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¿Naturaleza o libertad?

Sunday, October 23rd, 2016

Escribo este artículo un domingo por la noche, obvio es afirmar que mañana es lunes. Afirmar que es evidente me hace pensar en mis alumnos universitarios que ante muchas afirmaciones no se detienen a preguntar una cosa: ¿dónde lo leíste? ¿Quién lo afirma? ¿En qué libro está escrito? Poniendo de manifiesto que hoy ya no se pueden afirmar las cosas sencillamente porque así son, sino que se piensa que todo es una simple postura ideológica sin referencia a lo real y todo es una simple “construcción” social o mental.

La oposición entre expresar algo basados en una evidencia real o en una construcción mental puramente, se fundamenta en la oposición que hay entre partir de la naturaleza o en partir de la libertad como fundamento de la vida humana.

Aristóteles expresa que las cosas poseen una naturaleza, es decir, las cosas poseen un principio de movimiento y de reposo, un principio de operaciones, pues. Significa que la forma de obrar de algo pone de manifiesto su modo de ser. Por ejemplo, pertenece a la naturaleza del gato la amplia capacidad del mismo para orientarse, para cazar y actuar con sutileza, eso es parte de su naturaleza felina.  Operación y naturaleza son inseparables.

Aplicado a la naturaleza del matrimonio, en otro ejemplo, basta conocer la operatividad y clara complementariedad entre varón y mujer para afirmar, sin duda, que ésa es su naturaleza.

Como dato relevante, añadido por el mismo Aristóteles, es que la naturaleza tiene siempre por finalidad el propio bien, nadie actuará –naturalmente- contra sí mismo, a menos que ocurra una desviación o falla en la actuación, lo que se traduce en violencia que, no es otra cosa, sino ir contra lo que la misma operatividad señala. En consecuencia, la primera manifestación de violencia de género es la que el homosexual ejerce contra sí mismo puesto que naturalmente no es homosexual.

Así, las cosas que se afirman sobre la naturaleza están “escritas” en su modo de obrar y la inteligencia “lee” en ellas como un “libro abierto”. Y no hay más que observar y confiar en la capacidad del hombre que le permite conocer, el logos mental y el logos de las cosas en una profunda identidad.

Sin embargo, actualmente se ha problematizado sobremanera estas afirmaciones que podrían considerarse “sencillas” y fundamento del pensamiento. La naturaleza ha sido substituida por la exaltación de la libertad -entendida ésta como ausencia de coacción externa- convertida en la única base de actuación y modo de ser.

Así, las cosas cambian radicalmente. Si partimos de la naturaleza como fundamento y expresión del propio ser, hay una forma de obrar que debe obedecer y respetar lo que se es, no a lo que “alguien dijo” o “estableció” sino simplemente a lo que se es. Colocada la libertad como punto de partida lo único que debe obedecerse es a sí mismos y, ya no cabe admitir algo que limite o establezca una forma de ser que tenga que cumplirse. Todo intento de norma, ley o principio que deba obedecerse será considerado “discriminatorio” pues impide la posibilidad de realizar opciones personales “libres”.

El “bien” o lo “bueno” ya no es lo que corresponde al fin del obrar que es cumplir con la naturaleza, sino que el fin del obrar es la “promoción” de la propia libertad sin restricciones; y, lo único malo es aquello que lo impide que equivale a “deberes”, autoridades, instituciones, valores o cualquier mínima referencia a una restricción no venida de sí mismos. Se trata de que la libertad se auto fundamenta. Sólo se trata exclusivamente que toda forma de decisión, de opción humana o de preferencia nazcan del hombre mismo.

El hombre ya no “lee” en las cosas lo que son, ni recibe la tradición de valores anteriores heredados de generaciones pasadas o instituciones establecidas, sino que simplemente se ve obligado continuamente a decidir y fundarse por sí mismo. Es el riesgo o desafío de no admitir valores previos nunca.

