Amar, servir, obedecer

November 21st, 2016

Uno de los verbos más utilizados en los tiempos actuales es el verbo amar. Se emplea muy fácilmente y se aplica a todo aquello que se pretende es una forma de entrega personal a los otros, en especial cuando implica un sentimiento que hace que la persona “se sienta bien”. Es el amor considerado ante todo como un acto afectivo. Desde este ángulo se pretende que todo queda justificado por el amor. Hace que la persona alcance un estado de bienestar, de sentirse “bien”, de estar contento y, según esto, por lo tanto es amor. Palabras cariñosas, algo de atención, pequeñas atenciones y ¡he ahí el amor!

Claro está que así se puede traducir en sentimientos vacíos que en realidad nada tienen que ver con el amor. Es la sensiblería que se traduce en tratar de que las personas se sientan simplemente bien, aunque sea con puras palabras al mismo tiempo que se puede vivir bajos los más grandes abusos. Son frecuentes los casos donde las personas, tras sufrir abusos o violencias, son “consoladas” con palabras bonitas, con falsas promesas de amor, incluso con regalos que se orientan a hacer que la persona abusada se sienta bien, se sienta “amado y, lo que es peor, a menudo tal persona cae en el juego. ¿Es amor? Por supuesto que no. Sentir o hacer sentir bien por sí mismo no es amor, e incluso puede ser una forma de manipulación que nada tiene que ver con el verdadero amor y puede ser una simple manifestación de egoísmo.

Cuando se trata de verdadero amor de lo que se trata es de obrar el bien real en favor de aquél que se dice que es objeto de amor. No que la persona se “sienta” bien, sino de que reciba un bien real. El verdadero amor, centrado en el bien del otro puede ser sumamente exigente. Impulsar a que la persona amada realice esfuerzos, sacrificios y saque todo el potencial del que es capaz aunque no sea muy grato. El verdadero amor no trata de consentir, de hacer sentir bien, sino de que la persona alcance el bien que le corresponde aunque tenga que hacer acopio de energía y actuar en contra de lo que se siente o de los propios deseos o impulsos. Amar es que la persona sea mejor que lo que es, no que se sienta mejor.

Esto significa una cosa. Amar es servir a la persona amada. Y, servirla, implica hacerlo con objetividad, no para lograr que la persona se sienta bien, sino para que, conforme a su propio ser personal, obre lo que es realmente mejor para él. El verdadero amor no depende del punto de vista, no depende de lo que a mí me parezca que es lo bueno, ni es relativo a alguien. Es como es, es hacer que la persona alcance lo bueno que puede alcanzar de acuerdo a su propia naturaleza. El relativismo es opuesto al amor. Es obrar lo que es bueno, lo que perfecciona al sujeto, lo que lo hace desarrollar su potencial, lo que extrae de él todas las cualidades y potenciales latentes y ocultas, en esencia no tiene que ver con sentimientos, con estados de ánimo ni con puros estados afectivos.

Y habría que añadir algo. Amar es servir y, servir es obedecer. Habrá que aprender a no hacer lo que quisiéramos, sino sólo y exclusivamente lo que es necesario para el bien del ser amado. No lo que nos gustaría, lo que nos haría sentir bien, sino aquello que en verdad contribuye a que la persona amada se desarrolle, se supere, sea mejor y no simplemente se sienta bien, porque a menudo, amar no hará sentir bien a la persona, la hará ser mejor,… aunque sea al final del proceso.

Por eso, cuando afirmas que amas pregúntate: ¿Amas para que la persona amada sea buena o simplemente porque deseas hacerla sentirse bien? Es tu decisión y en ella entra en juego un verdadero amor.

Hasta la vista.

Juan Carlos Barradas Contreras

[email protected]

amar

El efecto Trump

November 13th, 2016

Las pasadas elecciones en Estados Unidos que dieron como ganador al magnate Donald Trump, han llevado a una reacción universal -ampliamente generalizada- de rechazo y temor, dadas las constante amenazas y reacciones impulsivas de tan controvertido personaje. Sus propuestas tendientes a reactivar el nacionalismo norteamericano, el racismo, la destrucción del TLC, la separación con México con un muro, la prohibición de dar entrada a los refugiados, establecer represalias contra China, etc., han puesto en vilo a más de una nación,  particularmente la nuestra, dadas las condiciones de vecindad que han favorecido la constante inmigración de nacionales que van en busca del llamado “sueño americano”, así como el comercio de armas y drogas cuyo consumo es preferente en el vecino país del norte.

Pocas veces se ha visto tanta homogeneidad de pensamiento en relación a un tema, y éste es uno de ellos. Donald Trump ha logrado generar una reacción que ha puesto sobre la mesa mecanismos cohesivos entre los mexicanos que parecieran borrar las muchas diferencias con las que solemos convivir en el día a día, superando en importancia mediática cuestiones como la desaparición de ex – gobernadores, controversias por ideologías de género, incremento de índices de criminalidad, multiplicación de errores presidenciales, atentados contra religiosos, etc.. La aparición de “memes” ridiculizando al odiado presidente electo se ha vuelto viral, superando en mucho a otros discutidos personajes y temas.

No son pocas las razones para temer y estar muy atentos a los acontecimientos próximos que rodean a la política estadounidense, pero creo que hay que tomar en consideración una serie de reacciones que han sacudido la modorra en la que nos encontrábamos inmersos para hacer surgir propuestas, ideas, planes que se mantenían bajo la mesa debido a nuestra dependencia a países extranjeros. Es verdad que no podemos sustraernos a la globalización imperante en el mundo, pero hay una serie de condiciones que habíamos abandonado como nación para hacernos al modo de otros países cuya economía y liderazgo mundial acabaron por vendernos hasta su cultura, menoscabando la propia. Baste imaginar la famosa cuestión de los individuos disfrazados de payasos siniestros que empezaron a generar desconcierto en varias partes de México, usanza que no surgió en nuestra tierra sino que fue importada de Estados Unidos como tantas otras cosas que consumimos día a día, sin darnos cuenta de que podemos tener mejores cosas en nuestra propia patria.

