Posts Tagged ‘historia’

¿Qué significa festejar?

Monday, December 19th, 2016

En estos días decembrinos es buen tiempo para reflexionar sobre el significado de hacer fiesta por algo. Hacemos fiesta por todo: por cumpleaños, por XV años, porque los cumpleaños con múltiplos de cinco son “más especiales” que los otros-; por aniversarios matrimoniales, por graduaciones o término de ciclos, porque alguien logró un objetivo, o por lo que sea. ¡Vaya! Hasta de los perritos se dice que “festejan” o “le hacen fiestas a su amo cuando llega”. El caso es que festejar es algo propio del ser humano y se lo atribuimos hasta a los animales.

Pero… ¿cuál es la esencia de hacer fiesta por algo? Una fiesta supone siempre una multitud de cosas. Una reunión de personas. Y esa reunión de personas va a compartir alimentos y bebidas. Van a estar en un sitio en que se reúnen y los alimentos por compartir generalmente serán especiales y no faltará el pastel de celebración que hace de ella algo dulce. Algo que hay que añadir son los regalos, los presentes que se otorgan a quienes son los promotores del festejo.

Todo esto resulta accidental. La esencia del festejo no está ahí. Se festeja algo porque se contempla la bondad del acontecimiento festejado para todos los presentes. Es algo bueno. Algo que hay que celebrar, es decir, hacer público para todos porque todos nos beneficiamos de ello. Un cumpleaños, por ejemplo, es un acontecimiento de alegría, todos nos alegramos por el nacimiento, por la existencia de quien cumple años, que está presente en este mundo y que todos disfrutamos de él.

Se puede festejar en grande aunque sea algo que no se manifiesta en lo exterior con celebraciones. También puede suceder a la inversa. Se pueden realizar grandes celebraciones aunque no se festeje algo, o se olvide el motivo o simplemente se tome como pretexto para “festejar” de manera externa o accidental con banquetes y abuso de bebida. A veces, por ejemplo, se felicita a alguien por su cumpleaños aunque no nos interese tal persona. Festejar algo realmente es hacerse partícipe del motivo o, al menos, reconocerlo y respetarlo a pesar de no hacerlo propio.

Esto explica los regalos. Se dan presentes a quien festejamos porque esperamos que el festejado los acepte; y, esto último es una forma de disfrutar de él y de que él se entregue a nosotros, haciéndonos presentes. O se intercambian regalos significando que todos participamos de igual manera del motivo de alegría que para cada uno es el mismo en la misma proporción. Los regalos también significan, implican dar lo mejor de nosotros mismos, ofrecemos nuestros dones, nuestro ser a aquello que descubrimos, que festejamos como algo bueno, como nuestro bien.

Es oportuno recordar todo esto ante los presentes festejos de Navidad. Celebramos el nacimiento de Dios hecho Hombre en el niño Jesús. Un acontecimiento eminentemente cristiano y religioso. Acontecimiento cuyo alcance es a toda la humanidad y que deberían festejar todos, porque es un acontecimiento que trae a todos bien, paz, alegría y armonía. Quizás no todos lo acepten, pero en el fondo todos saben que es así. No habrá que desaprovechar la oportunidad de recibir tan grandes dones. Dios no sólo se aproxima a la historia humana, se vuelve una parte más del hombre y su historia y le da sentido.

Es un hecho histórico para todos, si bien no todos ni lo creen, ni lo aceptan. Es su decisión. Hoy ha sido rebajado por muchos a una fiesta en que se felicitan sin el nacimiento, sin el motivo. Triste realidad. Sin embargo, una cosa hay que reconocer: se le vacía de su sentido, no se le reconoce, no se cree, pero es tan grande que… ¡es preciso seguirlo festejando les guste o no! ¡lo comprendan o no!

Así que no diré felices fiestas sino ¡Feliz Navidad a todos!

¡Hasta la vista!

Juan Carlos Barradas Contreras

[email protected]

nasterea_domnului_iisus_hristos_-_spartan_oracle

¿Por qué suenan los tambores?

Sunday, September 25th, 2016

Amanece la mañana agradable y húmeda del domingo 25 de septiembre de 2016. Todo está en calma y el silencio envuelve el ambiente apenas perturbado por la actividad de algunos insectos nocturnos que empiezan a retirarse a sus madrigueras. El cielo se observa jaspeado de algunas nubes obscuras después de un buen aguacero en la víspera. Todo anuncia que será un fin de semana como cualquier otro pero…muchas cosas han cambiado desde hace algunos meses y no volverán a ser como antes.