Todo se resume en una cosa: si aceptamos la naturaleza obedecemos la realidad y nos enriquecemos con ella; si optamos por la libertad el ser humano se auto fundamenta pero se vacía de humanismo y de realidad y de cualquier forma de trascendencia.

Esto es lo que estamos viviendo. Es simple. Volvemos a la naturaleza y la obedecemos; o la negamos y tratamos de ser en el vacío. Es una elección que todos tenemos que hacer. Tú ¿qué eliges?

¡Hasta la vista!

Juan Carlos Barradas Contreras

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Lo importante es que estamos vivos

Sunday, October 2nd, 2016

Se ha vuelto broma la expresión “lo importante es que estamos vivos”. La broma radica en que se utiliza como respuesta a la pregunta de un padre de familia a sus hijo: ¿cómo saliste de calificaciones en la escuela?” Y la respuesta es: “Mira papá, lo importante es que estamos vivos”, eludiendo así la obvia contestación.

Sin embargo, más allá de la broma, se pueden hacer algunas reflexiones acerca de tal expresión.

Primeramente podría tomarse literalmente. “Lo importante es que estamos vivos”. Sólo que la vida humana plena no se reduce a la vida biológica, al simple hecho de estar vivos, sino ante todo a aquello que caracteriza la vida del ser humano que no es otra cosa sino su capacidad racional, su capacidad inteligente que lo coloca por encima de cualquier otra vida, con la potencialidad de establecer y dominar su fin. “Lo importante es que estamos vivos” significa que el ser humano no obra para la finalidad inmediata de la simple supervivencia biológica, sino de desarrollar todas sus potencialidades superiores: inteligencia y voluntad, traducidas en sabiduría y virtud.

“Lo importante es que estamos vivos” puede aplicarse también a aquella capacidad propia del ser humano para respetar la vida de sus semejantes. Respetar toda vida humana sean cuales sean sus características específicas y circunstancias de su nacimiento. Toda vida humana es valiosa por sí misma, digna de todo respeto y nadie tiene el derecho de atentar contra ella o destruirla. “Lo importante es que estamos vivos” significa que toda vida humana es digna de respeto absoluto, por consiguiente no cabe la posibilidad de asesinatos de bebés en el vientre materno, o provocar la muerte de personas ancianas.

“Lo importante es que estamos vivos” implica también que el ser humano acepta dócilmente su propia naturaleza. Acepta que él no define lo que son las cosas, ni puede determinar arbitrariamente lo que puede o no obrar. Las cosas, su naturaleza, las empresas que realiza poseen principios claros que no se pueden traspasar. Su grandeza estriba en que puede elegir qué actividad realiza pero no puede establecer lo qué es bueno o malo; así, una empresa puede ser cualquiera pero no dirigida de cualquier modo, sino con ética y consciencia social.

“Lo importante es que estamos vivos” implica respetar el orden de las cosas, los deberes y derechos que nacen de los primeros. El respeto y aceptación del orden natural que manifiesta su propia naturaleza de varón y mujer con toda la riqueza de su sexualidad que no necesita ser tergiversada sino reconocida y explotada como definición personal integralmente: social, psicológica, afectiva, biológica,… sin que tenga que modificarla, ya que le corresponde explotar su riqueza no tratar de tergiversarla o redefinirla.

“Lo importante es que estamos vivos” también implica reconocer que estamos vivos no por nosotros mismos, sino porque hemos recibido la vida, la existencia, el propio ser no porque lo merezcamos –nadie podría tener méritos para recibir la vida- pues antes de ser… ¡era nada! Se recibe el ser y la vida como un don absolutamente gratuito. Por más que pueda herir “el orgullo propio” nadie vive porque lo merece, ni es necesaria su presencia en el Universo, ni pasaría algo ontológicamente porque no existiera. Implica reconocer que hay que dar gracias a Dios, Aquél que es por sí mismo y nos regala el ser y la existencia.

“Lo importante es que estamos vivos” tiene pues muchas implicaciones cuando realmente se reconoce su sentido.