“No hay mal que por bien no venga”, asienta conocido refrán, y hoy estamos ante un ejemplo de estas sabias palabras. Trump despertó no sólo la conciencia nacionalista de su país sino también del nuestro. Atacar a los mexicanos en la forma como lo ha hecho y ningunear nuestra cultura ha merecido una respuesta al interior de México como pocas veces se había presenciado. Ahora bien, la verdadera protesta –pienso- no debería consistir en atacar a Trump, situación que bien poco importa al aborrecido sujeto, sino en exaltar nuestras raíces y recordar que los mexicanos hemos dejado huella no sólo referente a actos delincuenciales sino también como personas capaces de unirse para enfrentar dificultades y ayudar al que lo necesita. Somos seres pensantes y creativos, idealistas y capaces de ser generadores de cambios. Es hora de tomar las riendas de lo que nos toca a cada uno hacer frente a esta adversidad. Léase: volvamos a lo esencial. Ningún país se derrumbará si sus habitantes logran unirse y compartir lo que poseen para que a nadie le falte, así se trate de ideas como de beneficios. Existen muchos más países dispuestos a trabajar con nosotros para superar las crisis económicas y sociales que nos aquejan. Por tanto, volteemos a ver a estas naciones y no hagamos depender todo de Trump. Hay mucho más que su soberbia ante los nuestros. La determinación de ser lo que queremos ser no depende de ninguna nación extranjera sino de nosotros mismos, de nuestra historia, de nuestra unidad cultural y de nuestra disposición para el trabajo en conjunto.

La alternativa era Hillary Clinton pero tampoco era una buena opción. Si el Creador permitió que el frente de guerra fuera Trump, razones tendría para hacerlo…quizá hacernos despertar de la holgazanería y dependencia respecto al vecino país. Así que asumamos el reto y recordemos lo que somos y la enorme riqueza que poseemos. Ya es tiempo, ¿no creen?

Psic. Mildred Elena Barrios Matos

[email protected]

el-efecto-trump

¿Si quiero, puedo? O ¿Si puedo, quiero?

November 7th, 2016

Una de las maneras para persuadir a alguien a hacer algo es lanzarle un reto o un desafío, o incluso decirle que no puede hacer algo. ¿Cuál será su reacción? Normalmente su respuesta será indicar que sí es capaz de hacer las cosas y ¡lo hará! Esto no aplica en el caso de una persona que por sistema se siente incapaz o falto de fuerzas o con un auto concepto o autoestima erróneos.

¿La razón de que sea un mecanismo de persuasión? Toca las fibras más íntimas de la persona que se enraízan en la idea de que por ser una persona humana posee facultades que lo habilitan para ser dueño de sí mismo y de obrar, consiguientemente, en favor de lo que piensa, decide y quiere llevar a cabo a través de su voluntad y todas sus potencialidades.

Tradicionalmente se afirma que “querer es poder”. Lo cual es verdad parcialmente. No siempre es así. Hay muchos que afirman querer pero luego se topan con la pared que les impide hacerlo, simplemente no pueden. Por supuesto, no les ayuda que se les diga que lo que ocurre es que no quieren, en realidad eso los frustra más.

El mecanismo que se encuentra detrás del que afirma que “quiere pero no puede”, es que en el fondo aunque “quiere” es que está convencido de que “no puede” y, por consiguiente, en realidad “no quiere”. Complejo y aparentemente contradictorio ¿no?

Veamos con calma. En realidad es sencillo de entender. “Quiero dedicarme a un negocio” -se dice-, pero choco con que “no puedo”. Las más de las veces lo que ocurre es que se dice que se quiere convencido de que no se puede, en esos casos no se quiere sino que se “quisiera” como un sueño o una ilusión: “quisiera ser capaz de emprender un negocio (ocultando que estoy seguro que no podré)”.

Estando así las cosas, jamás se pasa a la acción ¿para qué? Una ley psicológica es que la voluntad permanece inmóvil si la inteligencia le presenta algo bueno pero, sólo eso, algo bueno, imposible de alcanzar… para quien lo mira. No existen los imposibles, lo que existen son aquellos que tienen la convicción de que no es posible; o que ellos no pueden; o que nadie puede; o que si ellos no pueden, nadie puede; y, si alguien ha podido ha sido por pura suerte.

De ahí que para querer, aparte de definir claramente qué es lo que se quiere, hay que partir del convencimiento de que sí se puede hacer y de que yo puedo hacerlo. Entonces, aunque es verdad que “querer es poder”, lleva implícito que “poder es querer”. Es decir, porque quiero –realmente lo quiero- puedo emprender los esfuerzos; lo que conlleva el íntimo convencimiento de que porque puedo lograrlo, en consecuencia, lo quiero. Todo el que logra algo que quiere, es porque está convencido que puede quererlo, puede hacerlo y puede lograrlo llegando a feliz término su empresa. Quienes han logrado las cosas, lo han logrado porque se han posesionado íntimamente la idea de que está a su alcance y, esto, a pesar de que se considere que la posibilidad es mínima.

Personas así, siempre exclamarán: “No me digas si es fácil o no, simplemente dime si es posible y, si es posible, lo quiero y lo haré”.

