La metamorfosis del ser humano

Una de las más brillantes intuiciones del filósofo griego Aristóteles fue aquella que le permitió explicar atinadamente el proceso del cambio de todos los seres, recurriendo a los principios que constituyen a todo ser sujeto al dinamismo: la potencia, como capacidad real de poder llegar a ser; y, el acto, como el ser ya realizado o perfección. Así por ejemplo, si los huevos, la leche, la harina, el azúcar y la mantequilla se convierten en pan, es porque tienen dentro de sí una capacidad real, potencial, para llegar a ser pan como acto realizado por acción del hombre. Es una capacidad real que está ahí, el ser humano sólo la aprovecha. En cambio, por mucho que el hombre hornee una roca jamás logrará hacer de ella un pan, aunque lo contrario sí puede ocurrir: ¡hacer que el pan se convierta en una roca! Aunque es algo accidental que muchos hacen.

El paso de la potencia al acto exige la intervención de un tercero que ya posee la perfección y realiza lo adecuado para que la potencia se actualice. Poner la semilla en tierra fértil y digna la hace nacer, nutrirse, reverdecer y dar flores y/o fruto. Ha habido factores que han llevado a la semilla a crecer y desarrollarse.
El ser humano se desarrolla de manera semejante. Es preciso que haya alguien que lo coloque en tierra fértil para que se nutra, crezca, se desarrolle y finalmente dé fruto. Ahí se encuentra el trabajo de sus educadores y la mano que lo lleva a extraer todo el potencial que trae dentro. Eso es la educación. Un educando llegará hasta donde lo impulsen sus educadores. Un educando sin educadores es como una semilla sin quien la siembre y la haga germinar.

Sin embargo, el caso del ser humano es especial. Conforme avanza en madurez, él mismo puede propiciar su propia metamorfosis. Posee la capacidad de autodeterminación para moverse a sí mismo, para buscar aquellas condiciones que le permitan desarrollarse. No tiene que “sentarse” a esperar que alguien lo coloque en las condiciones adecuadas para germinar, ni que la tierra sea fértil. Él puede buscarlas por sí mismo.

Dos son las claves que hay que tomar en consideración y aplicarlas. Una, que la semilla germina ahí donde se confía en que puede hacerlo. El mismo Aristóteles afirma que la potencia sólo puede conocerse en relación al acto; es decir, sólo se sabrá qué capacidad se posee hasta que se pone en acto, antes, no hay manera de saberlo. ¡Sólo sabrás de lo que eres capaz si lo intentas! Y, además, serás capaz de intentarlo si crees que es algo potencial en ti. Afirmar desde el principio “no puedo”, “no es posible”, “no puede realizarse” es condenarse a la inacción, que equivale a dejar morir la semilla antes de sembrarla. Equivaldría a un campesino que dijera: “no siembro esta semilla porque no sé si germinará”.

Hay quienes se deprimen porque expresan que nada puede hacerse; para ellos nada puede hacerse porque no lo han intentando; no lo han intentado porque no lo creen posible y… cuando nada ocurre, concluyen: “lo ven, nada puede hacerse porque hasta ahora nada ha ocurrido”. Y ¡se deprimen más!

¡Sólo si crees que es posible desde el principio intentarás hacerlo! Todas las grandes acciones y empresas humanas han comenzado porque alguien expresó: “voy a hacerlo”, pese a las voces en contra que gritan: “eso no es posible”.

La otra clave se desprende también del mismo Aristóteles cuando afirma que el Acto puro mueve a todas las cosas atrayéndolas hacia sí. No las empuja, las atrae suavemente porque todas buscan su perfección que se encuentra sólo en un ser pleno. Las atrae por amor. Aristóteles no llega más allá… y se queda uno con las ganas…

¿Cuál es la clave? Llegarás a dónde quieras llegar si no sólo lo crees potencial para ti, sino que además existe un gran amor para ti, algo que te mueve hacia sí, siendo realmente valioso y pleno. Un ideal de plenitud,… Aquí es donde hay que soñar en grande.

Con esas dos claves para empezar, en cualquier momento podemos ver las grandes metamorfosis del ser humano. Uno se queda con la pregunta ¿por qué no las vemos tan frecuentemente?

Como ven, la filosofía antigua siempre tiene mucho que enseñar hoy.

Hasta la vista.

Juan Carlos

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6 Responses to “La metamorfosis del ser humano”

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