Habría que partir de reconocer algo inmediato: Lo importante es que tú estás vivo y podrías no existir, pero eres y vives, eso es lo importante y hay que obrar en consecuencia coherentemente con absoluto respeto y agradecimiento por ello. O ¿no es así?

Hasta la vista.

Juan Carlos Barradas Contreras

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La inteligencia es la gloria del hombre

Sunday, September 4th, 2016

Uno de los grandes logros de la filosofía antigua se encuentra en establecer la fundamentación del conocimiento humano en el logos de las cosas, en reconocer que las cosas poseen un principio que les explica y que puede ser conocido por los hombres como una realidad inteligible.

Significa que el hombre puede conocer el orden, puede prever las cosas y puede interactuar con la naturaleza, con su entorno, teniendo control ante el mundo. Se convierte en signo de grandeza, pues el hombre está colocado en una posición de dominio, no porque arbitrariamente se haya colocado ahí, sino porque está dotado de inteligencia; porque es inteligente puede leer el orden existente en el mundo.

Todos pensamos, por ejemplo, que nuestra vida depende de nuestras propias decisiones y no del azar, de la casualidad o de un supuesto destino. Por eso, hacemos planes, ejecutamos acciones, trabajamos, damos pasos para conseguir lo que concebimos (logos) porque tenemos la convicción de que siguiendo el orden (logos), llegaremos a nuestro fin (logos). Signo de inteligencia es planear las cosas y ejecutar las acciones.

Tan es así que consideramos como torpeza o desatino cuando alguien se mete en problemas sencillamente porque no previó las posibles consecuencias de sus acciones o las tomó a la ligera. Enfermedades, embarazos prematuros, accidentes, fracasos, pérdidas de empleo, de estudios,… en su gran mayoría son fruto porque no se planeó lógicamente –es decir desde el logos-, cada una de las acciones que se emprendieron. ¡Cuántas veces exclamamos ante los demás: ¿Qué no pensaste que esto podría pasar?! Los daños, las malas consecuencias no son provocadas por el mundo natural que sigue su curso regular, sino porque ni lo pensamos, nos olvidamos del orden y tratamos ficticiamente de “poner orden” en el mundo, en lugar de respetar el orden existente.

Tan es claro que es así que, pese al subjetivismo, pese al relativismo cínico que priva en el mundo actual, donde se afirma que “todo depende del punto de vista y, por lo tanto, cada quien vive en su mundo”, hay una muy creciente y urgente necesidad de los seres humanos por recibir terapias psicológicas que apuntalen su ánimo, que les ayuden a salir de neurosis, a combatir trastornos, a superar depresiones que no se explican sino porque las personas forman su mundo irreal y luego se esfuerzan por instalarse ahí y vivir su vida sin lograrlo pues es pura fantasía carente de un sustento real. Toda terapia psicológica atiende a lograr que la persona, que el paciente salga de sus concepciones erróneas, de sus falsas estructuras de pensamiento encauzándolo a que toque la realidad, el orden objetivo, saliendo de las distorsiones en las que inútilmente se ha esforzado por realizar.

Se puede añadir lo siguiente. Aristóteles explica que los diversos grados de vida se caracterizan: el inferior que es la vida vegetativa, que se define porque simplemente ejecuta las operaciones vitales, no obran más, tan es así que cuando, por accidente, una persona queda dañada pero viva, afirmamos que quedó en “estado vegetativo”.

En el grado intermedio se encuentra la vida sensitiva, lo animales irracionales, propiamente llamados bestias o brutos; tienen la cualidad de moverse porque controlan la forma que los mueve –expresa Aristóteles-. Significa que se mueven por lo que sienten y por su imaginación que los lleva a actuar, lo que los hace tener algún control, pero no un dominio de sí, no planifican, se dejan llevar. Muchos humanos hacen lo mismo por defecto.

La vida humana tiene como propiedad el dominio de la ejecución, la forma y el fin. Implica esto que el hombre se mueve por su logos, porque concibe el fin hacia el cual ordena sus actos, cuál es el fin que persigue, le da dominio de su vida y sentido a la misma; por ello contemplar la verdad lo plenifica.