¿Cuál es la consecuencia práctica de todo esto? Todos los días levántate con una convicción personal: “Tú puedes todo lo bueno que quieras” y siempre rechaza esos pensamientos paralizantes del: “no puedo”,  “es realmente imposible”, “nadie puede”. Cámbialos por “¿Cómo haré para conseguir aquello que quiero, porque de que puedo, puedo?”

¿Acaso te parece que no puedes tener estos pensamientos? Entonces, simplemente estás paralizado porque no quieres. Recuerda siempre que tú eliges.

¡Hasta la vista!

Juan Carlos Barradas Contreras

[email protected]

john-p-foppe

La magia de la reparación del daño

October 30th, 2016

Una de las características de la hermosa época navideña que se nos avecina, es el temor infantil de cometer faltas que pongan en riesgo el merecimiento de los tan anhelados regalos elaborados cariñosamente por el ejército de duendes al servicio del sonriente Santa Claus. Los padres de los niños se encargan de mantener viva esta tradición como una forma de controlar la conducta de sus traviesos pequeños, mismos que no dejan de portarse mal eventualmente, sólo que ahora buscan la manera de reparar el daño con tal de que su falla sea borrada de esa maléfica lista que el gordito polar conserva.

Si bien estamos hablando de una fantasía que se ha conservado a través de siglos, siento que no hemos aprovechado suficientemente la oportunidad de que nuestros niños aprendan el maravilloso poder del arrepentimiento y la extraordinaria paz que reporta el poder reparar el daño, permitiendo así la posibilidad de un inicio en donde ya no existan ni ofensor ni ofendido, dado que la curación procedente de la recomposición del agravio favorece la anulación del dolor del ofendido y la culpa del ofensor.

Arrepentirse de mal realizado ocasiona en el agresor un sufrimiento producto de la asimilación de percibirse como falible, imperfecto, culpable, siempre y cuando dicha persona posea un grado adecuado de salud mental y moral. Adicionar características negativas a la identidad puede reportar un desajuste a la autoestima, ya que batallamos siempre por mantenernos como personas capaces de realizar cosas buenas por las que seamos reconocidos. Es por ello que tendemos a ocultar las malas acciones y/o a maquillarlas con colores de bondad, con tal de salvarnos de las recriminaciones de los demás. Se necesita poseer ciertos rasgos sociopáticos para que el ser humano se enaltezca del mal esgrimido, enorgulleciéndose del daño realizado hacia personas que se encuentran en una posición de debilidad frente a ellos. Personas así no se arrepienten de sus actos porque ni siquiera los perciben como ruines sino que consideran un acto de plena justicia el realizarlos.

Por otro lado, el ofendido experimenta el sufrimiento por sentirse humillado, robado, desprovisto de algo que le pertenecía, sea un bien material o moral. La sensación de injusticia puede generar en él un fuerte deseo de venganza que acaba de sumar un mayor dolor al que ya padecía. Aunque es el que “tiene la razón”, finalmente puede situarse en una condición de inmoralidad igual al del que le causó el daño, impidiendo así que su sufrimiento se remedie tiempo después. Y aun suponiendo que no decida vengarse, esta persona tiende a conservar en su corazón el dolor de su pérdida y el resentimiento contra la persona que se lo causó, ocasionándole un mundo de frustraciones que impactará en un futuro en muchas de sus decisiones.

Ambas situaciones –en el ofensor y en el ofendido- poseen una salida salomónica que libra a los protagonistas de angustias posteriores y los hace crecer como personas: la reparación del daño realizado. Arrepentirse no significa únicamente pedir perdón sino comprometerse a resarcir lo que fue objeto de pérdida para el agredido. Es esta condición la que permite la verdadera curación -en ambas partes- de la falta. El que ha pecado puede devolver lo robado teniendo en cuenta que dicho objeto (físico o moral) ya no regresa igual, dado que se le ha agregado una vivencia dolorosa que no tenía; por tanto, es menester procurarle un nuevo significado positivo al que le fue extraído. Esta labor, que puede durar un cierto tiempo, va curando las heridas del agraviado y del agresor, quien puede experimentarse como alguien capaz de superar sus propias debilidades. De este modo, el ofendido se siente como alguien con una dignidad tal que merece ser aliviado en su malestar; y el ofensor se experimenta como alguien con una dignidad tal que puede recuperar su autoestima positiva al haber superado un gran obstáculo y aliviado un dolor ajeno.

El agresor aparentemente pierde lo que robó pero en realidad gana mucho más con lo que devuelve al haber reparado el sufrimiento que causó. Si nos ponemos a pensar que la persona ofendida podría haber generado mucho daño con el dolor con el que se quedó, volviéndose agresivo con los demás, por ejemplo, pues resulta que el ofensor, al reparar la ofensa, evitó males mucho mayores que pudieron haber originado enormes pérdidas en mayor número de personas. El bien que produjo fue mucho mayor al mal que ocasionó.

En conclusión, queridos lectores, es tiempo de aprender a fabricar bienes como resultado de reparar daños en otras personas. Esto implica un crecimiento personal y abre la oportunidad de horizontes más humanos y profundamente amorosos. ¡Suerte en esta empresa!

Psic. Mildred Elena Barrios Matos

[email protected]

la-magia-de-la-reparacion-del-dano

¿Naturaleza o libertad?

October 23rd, 2016

Escribo este artículo un domingo por la noche, obvio es afirmar que mañana es lunes. Afirmar que es evidente me hace pensar en mis alumnos universitarios que ante muchas afirmaciones no se detienen a preguntar una cosa: ¿dónde lo leíste? ¿Quién lo afirma? ¿En qué libro está escrito? Poniendo de manifiesto que hoy ya no se pueden afirmar las cosas sencillamente porque así son, sino que se piensa que todo es una simple postura ideológica sin referencia a lo real y todo es una simple “construcción” social o mental.

