Posts Tagged ‘pensar’

¿Vale la pena seguir creyendo?

Sunday, January 21st, 2018

En nuestro reciente artículo se analizaba el valor de pensar, la necesaria confianza en la capacidad racional del hombre para conocer la verdad, a la que se puede llegar pensando y contemplando la realidad de las cosas. Y esto es algo que se ha perdido en mucho en la sociedad actual.

Sin embargo, no sólo se han perdido los valores que van unidos directamente al pensar, se han perdido muchas más cosas. Se ha perdido la capacidad de orientarse hacia algo más, se ha perdido la ilusión, se ha perdido la capacidad de creer y de esperar.

Se puede recurrir al pensamiento de los filósofos para explicarlo. Platón explicaba el conocimiento recurriendo a la distinción entre dos mundos. El mundo de las Ideas y el mundo sensible. El mundo de las ideas es un mundo de perfección, de plenitud, donde se encuentras las ideas que son perfectas, universales, simples, eternas. El mundo de lo sensible es el mundo de la realidad que nos rodea, es un mundo imperfecto, temporal, cambiante y pasajero. Para Platón este mundo sensible es una mala copia del mundo de las ideas, un mundo que ha tratado de copiar aquella perfección que de algún modo les ha dado origen a su naturaleza, aunque de una manera insuficiente. Queda así de manifiesto la insuficiencia ontológica de las cosas que se limitan a ser “malas copias” del original.

Por su parte, Aristóteles le da un giro al planteamiento de Platón y considera que el origen de las ideas está en las cosas, las ideas son perfectibles y de alguna manera son unas “malas copias” de la realidad. Lo que significa que este mundo sensible es un mundo real, las ideas abstraen, aíslan aspectos de la realidad, la naturaleza es un modo de ser de la sustancia individual, eso es expresado por los conceptos. Sin embargo, la explicación del movimiento de las cosas no se encuentra en ellas mismas, son movidas por un acto puro o primer motor inmóvil, no se mueven o perfeccionan por sí mismas, su movimiento implica que son movidas hacia su perfección a la que son atraídas.

Aunque explicaciones diversas, incluso confrontadas, ambas ponen de manifiesto una cosa: la realidad actual carece de suficiencia ontológica, las cosas no son por sí mismas, no poseen en sí mismas todo su ser, lo que significa que caminan, transitan temporalmente hacia aquello que puede completarlas, perfeccionarlas.

¿Hacia qué deja abierta la puerta? A que existe una perfección mayor a esta realidad que nos rodea, en la que encuentra su origen y su posible y futura perfección, de otra manera no se justificaría la existencia de las cosas, particularmente de la continua aspiración del ser humano hacia algo mayor. Es decir, todas las actividades del ser humano: su profesión, su trabajo, sus afanes de superación mediante el estudio o el esfuerzo por la excelencia en alguna actividad siempre poseen el mismo origen: el hombre confía en que siempre hay algo superior a él mismo que puede ser alcanzado y poseído. Es sencillo ¿a qué aspira el hombre? Siempre aspira a más y por ello en su vida, que es temporal, siempre está buscando algo superior a él mismo y aunque haya alcanzado una relativa felicidad, siempre considera que hay algo que aún puede buscar y lograr.

Esto significa que el creer y esperar está en la naturaleza humana. ¿Qué estamos esperando? Una vida en plenitud que se sabe que existe en algún lado y de algún modo. Cuando se renuncia a ello la vida pierde todo su sentido, dando paso a la desolación, a la depresión y a la desesperanza.

¿Cuál es el valor de creer? El darle sentido a la propia vida individual y social, fundados en que creer y esperar tiene un fundamento real: el propio ser y la existencia jamás se explican, ni se podrán explicar sin algo superior a sí mismos que garantizan alcanzar la plenitud. Es algo completamente real y no mera ilusión ni fantasía.

¿Cuál es el valor de creer? Permite al hombre vislumbrar que existe una plenitud que existe y que alcanzará trascendiendo a su vida y existencia. Siempre existe un afán por más y una capacidad humana de trascender. Creer está en lo íntimo del corazón humano. ¿Cuál es la desolación actual del ser humano? Haber dejado de creer.

Piénsenlo. ¡Hasta la vista!

Juan Carlos Barradas Contreras

La difícil tarea de pensar, pero ¿aún vale la pena?

Sunday, January 14th, 2018

“Pensar es el trabajo más difícil del mundo –afirma Henry Ford, por eso hay tan poca gente que lo hace”. No importa realmente quien lo dice, se ha vuelto una realidad evidente en la sociedad actual, la gente piensa menos y, sobre todo, poco tiempo se toma en indagar el fundamento de muchas de sus afirmaciones que acepta como principios innegables en algunas ocasiones.