Aristóteles coincidiría totalmente con Viktor Frankl, es el logos, el sentido, lo que ayuda a sobrellevar las penalidades y sufrimientos de la vida. Por eso Frankl constató que en los campos de concentración sobrevivían no los más fuertes sino los disciplinados intelectualmente que le encontraban sentido a sus vida, a la resistencia, quienes poseían un motivo para resistir.

En definitiva, es muy claro que la grandeza del hombre y su gloria se ponen de manifiesto en su inteligencia, en su capacidad de captar el orden existente en las cosas, orden que es independiente de él y al que se subordina, pero lo interioriza.

Pretender que todo depende del punto de vista, que el ser humano determina su mundo subjetivamente, sólo implica el obscurecimiento de su inteligencia, no su grandeza, sino la entronización de su estupidez en su intento por encumbrarse. El lamentable olvido de que en la inteligencia y no en su subjetividad radica su grandeza, en la obediencia simple y llana al logos de las cosas.

Sólo el hombre que se subordina humildemente vive en el logos y vive una vida en plenitud. Alcanza su grandeza que le es regalada.

¡Hasta la vista!

Juan Carlos Barradas Contreras

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Aristóteles

¿Llegas al fin del acto voluntario?

Sunday, August 7th, 2016

En el siglo XIII santo Tomás de Aquino hizo un análisis descriptivo del acto voluntario, dicho análisis no le pide algo a los modernos estudios de la psicología. Sin entrar en todos los detalles, presenta una serie de observaciones de amplias consecuencias.

Comienza por analizar el momento en que se adquiere la intención de la voluntad hacia algo. Ese momento en que, tras el juicio general o valoración completa de la inteligencia, el objeto es considerado como bueno ahora y aquí. Cuando el objeto real e integralmente es bueno, produce gozo posterior; si pasado el momento deja daños, dolor o consecuencias negativas puede venir el arrepentimiento –cambio de mente-, para dejar de verlo como bueno, aunque se puede sucumbir a la tentación de seguirlo probando –pues produce una satisfacción inmediata y levemente placentera y, aparentemente es bueno aquí y ahora-, constituyendo una adicción autodestructiva: “aquí y ahora es bueno aunque me destruya después”.

Esta valoración como bueno aquí y ahora constituye también el enamoramiento. Me enamoro porque lo percibo como bueno para mí: así la profesión, el trabajo, la afición, una persona. Ayudar a una persona a perseverar o ser fiel, es ayudarla a que siga viendo lo bueno que algo es; o ayudarlo a que abandone algo que no le conviene o que debe superar porque ha desaparecido, es ayudarlo a que ya no lo mire así y se desenamore.

Una vez que se ha optado por algo como bueno, se tiene resuelta la cuestión sobre lo que se quiere. El proceso del acto voluntario considera ahora los medios: cómo se logrará. Se pasa a la deliberación intelectual y se aceptan o consienten los medios. Si quiero estar en forma y saludable, por ejemplo, acepto hacer ejercicio y cuidar mi alimentación. Si quiero estudiar una profesión acepto los sacrificios que debo hacer. Hay un principio muy claro: el que quiere el fin, quiere los medios. (Y aquí se puede decir: el fin justifica los medios. Esto, ya que el fin le da razón de ser a los medios. Los medios malos no tienen razón de ser, no se justifican, no son medios para el fin).

Enlistados los medios, la inteligencia trata de jerarquizarlos o estudiarlos exhaustivamente a fin de determinar cuál es el mejor. Aquí hay un límite muy claro para la inteligencia que la mayoría de las personas no suele reconocer: la imposibilidad o incapacidad de la inteligencia para conocer el futuro, lo que habrá de ser (futurus esse en latín). Por consiguiente, jamás se sabrá con absoluta certeza cuál es o sería el mejor medio para lograr algo. Algunos se “atoran” o “traban” aquí, incapaces de tomar una determinación o elección sobre el medio o el camino a seguir. ¿La razón? Una profunda inseguridad personal. La inteligencia no conoce el futuro, por ello la voluntad elige un medio para seguirlo sin saber –ante el desconocimiento del futuro-, la voluntad lo determina; la voluntad decreta algo: ha de ser así.

