Sobre las marchas en favor de la familia natural

Hace unos días cientos de miles de mexicanos nos expresamos marchando por las calles reafirmando nuestra convicción por la familia natural constituida por papá, mamá e hijos. Esto ha provocado reacciones agresivas y violentas de la comunidad lésbico gay –LGBTTTI- que se dice “ultrajada” o “discriminada” por tales manifestaciones. Pero ¿qué hay de verdad en esto?

Primero. Las acciones privadas e íntimas tienen repercusiones públicas y sociales. No se puede afirmar que lo que alguien haga en la intimidad de su cuarto no tenga repercusiones sociales. El estilo de vida personal constituye la propia cultura que se manifestará exteriormente en una forma de vivir que se comparte con los demás socialmente. El afán de placer, de satisfacción personal, de hedonismo no quedará reducido por “arte de magia” a la propia habitación, se buscará en todo momento y lugar. Ya Aristóteles lo decía: sólo quien cultiva el bien o virtud individual podrá procurar a los demás lo mismo. No se puede de otra manera.

Segundo. Por otra parte, si hablamos de violencia de género hay una que es totalmente evidente. Aristóteles explica que la violencia se produce cuando se va contra la naturaleza; ahora bien, la naturaleza se manifiesta por ser principio de operación, es decir, lo natural está en que el modo de obrar nace del ser de las cosas. Es natural, por ejemplo, que un perro persiga a los gatos o el gato a los ratones. Así son y no hay duda.

En consecuencia, hay una clara violencia de género: la de los homosexuales y lesbianas que van totalmente contra el modo de obrar que les corresponde naturalmente, pues es natural por su naturaleza genética, biológica y psicológica que el varón se sienta atraído por la mujer y viceversa. Los homosexuales y lesbianas van contra ello violentando su naturaleza. ¿Alguien puede dudar que sea violencia de género?

Tercero. No se puede otorgar la oportunidad de adoptar a parejas homosexuales. El derecho del niño es a tener padre y madre, eso fue lo que perdió, de lo que está privado. No se sustituirá jamás otorgándoles dos padres o dos madres; la adopción no es derecho de los homosexuales sino de los niños, derecho a tener padres. Por otra parte, quien carece de identidad sexual clara difícilmente será capaz de contribuir a que otros obtengan la propia. Es preferible que el niño permanezca en un orfanato en espera de unos padres heterosexuales, a que sea entregado a personas con problemas de identidad, de otra manera se le añade otro problema: no tener padres y adquirir otros que no respetan la realidad natural. No se puede apelar a la “misericordia” o a argumentos sentimentales en favor de algo que termina perjudicando al niño. Entregarlo a parejas igualitarias va en detrimento del niño.

Cuarto. Tener problemas de identidad sexual –disforia de género-, no justifican intentar lo absurdo: cambiar la genética, las hormonas, el cuerpo a lo que una consciencia turbada manifiesta, en lugar de corregir la conducta desviada. En lugar de tratar de cambiar todo lo adverso a lo que se “siente”, sentirse mujer siendo varón o viceversa no justifica tratar de transformarse íntegramente yendo contra la totalidad del propio ser, sino que exige corregir lo que se siente pues hay miles de cosas que sentimos y eso no nos obliga a serlas.

Quinto. No otorga al Estado el derecho a imponer la ideología de género en la educación, con el pretexto de que se conozca y practique la diversidad sexual. Se pueden admitir jurídicamente uniones homosexuales, reconociendo que eso es para ellos. Esto no obliga a todos a admitir tales uniones como “normales”, ni a imponer a los niños la ideología de género en el ámbito educativo. Se pueden regular sus relaciones pero no imponer a todos una ideología como si fuera lo más normal del mundo. Pretender hacerlo hace del gobierno un gobierno autoritario e impositivo, violentando los derechos de muchos. Reconocer jurídicamente las relaciones homosexuales, no implica imponer a los demás su cultura o estilo de vida.

Mucho se insiste en que el Estado es laico, es verdad, pero se olvida que lo laico le corresponde al gobierno, no al pueblo –que tiene derecho a elegir y vivir sus creencias-. Con la ideología de género se está creando una nueva forma de “dogma de Estado”  – la creencia en que el hombre y todos sus caprichos deben ser absolutizados y respetados religiosamente- , que la autoridad arbitrariamente está tratando de imponer.

Sexto. Los derechos no nacen de los caprichos o deseos de la gente para “realizarse”, sino de la persona humana para desarrollarse conforme a límites estrictos. Los derechos van ligados a las obligaciones que el ser humano posee para cumplir con acciones que contribuyan a lograr el propio bien que es la virtud o fuerza que lo hace ser dueño de sí mismo; y, lograr o contribuir a que se le logre el verdadero bien común para el desarrollo de todos. Los derechos no se orientan a que el hombre haga lo que le plazca, ni alcance la satisfacción de sus caprichos. Lo bueno es el fin, dice Aristóteles, y es aquello en lo que se alcanza la propia perfección individual y social.

Aclaradas las cosas, nuestras acciones no van contra la comunidad LGBTTTI, sino en favor de la familia y del hombre rectamente entendidos, sin afectar los derechos de terceros que por su libre albedrío pueden optar por lo que quieran y se les debe reconocer jurídicamente, siempre y cuando no traten de imponer lo imposible.

Cada quien elige y es responsable. Y tú ¿cuál es tu opción?

Hasta la vista.

Juan Carlos Barradas Contreras

[email protected]

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