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¿Decreto mi destino o decido cómo enfrentarlo?

Saturday, January 6th, 2018

 

Ahora que estamos iniciando un nuevo año –el año 2018-, se escuchan frecuentemente expresiones que son un verdadero decreto sobre lo que ocurrirá en él: “Decreto que éste será un buen año”, “decreto que me/nos irá muy bien”, “decreto que se cumplirán nuestros deseos”,… etc., el común denominador es el acto de decretar.

La pregunta esencial aquí es: ¿Cuál es el alcance de la propia voluntad?

El hombre está dotado de libre albedrío, lo cual significa que él, cada ser humano, puede determinar sin coacción externa qué es lo que quiere obrar con su vida, es juez de sí mismo, del camino que seguirán sus acciones. Es árbitro de sí mismo. Por su inteligencia el hombre considera todas las opciones que se le presentan, diseña las metas o fines que pretende alcanzar y analiza o delibera sobre los distintos medios o caminos a seguir para llevar a buen término sus concepciones, sus planes hasta elegir o determinar cuál camino va a seguir.

Se puede afirmar que el hombre decreta, da una firme determinación de su voluntad sobre lo que él mismo va a llegar a ser. Nótese, el decreto es siempre sobre sí mismo puesto que es lo que se elige ser y en ello se empeñan los propios esfuerzos.

Vayamos a los ejemplos. Ya desde pequeños se manifiesta el libre albedrío. El niño ya se muestra firme sobre lo que quiere o no, desde su alimentación, podrá elegir que acepta o no acepta comerse sus verduras –cuestión aparte es la disciplina a la que hay que educarle-; el niño no acepta que se le impongan cosas sobre los juguetes que quiere, la ropa que va a usar, etc. él ya se sabe dueño de sus determinaciones.

En los jóvenes es muy claro. Deciden con toda determinación estudiar una carrera, irse de viaje, casarse con alguna persona y, no habrá poder humano que los contradiga, más fuertemente incluso, ocurre desde la adolescencia.

¿Qué es lo que hay que notar? Que las determinaciones se dirigen a lo que habrán de obrar sobre sí mismos, sobre su vida y sus aspiraciones, sobre lo que eligen ser. Nadie entendería que decretan sobre lo que les va a ocurrir en el proceso de cumplir sus decisiones.

Hay que añadir que los decretos que el hombre hace sobre sí mismo no se realizan inmediatamente. El hombre decreta pero llevarlo a cabo es algo que le cuesta esfuerzos, la realidad se resiste, no tomará la forma que el hombre quiere porque lo dijo, darle forma a su vida le costará tiempo, energía, perseverancia y lograrlo, será un éxito que por eso se festeja. No ha sido fácil.

Así pues, el hombre sólo puede decretar lo que quiere llegar a ser y, llegará a serlo sólo mediante su esfuerzo, energía y perseverancia, no se hará realidad simplemente porque lo dice. Además hay que añadir que sólo se puede decidir llegar a ser lo que corresponde a la propia naturaleza. Inútil además de imposible decidir ser varón si se es mujer y viceversa, más irrelevante aún decidir ser alguna especie de animal si se es humano, o decidir tener otra edad, todo lo cual, si se pretende, raya en la locura, en el desequilibrio mental.

Al hombre no le corresponde decretar que las cosas sean, que la historia siga un curso o que las cosas ocurran para su bien; en cambio a Dios sí y, no sólo le corresponde, es el único que posee tal poder anejo a su voluntad. Dice el libro del Génesis al narrar la creación: Dios dijo hágase y… ¡así se hizo! Tal poder nadie puede tenerlo y sólo Él, únicamente Él, puede tenerlo y usarlo pues es un poder infinito.

No nos equivoquemos, el hombre decreta sus decisiones pero Dios dispone las cosas como Él quiere. En lugar de decretar digamos: “Hágase tu voluntad, por mi parte haré todo lo que pueda y esté en mis manos”. Al hombre le corresponde esforzarse por ser el dueño de su vida y ser dócil, dispuesto a aceptar las determinaciones de la voluntad de Dios como Él las quiere, porque es verdad, el hombre propone y Dios dispone. Nada más.

¡Feliz año a todos! Y, recuerden, pueden decretar qué es lo que quieren hacer y ser en su vida; sin embargo, sólo Dios puede determinar y decretar qué es lo que nos conviene y eso es lo bueno para nosotros si lo aceptamos dócilmente.

¡Hasta la vista amigos!

 

Juan Carlos Barradas Contreras