La oposición entre expresar algo basados en una evidencia real o en una construcción mental puramente, se fundamenta en la oposición que hay entre partir de la naturaleza o en partir de la libertad como fundamento de la vida humana.

Aristóteles expresa que las cosas poseen una naturaleza, es decir, las cosas poseen un principio de movimiento y de reposo, un principio de operaciones, pues. Significa que la forma de obrar de algo pone de manifiesto su modo de ser. Por ejemplo, pertenece a la naturaleza del gato la amplia capacidad del mismo para orientarse, para cazar y actuar con sutileza, eso es parte de su naturaleza felina.  Operación y naturaleza son inseparables.

Aplicado a la naturaleza del matrimonio, en otro ejemplo, basta conocer la operatividad y clara complementariedad entre varón y mujer para afirmar, sin duda, que ésa es su naturaleza.

Como dato relevante, añadido por el mismo Aristóteles, es que la naturaleza tiene siempre por finalidad el propio bien, nadie actuará –naturalmente- contra sí mismo, a menos que ocurra una desviación o falla en la actuación, lo que se traduce en violencia que, no es otra cosa, sino ir contra lo que la misma operatividad señala. En consecuencia, la primera manifestación de violencia de género es la que el homosexual ejerce contra sí mismo puesto que naturalmente no es homosexual.

Así, las cosas que se afirman sobre la naturaleza están “escritas” en su modo de obrar y la inteligencia “lee” en ellas como un “libro abierto”. Y no hay más que observar y confiar en la capacidad del hombre que le permite conocer, el logos mental y el logos de las cosas en una profunda identidad.

Sin embargo, actualmente se ha problematizado sobremanera estas afirmaciones que podrían considerarse “sencillas” y fundamento del pensamiento. La naturaleza ha sido substituida por la exaltación de la libertad -entendida ésta como ausencia de coacción externa- convertida en la única base de actuación y modo de ser.

Así, las cosas cambian radicalmente. Si partimos de la naturaleza como fundamento y expresión del propio ser, hay una forma de obrar que debe obedecer y respetar lo que se es, no a lo que “alguien dijo” o “estableció” sino simplemente a lo que se es. Colocada la libertad como punto de partida lo único que debe obedecerse es a sí mismos y, ya no cabe admitir algo que limite o establezca una forma de ser que tenga que cumplirse. Todo intento de norma, ley o principio que deba obedecerse será considerado “discriminatorio” pues impide la posibilidad de realizar opciones personales “libres”.

El “bien” o lo “bueno” ya no es lo que corresponde al fin del obrar que es cumplir con la naturaleza, sino que el fin del obrar es la “promoción” de la propia libertad sin restricciones; y, lo único malo es aquello que lo impide que equivale a “deberes”, autoridades, instituciones, valores o cualquier mínima referencia a una restricción no venida de sí mismos. Se trata de que la libertad se auto fundamenta. Sólo se trata exclusivamente que toda forma de decisión, de opción humana o de preferencia nazcan del hombre mismo.

El hombre ya no “lee” en las cosas lo que son, ni recibe la tradición de valores anteriores heredados de generaciones pasadas o instituciones establecidas, sino que simplemente se ve obligado continuamente a decidir y fundarse por sí mismo. Es el riesgo o desafío de no admitir valores previos nunca.

Todo se resume en una cosa: si aceptamos la naturaleza obedecemos la realidad y nos enriquecemos con ella; si optamos por la libertad el ser humano se auto fundamenta pero se vacía de humanismo y de realidad y de cualquier forma de trascendencia.

Esto es lo que estamos viviendo. Es simple. Volvemos a la naturaleza y la obedecemos; o la negamos y tratamos de ser en el vacío. Es una elección que todos tenemos que hacer. Tú ¿qué eliges?

¡Hasta la vista!

Juan Carlos Barradas Contreras

[email protected]

aristoteles-2

Visión de eternidad

October 16th, 2016

Hoy domingo fue canonizado en Roma el niño cristero José Sánchez del Río, un pequeño michoacano de 14 años que sostuvo su fe pese al brutal martirio al que fue sometido durante horas. Durante todo este tiempo gritaba con fuerte voz  cada que recibía una puñalada: “Viva Cristo Rey y Viva Santa María de Guadalupe”, demostrando con ello que no habría dolor suficientemente grande que lo hiciera renegar de su fe. La frase que lo identifica y con el que lo recordaremos siempre es: “nunca ha sido tan fácil ganarse el cielo como ahora” y su historia es profundamente heroica paso por paso. Su amor a Dios era mucho más grande que su corta edad y sólo añoraba encontrarse con Él para gozar de la gloria del Cielo.

¿Qué había dentro de ese gran corazón? ¿Qué originó fe tan grande y tan perfecta? ¿Qué le permitió resistir caminar con los pies desollados durante más de un kilómetro rumbo al cementerio donde lo asesinarían? ¿Qué le hizo enfrentar el miedo al martirio sin claudicar? ¿Cuál es el mensaje de este nuevo santo para el mundo actual?

El mundo en el que vivimos en el México presente no dista mucho del que veía delante de sus ojos el niño cristero: había una fuerte persecución contra los sacerdotes iniciada por el gobierno del Presidente Plutarco Elías Calles, se prohibía el culto religioso público, se clausuraron 142 templos en el país, se suprimía la participación de cualquier religioso en las instituciones de beneficencia, se clausuraron 73 conventos, se prohibieron las misiones, en fin, se buscó la eliminación de la religión por todos los medios posibles. La guerra cristera que se originó a raíz de este conflicto y fue una de las más sangrientas de la historia de México, muriendo en ella más de 200,000 personas.