Un ejemplo aclarará lo anterior. Si me enfrento a dos opciones de estudios profesionales, no me decido entre medicina o arquitectura para las que poseo cualidades y aptitudes. ¿Cómo puedo elegir? Valoro las opciones, sus características y también mis propias cualidades. ¿Cómo podría saber cuál es la mejor? Si pudiera saber qué pasará una vez que elija cualquiera de ellas. A la mejor funciona sólo una; o funcionan ambas; o funciona una mejor que la otra; pero, es una cuestión futura. Ahora no lo sé. Tengo que decidir y hacer que lo que elegí sea lo mejor.

El análisis posterior de santo Tomás es muy simple. La intelección ordena y la voluntad pasa a la acción. Y de la acción, si logra conseguir el bien concebido en la intención, se alcanza en la voluntad el gozo o la fruición. Cuando se alcanza lo que se pretende la persona estalla en gozo. Pensemos aquí en la celebración por haberse titulado profesionalmente.

Para algunos la voluntad no pasa de la intención; para otros no pasa del consentimiento de los medios; en otros casos, son incapaces de llegar a la elección y otros muchos, no llegan a la acción. Nadie hay que no tenga voluntad. Lo que hay es aquellos que no alcanzan el fin del proceso completo del acto voluntario.

Unos ejemplos ilustrarán esto último. Hay quienes no logran pasar a la intención. Jóvenes estudiantes jamás logran decidir claramente qué carrera estudiar, nunca llegan a la intención. En otros casos hay jóvenes que no logran determinar si optar por el matrimonio o permanecer solteros. No saben qué les conviene aquí y ahora.

En otros casos hay quienes dicen tener la intención de algo pero no aceptan los medios. Quieren superarse aunque no toleran realizar sacrificios, no pretenden renunciar a su vida social, a sus diversiones, a sus comodidades.

Hay quienes consienten los medios, pero son incapaces de determinar cuál consideran qué es el mejor, los consume la indecisión. Piensan en uno o en otro y siempre están oscilando.

Finalmente, los hay que determinan el medio, saben en teoría cuál es el mejor, sólo que nunca pasan a la acción. Literalmente únicamente sueñan. Todos conocemos a alguien así, siempre tienen la mejor idea para tener éxito y enriquecerse,… ¡jamás lo hacen!

Así pues, el acto voluntario implica todo un proceso. Sabiendo ahora todo esto, lo que queda es determinarte a llegar al fin del acto voluntario, ya que no existen personas sin voluntad, sino personas que no se deciden. ¡Tú eliges!

¡Hasta la vista!

Juan Carlos Barradas Contreras

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Voluntad

La verdad, el bien y la belleza

Sunday, April 24th, 2016

En el mundo actual se ha establecido como criterio de pensamiento y acción la afirmación de que “nada es verdad, nada es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”. Todo depende del punto vista de cada quien por lo que ya no hay una verdad única, universal y absoluta. En consecuencia, ni hay verdad, ni bien alguno. ¿Qué se puede expresar al respecto?

Hay que decir que nuestra inteligencia está hecha para la verdad como su objeto anhelado. Aún aquellos que promueven el relativismo, promueven lo que afirman como una verdad absoluta, como algo que es así y no se dan por satisfechos con otra cosa. El mentiroso que dice mentiras las dice para los demás, pero él mismo no toleraría que a él se las dijeran.

La inteligencia es una facultad del hombre orientada a la contemplación de la verdad, a ver lo que las cosas son, de tal manera que no nos interesa razonar cuanto contemplar la realidad misma. Tras una explicación de algo que no entendemos y llegado el momento en que captamos lo que se nos describía mediante el discurso exclamamos: “¡Ah!” Nos ensanchamos interiormente y sentimos gozo.