La sociedad mexicana ha despertado y lo ha anunciado a sus autoridades con grandes y sonoros gritos, algo que históricamente nunca se había visto en tal magnitud. Amenazas y provocaciones no han sido suficientes para acallar un clamor que surge desde lo más profundo de una convicción de un pueblo que se siente amenazado en una de sus instituciones fundamentales: la familia. No se trata de apuntar las armas contra los “hermanos separados” sino de exigir al gobierno que respete los principios naturales que envuelven el inicio de la vida humana: el matrimonio heterosexual. Dicho reclamo se ha manifestado desde todos los puntos de la nación y ha generado importantes reacciones que han enfrascado a los mexicanos en un tema que no se deja de lado cada día.

¿Cuál es la solución a este conflicto? Me parece que la respuesta está en legitimar civilmente las uniones entre parejas del mismo sexo otorgándoles los beneficios consiguientes, concediéndoles una sociedad conyugal o el nombre que se considere adecuado para una unión de tal naturaleza; desistir del deseo de que dichas uniones se vean “beneficiadas” con la adopción de niños –cosa que no favorece a los propios menores-; así como abandonar la intención de introducir la maléfica ideología de género en la educación de nuestros niños, con lo cual se lograría salvaguardar los derechos y principios éticos, morales y religiosos que permiten que los padres eduquen a sus hijos como consideren correcto. Y si es tan sencillo y todas las partes quedarían satisfechas, ¿por qué no se toma esa decisión?

Las intenciones gubernamentales a fondo de esta decisión no son claras y existe abundante especulación acerca de las mismas. Sin embargo, es un hecho que obedecen a intereses que rebasan nuestras fronteras y que existen importantes beneficios económicos y de poder detrás de tan absurdas imposiciones. La forma como se llegó a la determinación de una propuesta de ley que reformara el artículo 4 de nuestra constitución, es por demás truculenta y plagada de entuertos legales que pudieran sostenerla. Lo que quizá nunca se pensó por parte de las autoridades es que se estaría lanzando un dardo al tigre…y éste despertó. Convencidos los que ostentan la “balanza de la justicia” de que los mexicanos siempre aceptamos todo sin réplica, nunca esperaron una reacción como la que están viendo hoy en las calles de todo el país. ¿Y ahora? ¿Qué sigue?

No me cabe duda de que los que estamos convencidos –no por necedad sino por elemental sentido común, por conocer los resultados de lo que ha ocurrido en otros países, por principios y por estar al tanto de los derechos fundamentales que nos asisten- de que esta propuesta no tiene ni pies ni cabeza, seguiremos ejerciendo presión hasta que el peligro sea desechado, pero mientras tanto la sociedad se está desgastando por la presión de una minoría que, no por serlo, es menos dañina.

No es posible cambiar los estatutos de derechos de una sociedad por lo que imponga una pequeña fracción de sus miembros, máxime que dicho sector sostiene condiciones que no obedecen a fines naturales. El clamor de las mayorías marca una decisión que en todo país civilizado y democrático tendría que escucharse y dársele toda la importancia que posee. Dicha minoría, ante falta de argumentos que avalen sus propuestas, se han dedicado a atacar, a difamar, a insultar, a provocar, con tal de que pronto surjan mártires que enaltezcan su movimiento. Este camino es profundamente peligroso y lo único que están logrando es mostrar la calidad de su ideología basada en principios insostenibles.

La respuesta final no la tiene el gobierno sino la sociedad misma que avanza a pasos agigantados hacia su fin: defender sus principios naturales para las que fue creada. El medio para lograr tal objetivo no es la violencia pues lo que se sostiene por la realidad no necesita de sangre para probarse. Somos creaturas amadas –de uno y otro sector poblacional- por un Creador que es dueño de la historia. Hagamos lo que nos toca confiando en que Él está detrás de todo. ¡Ánimo!

