de eventos de este tipo pero relativos a la espera de personajes que por su investidura resultan altamente importantes en la historia, destacan que existe una añadidura al mundo de emociones experimentadas: la sensación de que se trata de un ser especial les hace sentir su pequeñez, mas no en un sentido negativo, sino que da la impresión de estar ante un acontecimiento único del cual se hablará por los siglos, constando que la presencia de cualquiera de los ahí presentes ha significado un extraordinario regalo que añade a su historia una de los más grandes recuerdos.

Si este advenimiento resulta de tal magnitud cuando se trata de personas muy importantes para la humanidad, imaginemos cuando el esperado es un rey. La mayor parte de la humanidad concluye sus días sin haber experimentado jamás la presencia, cercanía o acompañamiento de un monarca, dado que se trata de un líder cuya existencia es altamente cuidada y no siempre expuesta al público. Sin embargo, y teniendo en cuenta las huellas cognitivas que poseemos acerca de la magnificencia de un soberano –experiencia extraída de los libros de cuentos que nos acompañaron en la infancia-  no es difícil imaginar que la oportunidad de estar cerca de uno resulta todo un acontecimiento difícil de describir.

¿Y si el aguardado es un dios? No puedo imaginar lo que experimentaron las personas que rodearon, en su momento, a hombres venerados como deidades tales como los del antiguo Egipto, o Buda, o los avatares hindúes. El poder compartir el aire que respiraban debió ser, sin duda, una circunstancia que marcó la vida de muchos y significó un parte aguas en sus existencias. Y hasta aquí me he referido a personas humanas consideradas como dioses…

Ahora, ¿y si el esperado es un Dios –con mayúscula- nacido Dios desde la eternidad (no un hombre elevado a dios), creador de todo lo existente –incluyéndonos- motor de todo lo que se mueve, con naturaleza de amor, omnipotente, omnipresente, luz perpetua, inmortal, infinito, inmutable, incomparable, inescrutable (no se le puede llegar a conocer por completo), omnisciente (conocedor del pasado, presente y futuro), perfecto, justo, único, Trino, santo, afable, y además dispuesto a acercarse a tu existencia, a adoptarte y a acompañarte cada día de tu vida, sosteniéndote y regalándote lo que necesitas para perfeccionarte? Esta experiencia, por su dimensión, sólo puede explicarse y describirse desde cada alma que la vive. Escapa a mi intelecto el encontrar las palabras que definirían con cierta cercanía esta vivencia única de un Dios que me busca a mí de manera personal, sin importar mis límites o defectos, mi condición social o económica. Esto sólo puede entenderse permitiendo la experiencia y dejándose amar por Él.

Una humilde mujer de Nazareth vivió por primera vez esta condición de espera hace más de 2000 años. En su vientre albergó al Dios que, en su infinita bondad, buscó al hombre para salvarlo. Porque cabe aclarar: este Dios de dioses se hizo hombre para poder redimir a todas sus creaturas y regalarles el Cielo. Nunca antes se había escuchado acción tan portentosa.

Muchos no creen en Él pero resultan afectados por Su Presencia. Su sol surge para todos…también para ti. Este domingo iniciamos su Adviento, la espera única de su llegada, que implica una preparación para recibir al Rey de reyes. Él viene para ti y tocará a tu puerta. Ojalá lo recibas como se merece porque…viene a salvarte de nuevo…y a quedarse contigo. ¡Preparemos el camino! ¡Renovemos el alma y vistámosla con traje de virtud!

Psic. Mildred Elena Barrios Matos

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