El entorno anticlerical pone a prueba la fe y eleva los dones personales al grado heroico para quien está dispuesto a ofrecerlos por el Dios en el que cree y por el que vive. En el corazón de Joselito –como se le llamaba- había una formación procedente de sus padres y un gran celo por la defensa de su fe, así como una férrea convicción que le hizo solicitar el martirio a su Creador. El dolor sufrido lo percibió simplemente como la vía perfecta para irse directo al Cielo que anhelaba. No había palabra, acto, oferta, que le permitiera “vender” su enorme fe pues ya estaba previamente ofrecida a Dios y el niño sabía desde su interior que lo que percibía como eterno era real. Su vivencia infantil no le impidió conocer esta experiencia transformadora y trascendente, al grado de situarse por encima de sus necesidades corporales de defensa de su propia vida con tal de mostrar a Dios su amor sin medida, algo que podría calificarse de irracional e insólito…

Sin duda tuvo miedo. Su mérito no estriba en haber eludido esta reacción natural ante las amenazas de muerte que se cernían sobre su cabeza. Muchos ofrecimientos tuvo para unirse a las fuerzas gubernamentales y salvar su vida, mas él se negó rotundamente pues esto implicaba apostatar su fe, renunciar a su creencia mucho más fuerte que su miedo. En la cabeza de un pequeño sólo se podría suponer que correría a los brazos de su madre…y lo hizo…pero a los brazos de su Madre del Cielo.

La visión de la eternidad transforma la dimensión de lo que se percibe como transitorio, haciendo de este mundo una experiencia temporal destinada a mostrar la otra parte de la moneda: placer, superficialidad, materialismo, sensualidad, poder, todo lo que implica poderosa tentación para la parte puramente humana de la persona. La parte divina -que también poseemos- nos impele a buscar algo más, aquello que nos garantiza la permanencia para siempre sin estar sometidos al dolor ni a la muerte. Hasta los suicidas buscan la muerte como una forma de acceder a algo mejor, como un medio para librarse del sufrimiento. La visión de la eternidad es algo que poseemos como un don que nos permite realizar elecciones cada día, siempre y cuando escuchemos esa voz interior que nos indica el camino y nos otorga la fuerza para seguirlo.

José Luis Sánchez del Río es un modelo a seguir por la firmeza de sus convicciones. Es un mártir y santo de nuestro tiempo que con su vida muestra el modo de enfrentar crudas batallas sin perder lo esencial. Quizá tu martirio o el mío no sea de la magnitud del sufrido por este pequeño, pero hay pequeños sacrificios cotidianos que se no colocan como retos a vencer para ir fortaleciendo la voluntad y prepararnos para las grandes batallas. Nadie está exento de esta materia y disciplinarnos cada día es una tarea a la que no podemos renunciar, ya que su olvido implicaría la pérdida de aquello por lo que todos los santos han muerto: la vida eterna.

Reflexionemos pues, sobre lo que estamos haciendo en materia de fe y sobre lo que elegimos para la eternidad. Depende de cada uno lo que desea para siempre. ¡Ánimo!

Psic. Mildred Barrios Matos

[email protected]

vision-de-eternidad

¿Una nueva Cristiada?

October 9th, 2016

En los tiempos actuales enfrentamos una crisis en la que lo que está en juego son las confrontaciones originadas en el campo de las ideas: religiosas, políticas, filosóficas, éticas, científicas, etc. La confrontación se ha agudizado por una razón: el relativismo. Se discuten los contenidos de las ideas, pero el meollo de la confrontación se ha reducido simplemente a un punto: el hombre ¿puede definir la realidad determinándola simplemente por medio de su voluntad o lo único que puede obrar es aceptar voluntariamente que las cosas poseen modos de ser ajenos a las pretensiones humanas? Expresado de otro modo: ¿definimos o aceptamos lo real?

La realidad es solamente una y no admite la posibilidad de que los seres humanos puedan definirla a su capricho. Lo que es, es, y lo que no es, no es. Nada cambia porque el hombre opine lo contrario. La realidad es ajena a los puntos de vista. Siendo así, inevitablemente la confrontación se desliza a una confrontación de voluntades.

Por un lado se trata de la evidencia que sostiene una postura, evidencia que sólo sustenta las ideas propuestas por un grupo, el de aquellos que afirman que al hombre sólo le queda conocer, aceptar y ser dócil a la realidad. Por el otro lado sólo queda que las cosas sean sostenidas en base a la propia voluntad; no se trata de que las cosas sean así, sino de que quiero que sean así; es el grupo del relativismo, el de aquellos que sostienen que todo se reduce a propuestas ideológicas o doctrinarias donde el “ser supremo” es el hombre, como el centro que “libremente” determina su propio ser y su quehacer.

A falta de evidencia que fundamente la propia postura, el único camino que queda es la confrontación personal. El enemigo se convierte en aquél que sostiene que  la realidad es lo que es y no lo que yo quiero. Por consiguiente, en lugar de refutar las evidencias, se proponen una especie de “dogmas relativistas” repetidos una y otra vez hasta convertirlos en “verdades” que todo mundo cree y acepta; al mismo tiempo se dirigen los ataques a quien se opone a esto, tratando de descalificar la autoridad moral de quien sostiene que el hombre no puede ser la medida de las cosas. El argumento “ad hominem” se convierte en uno de los más usados. El otro es un enemigo a vencer al que se agrede, a veces verbalmente, con difamaciones o calumnias; otras más con agresiones físicas, golpes y, en el extremo herirlo hasta la muerte. El motivo es que “no me conviene que alguien me ponga en evidencia y que no estoy de acuerdo con la realidad”, ante la imposibilidad de destruir la realidad, destruyo a quien la muestra.

