¿Justicia o misericordia?

Es bien sabido que nos encontramos en uno de esos momentos de la historia en México en donde convergen una serie de elementos que son “caldo de cultivo” perfecto para el estallido de un movimiento social que rompa el statu quo en el que nos encontramos, en donde unos pocos poderosos dominan el escenario general de la vida pública y sostienen su poder mediante la impunidad, el miedo y la mentira. El reclamo de justicia empieza a ser un clamor generalizado que se convierte, en muchas ocasiones, en focos de violencia en donde el pueblo busca la equidad por sus propios medios. Una pobreza creciente, un crecimiento exiguo, un gasto gubernamental excesivo, un olvido de promesas de campaña, la desaparición forzada de muchos jóvenes en algunos estados de la república, la ejecución de periodistas, la tortura como medio privilegiado de represión, son algunas de las condiciones que hacen hoy de nuestro país un verdadero “estado fallido”, aunque nuestras autoridades se rasguen las vestiduras diciendo que eso es totalmente falso.

Ante este orden de cosas, la sociedad grita con fuerte voz que se haga justicia, con lo cual está pidiendo que se dé a cada quien lo que se merece, que los culpables de toda la debacle que vivimos sean puestos en prisión y que se restablezca el orden de cosas en donde resurja la paz y la dignidad.

Los caminos para obtener tan justo objetivo pueden ser varios y de muy diversa índole, e implicar medios también muy distintos y con un costo variable dependiendo de lo que se quiera sacrificar en cada uno de ellos. Los movimientos sociales, un golpe de estado, la desobediencia ciudadana, etcétera, son respuestas probables con un alto costo puesto que sabemos que costarán vidas humanas que truncarán sus caminos en pos de un ideal, aunque éste sea sublime. Sin duda recordaremos a esos héroes que nos devolvieron la patria pero tendremos que seguir sin ellos, cosa no poco lamentable.

Ahora bien, existe otro camino por el que muchos menos votan porque no exige de violencia, de cambios drásticos e inmediatos ni de pérdidas humanas. Es un camino pacífico para el que se requiere únicamente del profundo deseo de apoyar al otro en función de sus necesidades, y este camino se llama misericordia. En este sentido, misericordia implica dar al otro lo que necesita y con esto nos vamos a la cúspide de la propia justicia.

Una persona misericordiosa no busca aplicar la ley del talión al que le ofende sino que busca en lo profundo de su corazón aquello que el agresor necesita. Cuando tratamos a la gente con justicia nos estamos deteniendo en los actos que comete y en cómo eliminarlos sin atender la causa de dichos actos; si la tratamos con misericordia, estamos hurgando en las razones que le llevan a cometerlos y nos interesará el cómo eliminar el motor de sus acciones negativas para que no vuelva a realizarlas. El enfoque es, a todas luces, mucho más definitivo y terminal que cuando la justicia simple y llana se aplica.

Esto quiere decir que la justicia es incompleta si le falta la misericordia, misma que la culmina y plenifica. Cuando nos quedamos en la justicia, únicamente nos estamos ocupando de las ramas del árbol enfermo, mas no del tronco por el que circula la savia contaminada. Sanar el tronco implica salvar al árbol.

Estoy segura que estarán pensando que se trata de una utopía propia de un pensamiento angelical y falto de realidad, puesto que no he vivido la experiencia de estar frente al secuestrador de una joven hija. Pues bien, ese secuestrador infame podría ser enclaustrado en una cárcel de por vida y perderse para siempre como un ser útil a la sociedad y viviría cada día pensando cómo escapar de su cautiverio para vengarse de sus captores. Dolor y coraje se acumularían cada día en su corazón haciendo más negra su conciencia. Por otra parte, para los agredidos, su pensamiento se irá -de vez en vez- al recuerdo de ese delincuente encarcelado, pidiendo que no vuelva a ver la luz del sol en los días que le quedan de vida y que pague cada acto reprobable cometido. La basura psicológica, como puede observarse, ha quedado en ambas partes. La propuesta aquí es, sí, que se le encarcele, que se le prive de su libertad pues no sabe usarla adecuadamente (justicia), pero que se le dé oportunidad de componer su existencia hacia algo mejor y más humano (misericordia). La propuesta es que se le ayude a concientizar sobre las razones que lo llevaron a actuar así, y un detonante poderoso para iniciar esta reflexión es el perdón misericordioso que la parte agredida pueda otorgarle. Esta medicina posee el enorme poder de regenerar las más profundas fibras del corazón de ambas partes y liberar del cautiverio de la ira a los contendientes.

Queda decidir, queridos lectores, qué es lo que deseamos como sociedad: mayor justicia sin misericordia o mayor justicia misericordiosa. La respuesta empieza en el actuar de cada uno. Te lo dejo para meditar deseándote una bella semana llena de misericordia en tu vida.

Psic. Mildred Elena Barrios Matos

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Justicia o misericordia

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2 Responses to “¿Justicia o misericordia?”

  1. Vicente López says:

    Mil: tus dos palabras, Justicia y Misericordia, parecen como dos figuras distintas: un círculo y un cuadrado. La mayor parte de mi vida, para resolver un conflicto, he tomado sólo la Ley del Talión. En sólo 3 o 4 instancias he podido perdonar, optando por el amor. Es decir, sí es posible, pero tu respuesta es paradójica en el sentido de que, aunque podamos entenderla, aun es imposible para nuestro cerebro optar por las dos opciones al mismo tiempo. Te felicito es un excelente artículo, con un visión muy avanzada para nuestro tiempo. Vic.

  2. Elena says:

    Verdaderamente interesante pero sobre todo sumamente intrigante como suele ser la naturaleza humana.
    Sabemos que, en el sentido noble de nuestro ser, todos estamos llamados a tener misericorida por los demás así como nosotros queremos experimentar la misericordia humana y divina. Sin embargo, resulta ampliamente difícil ser misericordiosos con aquellos que más nos han lastimado ya sea en el plano físico, moral o sentimental.
    Hoy en día ni siquiera percibimos justicia en diversas esferas de la sociedad. Tampoco hay equidad, igualdad de condiciones ni oportunidades, ayuda mutua…en múltiples ocaiones quedan solo como ideales y adornos de motivantes discursos.
    Claro esta que la misericordia es realmente la mejor alternativa a elegir, pues como bien señala, la raíz de toda agresión y conducta inapropiada suele ser alguna enfermedad, herida o problema personal de quien ejecuta la acción. Y lo más conveniente, para todos, sería atacar el problema de raíz.Cabe cuestionarnos entonces si es mejor ser injusto y buscar solo el bien propio, justo e ignorar el dolor de los demás o misericordioso y procurar el bienestar común. Después de todo bien dicen que: “con la vara que midamos, seremos medidos”.
    Que belleza y grandeza de corazón y que poderosa alma aquella que puede perdonar así como Dios nos perdona.

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