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La inteligencia es la gloria del hombre

Sunday, September 4th, 2016

Uno de los grandes logros de la filosofía antigua se encuentra en establecer la fundamentación del conocimiento humano en el logos de las cosas, en reconocer que las cosas poseen un principio que les explica y que puede ser conocido por los hombres como una realidad inteligible.

Significa que el hombre puede conocer el orden, puede prever las cosas y puede interactuar con la naturaleza, con su entorno, teniendo control ante el mundo. Se convierte en signo de grandeza, pues el hombre está colocado en una posición de dominio, no porque arbitrariamente se haya colocado ahí, sino porque está dotado de inteligencia; porque es inteligente puede leer el orden existente en el mundo.

Todos pensamos, por ejemplo, que nuestra vida depende de nuestras propias decisiones y no del azar, de la casualidad o de un supuesto destino. Por eso, hacemos planes, ejecutamos acciones, trabajamos, damos pasos para conseguir lo que concebimos (logos) porque tenemos la convicción de que siguiendo el orden (logos), llegaremos a nuestro fin (logos). Signo de inteligencia es planear las cosas y ejecutar las acciones.

Tan es así que consideramos como torpeza o desatino cuando alguien se mete en problemas sencillamente porque no previó las posibles consecuencias de sus acciones o las tomó a la ligera. Enfermedades, embarazos prematuros, accidentes, fracasos, pérdidas de empleo, de estudios,… en su gran mayoría son fruto porque no se planeó lógicamente –es decir desde el logos-, cada una de las acciones que se emprendieron. ¡Cuántas veces exclamamos ante los demás: ¿Qué no pensaste que esto podría pasar?! Los daños, las malas consecuencias no son provocadas por el mundo natural que sigue su curso regular, sino porque ni lo pensamos, nos olvidamos del orden y tratamos ficticiamente de “poner orden” en el mundo, en lugar de respetar el orden existente.

Tan es claro que es así que, pese al subjetivismo, pese al relativismo cínico que priva en el mundo actual, donde se afirma que “todo depende del punto de vista y, por lo tanto, cada quien vive en su mundo”, hay una muy creciente y urgente necesidad de los seres humanos por recibir terapias psicológicas que apuntalen su ánimo, que les ayuden a salir de neurosis, a combatir trastornos, a superar depresiones que no se explican sino porque las personas forman su mundo irreal y luego se esfuerzan por instalarse ahí y vivir su vida sin lograrlo pues es pura fantasía carente de un sustento real. Toda terapia psicológica atiende a lograr que la persona, que el paciente salga de sus concepciones erróneas, de sus falsas estructuras de pensamiento encauzándolo a que toque la realidad, el orden objetivo, saliendo de las distorsiones en las que inútilmente se ha esforzado por realizar.

Se puede añadir lo siguiente. Aristóteles explica que los diversos grados de vida se caracterizan: el inferior que es la vida vegetativa, que se define porque simplemente ejecuta las operaciones vitales, no obran más, tan es así que cuando, por accidente, una persona queda dañada pero viva, afirmamos que quedó en “estado vegetativo”.

En el grado intermedio se encuentra la vida sensitiva, lo animales irracionales, propiamente llamados bestias o brutos; tienen la cualidad de moverse porque controlan la forma que los mueve –expresa Aristóteles-. Significa que se mueven por lo que sienten y por su imaginación que los lleva a actuar, lo que los hace tener algún control, pero no un dominio de sí, no planifican, se dejan llevar. Muchos humanos hacen lo mismo por defecto.

La vida humana tiene como propiedad el dominio de la ejecución, la forma y el fin. Implica esto que el hombre se mueve por su logos, porque concibe el fin hacia el cual ordena sus actos, cuál es el fin que persigue, le da dominio de su vida y sentido a la misma; por ello contemplar la verdad lo plenifica.

Aristóteles coincidiría totalmente con Viktor Frankl, es el logos, el sentido, lo que ayuda a sobrellevar las penalidades y sufrimientos de la vida. Por eso Frankl constató que en los campos de concentración sobrevivían no los más fuertes sino los disciplinados intelectualmente que le encontraban sentido a sus vida, a la resistencia, quienes poseían un motivo para resistir.

En definitiva, es muy claro que la grandeza del hombre y su gloria se ponen de manifiesto en su inteligencia, en su capacidad de captar el orden existente en las cosas, orden que es independiente de él y al que se subordina, pero lo interioriza.

Pretender que todo depende del punto de vista, que el ser humano determina su mundo subjetivamente, sólo implica el obscurecimiento de su inteligencia, no su grandeza, sino la entronización de su estupidez en su intento por encumbrarse. El lamentable olvido de que en la inteligencia y no en su subjetividad radica su grandeza, en la obediencia simple y llana al logos de las cosas.

Sólo el hombre que se subordina humildemente vive en el logos y vive una vida en plenitud. Alcanza su grandeza que le es regalada.

¡Hasta la vista!

Juan Carlos Barradas Contreras

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Aristóteles