El poder de la música y el canto

Mi abuelo fue un director de orquesta y mi abuela pianista concertista. La música ha acompañado mi existencia desde mi infancia y he podido escucharla desde los famosos discos de acetato hasta los modernos reproductores presentes actualmente en los mercados. La música ha sido el “telón de fondo” e inspiración de muchos de estos artículos, ha tranquilizado mi espíritu angustiado, ha dulcificado mis tareas cotidianas, ha armonizado mis recorridos entre el tráfico, ha envuelto mis más profundas oraciones, incluso ¡ha estado en la sala de quirófano durante mis cirugías! En fin, me es difícil concebir mi vida sin mi melódica compañera.

La música como tal es un reflejo del alma del ser humano. El tipo de música que cada persona prefiere revela lo que hay en lo más profundo de su corazón y le permite transmitirlo en un código que sólo puede ser comprendido por individuos afines a ella. La integración armoniosa de sonido, canto, baile e inspiración, comunican un mensaje que impactan tanto áreas cognitivas como emocionales que hacen que la emisión sea integral y plena, no dejando lugar a dudas de lo que se desea transmitir. El que habla en sinfonía no se guarda el más mínimo detalle de su mensaje.

Es reconocido el poder terapéutico de la música. Suelo poner música suave y relajada cuando atiendo a niños hiperactivos, por ejemplo. Es maravilloso observar cómo van tranquilizándose poco a poco, logrando un acomodo interior que les permite ponerse en contacto con su entorno de una manera equilibrada y tranquila, situación que les permite escuchar y aprender. Por otra parte, si la idea es provocar estimulación ante alguien apagado anímicamente, un poco de música de compases alegres puede lograr excelentes resultados. Del mismo modo, se ha comprobado que la música actúa como un poderoso remedio para males físicos como la hipertensión, modificación de niveles hormonales o apaciguar contracciones estomacales. Cierto tipo de música, dicen los expertos, puede favorecer también un mejor desarrollo del feto.

Unida entrañablemente a la música está el canto. El canto sigue a la música como un ave que se deja llevar suavemente por el viento. Es el contenido textual de la música y le otorga un sentido propio y una expresión que matiza las palabras hasta llevarlas a su máximo significado. “El que canta ora dos veces”, frase atribuida a San Agustín, revela que el que canta alabanzas no sólo alaba sino que lo hace con alegría y con amor a quien le canta. Es un reconocimiento amoroso para Dios y una forma excelente de ponerse en contacto con Él, logrando transitar por una vía hacia lo mejor de uno mismo, hacia una expresión profunda del ser que se dona al Amado. El que canta regala su persona con cosas que no pueden ser expresadas en palabras, logrando el nacimiento de un lenguaje único que se conecta con el corazón del otro. La música revela los sentimientos más profundos que no pueden ser callados pero cuya transmisión resultaría siempre incompleta utilizando las vías comunes.

El ritmo de la música es el ritmo de nuestro corazón. La vibración que produce en nuestro ser armoniza y equilibra nuestra mente y nos permite realizar una conexión única con el entorno. Con la música se favorece un clima que tiende a fomentar la unión. Responde así, a una necesidad de establecer contacto sin barreras, uniones íntimas y de tal calidad que pueden impactar anímicamente en muchas personas y sintonizarlas hacia un fin, rompiéndose el yo y el tú para entonar un especial “nosotros”. La música envuelve y abraza, eleva y amplía el horizonte, conmueve y arrebata el alma que busca volar hacia el que la escucha.

Salvo casos atípicos de personas que padecen amusia (trastornos que inhabilitan para reconocer tonos o ritmos musicales o de reproducirlos), todos podemos recibir los múltiples beneficios de la música, del canto o de ambos. No olvidemos que se trata de un tipo peculiar de lenguaje que surge de la estimulación de múltiples áreas cerebrales y que facilita el desarrollo de habilidades como el aprendizaje y la memoria, al mismo tiempo que fomenta el deseo de contacto con otros mediante vínculos emocionales únicos. Decía Nietzsche que “sin música la vida sería un error”, cosa con la que concuerdo. Así que ¡a escuchar música y a cantar!

Psic. Mildred Elena Barrios Matos.

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El poder de la música y el canto

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2 Responses to “El poder de la música y el canto”

  1. Vicente López says:

    Mil: espero que algún día la gente que te lee sepa que gracias a tus deseos, conocimientos y habilidades musicales, se creo el coro de voces de la Casa – Hogar de las Madres Trinitarias, lo que hace real tu hermoso artículo sobre la música y el canto. GRACIAS!!!! Vic.

  2. José Palma says:

    Conciliar mente y corazón no siempre resulta fácil para algunas personas. Asumirnos como seres emocionales a la vez que racionales, puede representar una verdadera batalla que, para muchos, nos ha significado un largo proceso de aceptación de la propia emocionalidad. En mi caso la música y muy concrétamente la Ópera, se ha constituido en una poderosa herramienta para conectarme con mi “lado sensible”. Me resulta imposible no conmoverme con la muerte por amor de Violeta Valery en la Traviata de Verdi o dejar de sentir enojo por el engaño y abandono sufrido por la geisha Cio-Cio San que al final la llevó a tomar su propia vida en la “Madama Butterfly” de Puccini o sentirme seducido por la agresiva e irreverente sensualidad de la hermosa gitana “Carmen” de Georges Bizet, capaz de volver loco de pasión a cualquier hombre.
    Como expresión musical y artística, al final, la Ópera resulta no ser mas que un medio para hablar sobre pasiones, emociones y sentimientos que muchas veces reprimimos y hasta negamos sin caer en cuenta que, con ello, negamos una gran parte de nuestra condición humana y quizá, el gozo que dicha condición debiera de traer consigo.
    A veces me parece encontrar en la engañosa improvisación de una pieza de jazz, un reflejo bastante aproximado de esa lucha por permanecer en contacto con mis emociones: confusa y hasta inconexa por momentos pero, si se pone atención, se llega a percibir la sutil línea melódica que une a todos los instrumentos y que al final, valga la analogía, termina por unir a la mente y al corazón, a la sensatez y al sentimiento, como las dos mitades de un “todo” hermoso.
    Saludos.

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