Aunque el común de la gente lo rechace o le enfade enormemente, en nuestra sociedad y, en general en el mundo, hay una institución que no se doblega al señalar que el centro de la realidad, de la vida humana y de todo el Universo es Dios, no el hombre. Es al hombre al que le toca subordinarse y obedecer la realidad, con lo que obedece así, a Dios. A muchos no les agrada esto, puesto que hay una realidad contra la que el ser humano se compara, tiene que juzgar o valorar su conducta y determinar en su consciencia si obra bien o mal, discriminar lo bueno o lo malo. Eso es muy intimidante, en especial si se obra mal. Ha llevado a una “cristianofobia” muy agresiva y militante. En especial, dicha cristianofobia se dirige contra la Iglesia católica, atacando particularmente a sus miembros que la dirigen, el sector jerárquico.

En la historia de México, hace unas décadas ya hubo una abierta confrontación contra la iglesia y sus miembros que derivó en la guerra cristera. Hoy parece que estamos en los albores de una nueva guerra cristera –también denominada Cristiada- o quizá el reavivamiento de una guerra que no terminó, pues la oposición contra la iglesia siguió y sigue vigente. Los ataques están siendo muy puntuales y específicamente dirigidos asesinando a muchos tratando de evitar la confrontación abierta, con sutileza pero con agresiones certeras.

¿Qué necesitaríamos para una nueva Cristiada? ¿Agresiones? Ya nos mataron recientemente a tres sacerdotes y se manchó su memoria. ¿Persecución? Ya los promotores de la ideología de género son abiertamente “cristianofóbicos”. ¿Ataques del gobierno? Ya el gobierno mexicano nos quiere “vender” a las intenciones anticristianas de la ONU….mmm…. Entonces ¿qué necesitamos para que estalle una nueva Cristiada? Ahora ya nos mataron a cuatro jóvenes evangelizadores. ¿Qué necesitamos entonces para que estalle una nueva Cristiada?

¿Será tiempo de volver a empuñar las armas? Si bien la legítima defensa con las armas es válida éticamente, la guerra cristera derramó mucha sangre en una dura confrontación que era una guerra civil y, pese a todo, el conflicto no terminó, el motivo de la lucha sigue vigente.

En los tiempos que corren de aguda oposición al pensamiento cristiano, habría que recordar que el meollo esencial no está en lo corporal sino en lo espiritual. Como afirma el padre Fortea –reconocido exorcista español- sobre la lucha entre los ángeles, afirmando que la lucha entre ellos es una lucha intelectual: “Esa lucha fue una lucha intelectual. Dios enviaba la gracia a cada ángel para que volviera a la fidelidad o se mantuviera en ella. Los ángeles daban argumentos a los rebeldes para que volvieran a la obediencia. Los ángeles rebeldes daban sus razones para fundamentar su postura y para introducir la rebelión entre los fieles”.

No somos ángeles, pero en esencia nuestra lucha es la misma. Son tiempos de guerra pero se ve claro que nuestra lucha está en el terreno de mantener ideas claras, realistas y estar dispuestos a dar testimonio de ellas. Nuestras armas son nuestras convicciones y argumentos sólidos. La verdad por sí misma tiene su propia fuerza y nadie la desaparece. Al fin y al cabo ¡podrán darnos muerte a nosotros pero la verdad nunca muere!

En todo caso, nadie está exento de elegir un lado de la batalla. Tú ¿por cuál optas?

¡Hasta la vista!

Juan Carlos Barradas Contreras

[email protected]

fusilamento-padre-pro

Lo importante es que estamos vivos

October 2nd, 2016

Se ha vuelto broma la expresión “lo importante es que estamos vivos”. La broma radica en que se utiliza como respuesta a la pregunta de un padre de familia a sus hijo: ¿cómo saliste de calificaciones en la escuela?” Y la respuesta es: “Mira papá, lo importante es que estamos vivos”, eludiendo así la obvia contestación.

Sin embargo, más allá de la broma, se pueden hacer algunas reflexiones acerca de tal expresión.

Primeramente podría tomarse literalmente. “Lo importante es que estamos vivos”. Sólo que la vida humana plena no se reduce a la vida biológica, al simple hecho de estar vivos, sino ante todo a aquello que caracteriza la vida del ser humano que no es otra cosa sino su capacidad racional, su capacidad inteligente que lo coloca por encima de cualquier otra vida, con la potencialidad de establecer y dominar su fin. “Lo importante es que estamos vivos” significa que el ser humano no obra para la finalidad inmediata de la simple supervivencia biológica, sino de desarrollar todas sus potencialidades superiores: inteligencia y voluntad, traducidas en sabiduría y virtud.

“Lo importante es que estamos vivos” puede aplicarse también a aquella capacidad propia del ser humano para respetar la vida de sus semejantes. Respetar toda vida humana sean cuales sean sus características específicas y circunstancias de su nacimiento. Toda vida humana es valiosa por sí misma, digna de todo respeto y nadie tiene el derecho de atentar contra ella o destruirla. “Lo importante es que estamos vivos” significa que toda vida humana es digna de respeto absoluto, por consiguiente no cabe la posibilidad de asesinatos de bebés en el vientre materno, o provocar la muerte de personas ancianas.

“Lo importante es que estamos vivos” implica también que el ser humano acepta dócilmente su propia naturaleza. Acepta que él no define lo que son las cosas, ni puede determinar arbitrariamente lo que puede o no obrar. Las cosas, su naturaleza, las empresas que realiza poseen principios claros que no se pueden traspasar. Su grandeza estriba en que puede elegir qué actividad realiza pero no puede establecer lo qué es bueno o malo; así, una empresa puede ser cualquiera pero no dirigida de cualquier modo, sino con ética y consciencia social.

