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Amar, servir, obedecer

Monday, November 21st, 2016

Uno de los verbos más utilizados en los tiempos actuales es el verbo amar. Se emplea muy fácilmente y se aplica a todo aquello que se pretende es una forma de entrega personal a los otros, en especial cuando implica un sentimiento que hace que la persona “se sienta bien”. Es el amor considerado ante todo como un acto afectivo. Desde este ángulo se pretende que todo queda justificado por el amor. Hace que la persona alcance un estado de bienestar, de sentirse “bien”, de estar contento y, según esto, por lo tanto es amor. Palabras cariñosas, algo de atención, pequeñas atenciones y ¡he ahí el amor!

Claro está que así se puede traducir en sentimientos vacíos que en realidad nada tienen que ver con el amor. Es la sensiblería que se traduce en tratar de que las personas se sientan simplemente bien, aunque sea con puras palabras al mismo tiempo que se puede vivir bajos los más grandes abusos. Son frecuentes los casos donde las personas, tras sufrir abusos o violencias, son “consoladas” con palabras bonitas, con falsas promesas de amor, incluso con regalos que se orientan a hacer que la persona abusada se sienta bien, se sienta “amado y, lo que es peor, a menudo tal persona cae en el juego. ¿Es amor? Por supuesto que no. Sentir o hacer sentir bien por sí mismo no es amor, e incluso puede ser una forma de manipulación que nada tiene que ver con el verdadero amor y puede ser una simple manifestación de egoísmo.

Cuando se trata de verdadero amor de lo que se trata es de obrar el bien real en favor de aquél que se dice que es objeto de amor. No que la persona se “sienta” bien, sino de que reciba un bien real. El verdadero amor, centrado en el bien del otro puede ser sumamente exigente. Impulsar a que la persona amada realice esfuerzos, sacrificios y saque todo el potencial del que es capaz aunque no sea muy grato. El verdadero amor no trata de consentir, de hacer sentir bien, sino de que la persona alcance el bien que le corresponde aunque tenga que hacer acopio de energía y actuar en contra de lo que se siente o de los propios deseos o impulsos. Amar es que la persona sea mejor que lo que es, no que se sienta mejor.

Esto significa una cosa. Amar es servir a la persona amada. Y, servirla, implica hacerlo con objetividad, no para lograr que la persona se sienta bien, sino para que, conforme a su propio ser personal, obre lo que es realmente mejor para él. El verdadero amor no depende del punto de vista, no depende de lo que a mí me parezca que es lo bueno, ni es relativo a alguien. Es como es, es hacer que la persona alcance lo bueno que puede alcanzar de acuerdo a su propia naturaleza. El relativismo es opuesto al amor. Es obrar lo que es bueno, lo que perfecciona al sujeto, lo que lo hace desarrollar su potencial, lo que extrae de él todas las cualidades y potenciales latentes y ocultas, en esencia no tiene que ver con sentimientos, con estados de ánimo ni con puros estados afectivos.

Y habría que añadir algo. Amar es servir y, servir es obedecer. Habrá que aprender a no hacer lo que quisiéramos, sino sólo y exclusivamente lo que es necesario para el bien del ser amado. No lo que nos gustaría, lo que nos haría sentir bien, sino aquello que en verdad contribuye a que la persona amada se desarrolle, se supere, sea mejor y no simplemente se sienta bien, porque a menudo, amar no hará sentir bien a la persona, la hará ser mejor,… aunque sea al final del proceso.

Por eso, cuando afirmas que amas pregúntate: ¿Amas para que la persona amada sea buena o simplemente porque deseas hacerla sentirse bien? Es tu decisión y en ella entra en juego un verdadero amor.

Hasta la vista.

Juan Carlos Barradas Contreras

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