La verdad nos da descanso y reposo aunque nos sea adversa. Por ejemplo: un enfermo no descansa hasta saber qué mal padece y no tolera que se lo oculten. Los padres de familia de los muchachos de Ayotzinapa no encuentran –ni encontrarán- descanso hasta que les muestren claramente qué pasó con sus hijos desaparecidos y muertos. Estamos hechos para gozar con la verdad, no con mentiras, ni remedos de ella en “los puntos de vista”, pareceres u otras palabras vacías.

Por su parte, nuestra voluntad está hecha para el bien como su objeto definitorio. ¿Por qué obrar el bien? Porque para eso estamos hechos. Obramos el bien y en ello encontramos satisfacción porque por experiencia llegamos a descubrir que eso produce gozo interior. Todos hemos hecho algo bueno por los demás desinteresadamente y en ello hemos encontrado momentos de felicidad. Hacer algo en favor de otros sin recibir algo a cambio nos llena de alegría; ofrecer comida a alguien que no volveremos a ver; prestar servicios profesionales que no serán retribuidos; ayudar a alguien desinteresadamente, son formas de obrar el bien que proporcionan alegría.

Aún en el desorden moral, no se busca el desorden mismo sino adelantar el disfrute de bienes que ahora no se tienen y que ya se anhela tener aunque sea por medios reprobables, robar por ejemplo para disfrutar de dinero sin trabajar.

Queremos y anhelamos el bien y no buscamos otra cosa y por lo mismo rechazamos imitaciones, por lo cual –aunque no lo quieran-, todos reconocemos y admiramos el valor de una vida virtuosa que se vea en otros, se les guarda respeto y se les da reconocimiento.

¿Y la belleza? ¿Qué tiene que ver con todo esto? Las cosas son bellas –dice santo Tomás de Aquino- porque a la vista agradan. Y agradan porque se ve con claridad la perfección o acabamiento que tienen. Una persona a la que le falta algo en su rostro, por ejemplo un ojo, es fea, dicho sea sin menoscabo al respeto a su persona, pero…visto bien no es agradable. ¡Claro! Podrá ser un bello rostro por la bondad de su persona sólo que ya no miramos su rostro.

Además, algo es bello porque teniendo íntegros sus miembros o componentes, gozan de proporción o armonía. Un rostro es bello porque cada cosa está en su sitio. Si un ojo está más grande que el otro o si la nariz es excesivamente grande o los labios torcidos… no es bello.

Contemplar lo que es bello produce un gran gozo y se puede contemplar por horas. Lo que la belleza destaca junto a la verdad y a la bondad es el gozarlas por sí mismas. Lo que es bello se disfruta por sí mismo, nos alegra porque sí. En cambio la verdad, a veces, se busca por su valor utilitario, sirve para algo. Lo bueno se obra porque hay alguna ganancia, es bueno para mí o porque los demás quedarán en deuda conmigo. Pero ¿y lo bello? Lo bello se goza simplemente porque es, porque sí.

Si hay algo que hoy la vida del hombre actual debe recobrar es redescubrir la belleza de las cosas, la contemplación serena de todo lo que nos rodea de una manera sencilla. La belleza serena de contemplar la verdad y obrar el bien, porque eso nos hace humanos, nos muestra lo que somos y nos aleja de los males que hemos originado precisamente por haber olvidado esto. ¿Por qué o para qué? Sencillamente porque sí, porque a lo elevado y sublime está llamado el hombre.

Se trata de recordar en la práctica que la búsqueda de la verdad y obrar lo bueno es bello y algo que debe disfrutarse, olvidando la ganancia o la utilidad para simplemente vivirlo interiormente.

Y, habrá que decir que esto debe expresarse en las palabras. Hemos perdido mucho la belleza de expresar las cosas con las palabras precisas, con claridad y con corrección en la redacción. Hablar bien también es parte de enriquecerse y sentir satisfacción. Al final, si hoy padecemos tanto es porque hemos olvidado que lo verdadero y lo bueno son simplemente bellos.

Hasta la vista.

Juan Carlos Barradas Contreras

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