“Lo importante es que estamos vivos” implica respetar el orden de las cosas, los deberes y derechos que nacen de los primeros. El respeto y aceptación del orden natural que manifiesta su propia naturaleza de varón y mujer con toda la riqueza de su sexualidad que no necesita ser tergiversada sino reconocida y explotada como definición personal integralmente: social, psicológica, afectiva, biológica,… sin que tenga que modificarla, ya que le corresponde explotar su riqueza no tratar de tergiversarla o redefinirla.

“Lo importante es que estamos vivos” también implica reconocer que estamos vivos no por nosotros mismos, sino porque hemos recibido la vida, la existencia, el propio ser no porque lo merezcamos –nadie podría tener méritos para recibir la vida- pues antes de ser… ¡era nada! Se recibe el ser y la vida como un don absolutamente gratuito. Por más que pueda herir “el orgullo propio” nadie vive porque lo merece, ni es necesaria su presencia en el Universo, ni pasaría algo ontológicamente porque no existiera. Implica reconocer que hay que dar gracias a Dios, Aquél que es por sí mismo y nos regala el ser y la existencia.

“Lo importante es que estamos vivos” tiene pues muchas implicaciones cuando realmente se reconoce su sentido.

Habría que partir de reconocer algo inmediato: Lo importante es que tú estás vivo y podrías no existir, pero eres y vives, eso es lo importante y hay que obrar en consecuencia coherentemente con absoluto respeto y agradecimiento por ello. O ¿no es así?

Hasta la vista.

Juan Carlos Barradas Contreras

[email protected]

vida-importancia

¿Por qué suenan los tambores?

September 25th, 2016

Amanece la mañana agradable y húmeda del domingo 25 de septiembre de 2016. Todo está en calma y el silencio envuelve el ambiente apenas perturbado por la actividad de algunos insectos nocturnos que empiezan a retirarse a sus madrigueras. El cielo se observa jaspeado de algunas nubes obscuras después de un buen aguacero en la víspera. Todo anuncia que será un fin de semana como cualquier otro pero…muchas cosas han cambiado desde hace algunos meses y no volverán a ser como antes.

La sociedad mexicana ha despertado y lo ha anunciado a sus autoridades con grandes y sonoros gritos, algo que históricamente nunca se había visto en tal magnitud. Amenazas y provocaciones no han sido suficientes para acallar un clamor que surge desde lo más profundo de una convicción de un pueblo que se siente amenazado en una de sus instituciones fundamentales: la familia. No se trata de apuntar las armas contra los “hermanos separados” sino de exigir al gobierno que respete los principios naturales que envuelven el inicio de la vida humana: el matrimonio heterosexual. Dicho reclamo se ha manifestado desde todos los puntos de la nación y ha generado importantes reacciones que han enfrascado a los mexicanos en un tema que no se deja de lado cada día.

¿Cuál es la solución a este conflicto? Me parece que la respuesta está en legitimar civilmente las uniones entre parejas del mismo sexo otorgándoles los beneficios consiguientes, concediéndoles una sociedad conyugal o el nombre que se considere adecuado para una unión de tal naturaleza; desistir del deseo de que dichas uniones se vean “beneficiadas” con la adopción de niños –cosa que no favorece a los propios menores-; así como abandonar la intención de introducir la maléfica ideología de género en la educación de nuestros niños, con lo cual se lograría salvaguardar los derechos y principios éticos, morales y religiosos que permiten que los padres eduquen a sus hijos como consideren correcto. Y si es tan sencillo y todas las partes quedarían satisfechas, ¿por qué no se toma esa decisión?

Las intenciones gubernamentales a fondo de esta decisión no son claras y existe abundante especulación acerca de las mismas. Sin embargo, es un hecho que obedecen a intereses que rebasan nuestras fronteras y que existen importantes beneficios económicos y de poder detrás de tan absurdas imposiciones. La forma como se llegó a la determinación de una propuesta de ley que reformara el artículo 4 de nuestra constitución, es por demás truculenta y plagada de entuertos legales que pudieran sostenerla. Lo que quizá nunca se pensó por parte de las autoridades es que se estaría lanzando un dardo al tigre…y éste despertó. Convencidos los que ostentan la “balanza de la justicia” de que los mexicanos siempre aceptamos todo sin réplica, nunca esperaron una reacción como la que están viendo hoy en las calles de todo el país. ¿Y ahora? ¿Qué sigue?

No me cabe duda de que los que estamos convencidos –no por necedad sino por elemental sentido común, por conocer los resultados de lo que ha ocurrido en otros países, por principios y por estar al tanto de los derechos fundamentales que nos asisten- de que esta propuesta no tiene ni pies ni cabeza, seguiremos ejerciendo presión hasta que el peligro sea desechado, pero mientras tanto la sociedad se está desgastando por la presión de una minoría que, no por serlo, es menos dañina.

No es posible cambiar los estatutos de derechos de una sociedad por lo que imponga una pequeña fracción de sus miembros, máxime que dicho sector sostiene condiciones que no obedecen a fines naturales. El clamor de las mayorías marca una decisión que en todo país civilizado y democrático tendría que escucharse y dársele toda la importancia que posee. Dicha minoría, ante falta de argumentos que avalen sus propuestas, se han dedicado a atacar, a difamar, a insultar, a provocar, con tal de que pronto surjan mártires que enaltezcan su movimiento. Este camino es profundamente peligroso y lo único que están logrando es mostrar la calidad de su ideología basada en principios insostenibles.

La respuesta final no la tiene el gobierno sino la sociedad misma que avanza a pasos agigantados hacia su fin: defender sus principios naturales para las que fue creada. El medio para lograr tal objetivo no es la violencia pues lo que se sostiene por la realidad no necesita de sangre para probarse. Somos creaturas amadas –de uno y otro sector poblacional- por un Creador que es dueño de la historia. Hagamos lo que nos toca confiando en que Él está detrás de todo. ¡Ánimo!