Psic. Mildred Elena Barrios Matos

[email protected]

por-que-suenan-los-tambores

Érase que se era…

Sunday, March 20th, 2016

Relata la Biblia que la vida de Adán y Eva en el Paraíso era perfecta en medio del jardín del Edén, en el cual existían toda clase de árboles hermosos a la vista y sabrosos al paladar. En medio de tan preciado jardín se encontraba el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal -mismo que Dios prohibió comer a nuestros primeros padres- y el cual sirvió de vehículo a la maligna serpiente para que se cometiera el primer pecado, la soberbia. Adán y Eva querían ser como Dios, reconocer entre el bien y el mal y vivir para siempre. Ante su osadía perdieron el Paraíso y tuvieron que empezar a trabajar para cubrir todas sus necesidades. La muerte empezó a ser parte de su ciclo vital.

Desde entonces la soberbia ha sido el paladín de los grandes males de la humanidad. La búsqueda de la superioridad sobre Dios y cualquier ser humano, el sentir que se es poseedor de la verdad versus la falsedad de los demás, y el profundo deseo de dominar la vida como algo eterno, ha sido la inspiración de multitud de mentes maquiavélicas que han modificado la historia mundial en un sentido cada vez más diabólico. Personas en la política que pretenden tener el poder absoluto para dominar a su pueblo mediante ideas megalomaníacas de ser los poseedores de la verdad, las ideas cada vez más generalizadas que tratan de imponer como “natural” lo que es a todas luces desviado de su naturaleza, el manejo de la vida como algo que puede ser manipulado para el cumplimiento de los caprichos humanos (ya sea para generarla o para ultimarla), son apenas algunos casos que nos recuerdan que la serpiente tentadora está deslizándose siniestramente en el árbol que representa los valores fundamentales de la vida humana. Ese árbol que no podía ser tocado porque representaría la muerte del hombre, hoy es tasajeado impunemente, y ha cobrado más mártires en la actualidad que en toda la historia de la humanidad.

Pareciera que todos los límites pueden ser violados y que no hay algo que se oponga al poder devastador de este mal. La violencia desatada y sin medida, las persecuciones y el enseñoramiento de la maldad en todas sus formas, pinta un panorama terrible y desolador que anuncia el fin de un ciclo que se ha saturado y que está a punto de colapsar. ¿Qué seguirá después? Creo firmemente que algo mejor y vivible, algo donde el hombre pueda llamar a su congénere “hermano” y extenderle una mano franca sin temor a que la pierda. La soberbia tendrá que ser extinguida para dar paso a una humanidad humilde ante su Creador, respetuosa de todo lo que le ha sido entregado para su cuidado, incluyendo su propia vida. ¿Por qué lo creo? Porque antes del pecado existió la Gracia, el amor, la belleza, la salud, la vida eterna, el Paraíso con todo lo espléndido de la naturaleza. De ahí salimos y hacia ese sitio hemos de volver. Lo creo porque confío en la misericordia de todo un Dios que se sigue revelando cada día pese a que seguimos comiendo la manzana del árbol prohibido. Lo creo porque Él prometió esa salvación. Lo creo porque en lo más profundo del ser humano, a través de su mirada, y colocando la llave adecuada, logro descubrir un corazón que sigue buscando el mismo amor que lo creó y por el cual suspira.

Tenemos trabajo y trabajo intenso. No se trata de una espera pasiva y gris ante el devenir de los hechos que nos arrastran como hojitas al viento. Se trata de proyectos de vida en donde hemos de vivir contra corriente, haciendo el esfuerzo cotidiano por amar al enemigo, ocuparnos del enfermo, trabajar por el que no puede hacerlo, sonreír por el que necesita aliento, soñar por el que ha olvidado la esperanza, orar por el que se ha perdido. Y todo esto, hacerlo con un espíritu humilde, de exaltación del Amor que nos impele a hacerlo, y no con un afán protagónico farisaico que nos remite de nueva cuenta a la terrorífica soberbia. Actos en silencio, ocultos a la gente que recibe el beneficio, son los más grandes y amorosos, así como agradables a los ojos de Dios. Érase un Paraíso en oriente, ahí donde sale el sol, que espera de vuelta a sus habitantes…

Querido lector, pudieras no compartir mis creencias pero eso no te exime de ser humano y de participar de una nueva generación de amor. En nuestras manos está empezar hoy, luchar por lo que se avecina como eminente –el colapso de esta sociedad- y empezar a disfrutar de la experiencia del amor. Seamos soldados de una nueva vida en donde el arma principal sea la misericordia. Que la Semana Santa que hoy iniciamos nos lleve a morir a la soberbia y a resucitar al amor. ¡Volvamos al Paraíso!

Psic. Mildred Elena Barrios Matos

Érase que se era