Vivimos actualmente en una cultura que ha hecho de la tecnología el instrumento fundamental para la vida, para el desenvolvimiento de la vida personal, laboral y profesional. Anejo a esta cultura de la tecnología electrónica, se pueden encontrar infinidad de aplicaciones descargables para realizar actividades, para hacer algo, algunas funcionan cumpliendo lo que prometen, otras no –eso no importa ahora-, lo significativo es que hay decenas o cientos de ellas, todas ofreciendo desde el clima, el horario, música, cine, aprendizaje de idiomas, etc. casi todo lo que se le pueda ocurrir a la gente, de tal modo que elaborar una nueva aplicación es muy difícil, pues el mercado de ellas está copado totalmente.

Sin embargo, hay algo que en manera alguna puede convertirse en aplicación descargable: la aplicación que designaríamos sencillamente como sabiduría. No hay otro modo de “descargarla” más que esforzarse por contemplar las cosas con un ejercicio y esfuerzo intelectual, es decir, se trata de pensar inteligentemente.

Aunque mucha gente quisiera dar un click simplemente y descargarla, hay múltiples razones por lo cual eso no es, ni será posible alguna vez. En primer lugar implica esforzarse por pensar, por ejercitar el entendimiento en la ciencia y arte de ejercer un pensamiento que sea correcto lógicamente y además conforme con la realidad, es decir, verdadero. Sin duda alguna se puede afirmar que la gente ya no piensa, los más mínimos razonamientos o procesos para obtener conclusiones lógicas, la mayoría de las personas ni los hace, ni entiende cómo se llegó a ello. A menudo, el problema estriba en que ni siquiera se conoce el significado de las palabras.

Por otra parte, una de las explicaciones del porqué las personas ya no piensan es porque vivimos en una cultura de lo sensible, de las emociones. La gente tiende a pensar en términos de “cómo lo hacen sentir las cosas”. En política hoy se ve muy claro, la gente suele optar por los candidatos que, con sus promesas hacen que los ciudadanos “sientan” ilusiones, esperanzas, emociones, aunque sean ficticias y absurdas analizadas por una inteligencia formada e informada. El grave problema que esto ha creado es que se ha vuelto un hábito entre los seres humanos, el de juzgar las cosas en base a “cómo me siento cuando estoy frente a ellas”. Si no me hace sentir bien ni es digno de atención, ni de consideración. Y quien se oponga a este criterio seguramente es alguien retrógrada y poco progresista que padece una actitud antihumanista y muchos adjetivos por el estilo.

Esto nos lleva a que pensar implica reconocer que el hombre no es el centro, ni el sentido de todas las cosas. Sino es alguien capaz de reconocer ambas cosas, que ni es él quien determina la realidad, ni es quien le atribuye finalidad a las cosas. El hombre es pasivo frente a la realidad que es como es y a él únicamente le corresponde aceptarla y adaptarse a ella, lo cual no significa limitación alguna, hay un espacio infinito para la creatividad como para echar de menos que no puede cambiar la naturaleza de las cosas.

Por último, otro aspecto a considerar implica reconocer que la sabiduría está en establecer un orden respecto de un fin, “propio del sabio es ordenar y juzgar” afirma Aristóteles. Pero ambas cosas sólo pueden hacerse en función del fin, por consiguiente, propio del sabio es conocer el fin. Y, hay todo un orden en el Universo que lo rige todo. El hombre no puede cambiarlo, puede conocerlo, puede ajustarse a él y puede elegir su forma de vivirlo, lo cual lo hace libre pues actúa conociendo la finalidad. Por esto último, el mismo Aristóteles dirá que la filosofía como forma de sabiduría es una ciencia liberal, es decir, una ciencia que hace libre al hombre, a diferencia de los esclavos que ignoran el fin. Nos llevaría a plantearnos si el hombre hoy, con toda la tecnología a su alcance y con su ausencia de un pensamiento más reflexivo ¿se ha vuelto más libre o más esclavo?

En fin, la difícil tarea de pensar, ¿aún vale la pena? El valor de pensar con todas las características enunciadas –y muchas más no enumeradas-, nunca pierde su valor; lo que habría que recobrar es la positiva valoración del pensar por parte del ser humano y la confianza en la razón, en que se puede conocer la verdad sin relativismos o subjetivismos, lo que es el inicio de vivir una vida con más plenitud, trascendiéndose a sí mismo.

¿Vale la pena pensar? En realidad es algo que, aunque parezca paradójico, dado que el pensar está en la naturaleza del ser humano, es algo que cada ser humano tiene que ejercitar y experimentar cada uno de nosotros.

¿Tú crees que vale la pena o no?

¡Hasta la vista!

Juan Carlos Barradas Contreras