Psic. Mildred Elena Barrios Matos

[email protected]

por-que-suenan-los-tambores

Sobre las marchas en favor de la familia natural

September 17th, 2016

Hace unos días cientos de miles de mexicanos nos expresamos marchando por las calles reafirmando nuestra convicción por la familia natural constituida por papá, mamá e hijos. Esto ha provocado reacciones agresivas y violentas de la comunidad lésbico gay –LGBTTTI- que se dice “ultrajada” o “discriminada” por tales manifestaciones. Pero ¿qué hay de verdad en esto?

Primero. Las acciones privadas e íntimas tienen repercusiones públicas y sociales. No se puede afirmar que lo que alguien haga en la intimidad de su cuarto no tenga repercusiones sociales. El estilo de vida personal constituye la propia cultura que se manifestará exteriormente en una forma de vivir que se comparte con los demás socialmente. El afán de placer, de satisfacción personal, de hedonismo no quedará reducido por “arte de magia” a la propia habitación, se buscará en todo momento y lugar. Ya Aristóteles lo decía: sólo quien cultiva el bien o virtud individual podrá procurar a los demás lo mismo. No se puede de otra manera.

Segundo. Por otra parte, si hablamos de violencia de género hay una que es totalmente evidente. Aristóteles explica que la violencia se produce cuando se va contra la naturaleza; ahora bien, la naturaleza se manifiesta por ser principio de operación, es decir, lo natural está en que el modo de obrar nace del ser de las cosas. Es natural, por ejemplo, que un perro persiga a los gatos o el gato a los ratones. Así son y no hay duda.

En consecuencia, hay una clara violencia de género: la de los homosexuales y lesbianas que van totalmente contra el modo de obrar que les corresponde naturalmente, pues es natural por su naturaleza genética, biológica y psicológica que el varón se sienta atraído por la mujer y viceversa. Los homosexuales y lesbianas van contra ello violentando su naturaleza. ¿Alguien puede dudar que sea violencia de género?

Tercero. No se puede otorgar la oportunidad de adoptar a parejas homosexuales. El derecho del niño es a tener padre y madre, eso fue lo que perdió, de lo que está privado. No se sustituirá jamás otorgándoles dos padres o dos madres; la adopción no es derecho de los homosexuales sino de los niños, derecho a tener padres. Por otra parte, quien carece de identidad sexual clara difícilmente será capaz de contribuir a que otros obtengan la propia. Es preferible que el niño permanezca en un orfanato en espera de unos padres heterosexuales, a que sea entregado a personas con problemas de identidad, de otra manera se le añade otro problema: no tener padres y adquirir otros que no respetan la realidad natural. No se puede apelar a la “misericordia” o a argumentos sentimentales en favor de algo que termina perjudicando al niño. Entregarlo a parejas igualitarias va en detrimento del niño.

Cuarto. Tener problemas de identidad sexual –disforia de género-, no justifican intentar lo absurdo: cambiar la genética, las hormonas, el cuerpo a lo que una consciencia turbada manifiesta, en lugar de corregir la conducta desviada. En lugar de tratar de cambiar todo lo adverso a lo que se “siente”, sentirse mujer siendo varón o viceversa no justifica tratar de transformarse íntegramente yendo contra la totalidad del propio ser, sino que exige corregir lo que se siente pues hay miles de cosas que sentimos y eso no nos obliga a serlas.

Quinto. No otorga al Estado el derecho a imponer la ideología de género en la educación, con el pretexto de que se conozca y practique la diversidad sexual. Se pueden admitir jurídicamente uniones homosexuales, reconociendo que eso es para ellos. Esto no obliga a todos a admitir tales uniones como “normales”, ni a imponer a los niños la ideología de género en el ámbito educativo. Se pueden regular sus relaciones pero no imponer a todos una ideología como si fuera lo más normal del mundo. Pretender hacerlo hace del gobierno un gobierno autoritario e impositivo, violentando los derechos de muchos. Reconocer jurídicamente las relaciones homosexuales, no implica imponer a los demás su cultura o estilo de vida.

Mucho se insiste en que el Estado es laico, es verdad, pero se olvida que lo laico le corresponde al gobierno, no al pueblo –que tiene derecho a elegir y vivir sus creencias-. Con la ideología de género se está creando una nueva forma de “dogma de Estado”  – la creencia en que el hombre y todos sus caprichos deben ser absolutizados y respetados religiosamente- , que la autoridad arbitrariamente está tratando de imponer.

Sexto. Los derechos no nacen de los caprichos o deseos de la gente para “realizarse”, sino de la persona humana para desarrollarse conforme a límites estrictos. Los derechos van ligados a las obligaciones que el ser humano posee para cumplir con acciones que contribuyan a lograr el propio bien que es la virtud o fuerza que lo hace ser dueño de sí mismo; y, lograr o contribuir a que se le logre el verdadero bien común para el desarrollo de todos. Los derechos no se orientan a que el hombre haga lo que le plazca, ni alcance la satisfacción de sus caprichos. Lo bueno es el fin, dice Aristóteles, y es aquello en lo que se alcanza la propia perfección individual y social.

Aclaradas las cosas, nuestras acciones no van contra la comunidad LGBTTTI, sino en favor de la familia y del hombre rectamente entendidos, sin afectar los derechos de terceros que por su libre albedrío pueden optar por lo que quieran y se les debe reconocer jurídicamente, siempre y cuando no traten de imponer lo imposible.

Cada quien elige y es responsable. Y tú ¿cuál es tu opción?

Hasta la vista.

Juan Carlos Barradas Contreras

[email protected]

latinofamilydreamstime_m_28596453-e1438715988784