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Regalos recibidos en silencio

Sunday, May 1st, 2016

Al momento en que les escribo nos encontramos en el sexto domingo de Pascua y las cosas en muchas partes del mundo continúan siendo muy sombrías…en parte. Aparentemente no hay buenas noticias y la acumulación de las malas pareciera crecer exponencialmente. Pero hoy quiero invitarles a que hagamos un ejercicio diferente. Quiero centrar la mirada en la otra parte de la moneda, aquélla que poco a poco nos hemos ido acostumbrando a ignorar pues, a razón de una distorsión cognitiva aprendida, fijamos la atención en lo negativo de nuestro mundo como si lo positivo y alentador no existiera.

Por increíble que parezca, estamos viviendo un milagro gigantesco y es el estar vivos, don que hemos recibido gratuitamente y del que poco damos gracias. En este mundo donde el valor de la vida está pasando paulatinamente a segundo término (abortos, suicidios, eutanasia, inmolaciones voluntarias, asesinatos por la delincuencia, etc.), tú y yo nos podemos comunicar por esta extraordinaria circunstancia de estar vivos. No requerimos de un “enchufe” especial que nos recargue de energía cada día pues todos nuestros órganos funcionan para dotarnos de ese hálito que nos permite movernos a voluntad. ¡Qué maravilla! Sólo requerimos de mantenimiento para prolongar los años útiles y de calidad para disfrutar de este regalo. Sin importar si estamos enfermos o si nos falta algún miembro, la vida emana fluyendo con fuerza desde nuestro interior y representa una oportunidad sin igual para hacer algo, para crear, para organizar, para rediseñar la existencia.

Así mismo, el cielo sigue en su sitio y podemos verlo en su azul majestuoso cuando las nubes se despejan, cosa que harán en algún momento (sin duda alguna) si es que se encuentra nublado. Quizá haya contaminación en algunas partes, o excesivo calor en otras, o tormentas en otras más, pero el cielo no se mueve de su espacio ni amenaza con privarnos de sus regios amaneceres o sus plateadas noches de luna, sirviendo de marco para la actividad del poeta o del enamorado, o de algún sencillo escritor como su servidora. Independientemente de que lo merezcamos o no, el cielo sigue en su sitio y colma toda nuestra mirada siendo parte del privilegio de pertenecer a este mundo que también posee cosas hermosas. Sus enigmas, sus secretos, siguen entusiasmando los espíritus inquietos de quienes lo escudriñan, esperando que algún día sean descubiertos.

Y el vital aire sigue ahí, dotándonos día tras día de las dosis de oxígeno que requerimos para poder vivir. No tomamos conciencia de él simplemente porque siempre está ahí y no nos agobia que se marche. Pese a que en algunas zonas del mundo genere conflicto debido a que su nivel de ozono está en medidas críticas –situación provocada por el hombre y que se resuelve tomando medidas adecuadas- el aire continúa cubriendo nuestro planeta y colándose por todos los rinconcitos del espacio humano, refrescando nuestras mañanas y permitiéndonos disfrutar de la suave brisa matinal acompañada del peculiar sonido de las hojas mecidas por el viento. Es el aire que mueve las nubes y esculpe las montañas, haciendo su trabajo lentamente y en silencio, regalándonos sus obras sin pedir nada a cambio.

Y el sol y la luna no han dejado de laborar y siguen cumpliendo fielmente sus funciones. Religiosamente se levantan a sus horas acostumbradas y se despiden con suavidad sin decir adiós, a sabiendas de que al día siguiente estarán de nueva cuenta ahí, saludando al día o a la noche, alumbrando a buenos y malos sin discriminación alguna. Su presencia es indudable pero raramente nos fijamos en estos astros ni mucho menos damos gracias por su existencia. De su presencia dependen multitud de fenómenos en el planeta, mismos que hacen posible la vida humana. Son mudos testigos de nuestra historia y permanecen fieles a su encomienda hasta el final de los tiempos.

Y la tierra sigue dando árboles pese a lo mucho que se le ha maltratado. La miscelánea de especies vegetales es incontable, así como su estructura, forma, color, tamaño. Esos “pulmones” naturales de nuestro planeta son pródigos en flora y ricos en propiedades. Purifican el aire, nos regalan belleza, aportan remedios medicinales y refrescan el planeta. Además, son hogar de múltiples especies animales que pueblan la Tierra. ¡Qué espléndido regalo!

Podría continuar con muchos más elementos que silentes se mantienen como compañeros de nuestro camino, pero de los cuales no hacemos particular hincapié. La invitación es, querido lector, a abrir bien los sentidos y generar esa conciencia que nos permita disfrutar de estos regalos recibidos en silencio. Podrías llevarte bellísimas sorpresas. ¡Hasta pronto!

Psic. Mildred Elena Barrios Matos

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Regalos recibidos en silencio