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Limitaciones, esperanza y resurrección

Monday, July 11th, 2016

Hace más de dos meses este blog estuvo bloqueado por fallas técnicas. La última publicación tiene fecha de 8 de mayo de 2016, se restableció el 22 de junio y desde hace dos meses no hemos publicado algún artículo y sólo 3 ó 4 personas han preguntado por la ausencia de esos artículos. Ha servido de adelanto para la posible desaparición de este blog y del Instituto Surgere –aunque no está decidido-. Vale la pena hacer algunas reflexiones.

El mundo actual en que vivimos parece a punto de colapsarse totalmente. Ya sea en nuestra patria México o en todo el mundo. A nivel religioso un creciente ateísmo práctico por parte de muchos que, en muchos lugares del mundo se ha traducido no en una “no creencia”, sino en una actitud abiertamente “anti teísta”. Furibundos ataques contra los creyentes, particularmente contra los cristianos y en especial contra la Iglesia católica.

A nivel político una manifiesta corrupción por parte de los políticos que ante todo buscan perpetuarse en el poder, o manifiestan actitudes racistas y discriminatorias hacia otros pueblos; pseudolíderes sociales que buscan sus propios y mezquinos intereses. Esto se traduce a nivel económico, donde muchos son motivados simplemente por la pura ganancia, sin importar perjudicar a otros con tal de recibir beneficios económicos. El éxito material es el único parámetro de valoración de una persona y sus logros, dejando totalmente a un lado la solidaridad, el servicio o los valores.

A nivel familiar crecientes atentados destructivos de la familia y la sana personalidad de los seres humanos, con ideologías que, como tales, son absolutamente ficticias proponiendo que cada quien puede elegir su propio género individual, por absurdo que sea: zoofilia, necrofilia, incesto, homosexualismo, lesbianismo, asexualismo y mil y un torpezas más según sea su alocada y  esquizofrénica imaginación.

A nivel  cultural y educativo existe la amenaza de introducir un total, un absoluto relativismo entre los niños, que desde temprana edad son inducidos a elegir actitudes y conductas como su sexo, sus roles, su identidad personal como algo variable, actitud fruto de los locos desvaríos de adultos desequilibrados que impulsan a los niños a ello. Al mismo tiempo se promueve un absoluto relativismo que no reconoce principios universales sino puntos de vista individuales, como única fuente de acción, como una autodeterminación total de sí mismos.

Como puede percibirse, el panorama no es halagador en modo alguno. Parece que nos precipitamos rápidamente a una autodestrucción programada del ser humano que pierde su cordura, su naturaleza, su ser para rebajarse a plaga o elemento tóxico del planeta –planeta que algunos adoran como madre Tierra y cosas así-.

Es indudable que el hombre enfrenta enormes limitaciones personales y sociales que lo llevan a obrar como actualmente lo hace. El problema en sí no es la incapacidad humana para afrontar valientemente las problemáticas y resolverlas; por naturaleza somos seres limitados, no seres por sí mismos, no somos seres auto-referenciados con perfección para hacernos a nosotros mismos. El problema es no querer reconocerlo, para proponer una libertad absoluta que se auto define, que se construye a sí misma sin el auxilio de algo exterior.

Es muy claro que no somos seres perfectos, ni tenemos la posibilidad de auto renovarnos. El hombre se renueva por otro, alguien más grande y superior que él. La renovación viene de fuera. Obviedad que para muchos ya no es obvia. Si buscamos algo nuevo no lo buscamos en lo que ya poseemos, en eso encontraremos sólo lo viejo. La renovación viene de fuera. De manera humana la encontramos en aquellos que con sus talentos nos muestran cosas nuevas que no tenemos, ése alguien que nos renueva será algún hombre fuera de lo ordinario, un héroe o un santo, en el fondo ambas cosas.

Pero, de una manera profunda, sólo proviene de lo divino que hace nuevas todas las cosas. Ni la más lúcida inteligencia, ni la más férrea voluntad sirven para renovarse por sí mismos. Quien nos ayuda en nuestra renovación es más propiamente superior en naturaleza y poder sobre el ser humano. Es decir Dios.

Ante este panorama literalmente de muerte, la esperanza está en la resurrección y la vida. Allí, donde el hombre ha optado por la destrucción, puede volver a resurgir la vida. La corrupción de la creatura –afirma san Agustín de Hipona- sólo pone de manifiesto la bondad de la misma. La maldad ha obscurecido lo que sigue ahí como algo propio que puede volver a mostrarse en su esplendor.

Frente a la destrucción, las ideologías nihilistas y la muerte, se encuentra la construcción, el sano realismo y la vida. El hombre puede volver al bien, obrar lo bueno, si está dispuesto a obedecer la realidad misma de las cosas y a admitir que él mismo no es la medida de las cosas, que hay principios por encima de él que lo definen, pero que si los obedece, lo plenifican. Obedecer la naturaleza es obedecer a Dios para bien del ser humano.

La esperanza pues, que puede movernos y sostenernos es que tras los torrentes, los huracanes devastadores de la propia autodestrucción, el hombre no muere, todos los días puede corregirse y optar por lo bueno. La supervivencia del género humano es posible si al menos algunos –aunque sean muy pocos-, obran lo bueno, obran lo que se debe.  Podemos tener la certeza de que, en medio del dolor y la muerte ya presentes y que parecen avecinarse aún mayores de una manera rápida e inmediata, no es el fin definitivo; la certeza es que el grano de trigo no muere, sino únicamente se transforma para dar más fruto, para resucitar (surgere).

¡Hasta la vista amigos!

Juan Carlos Barradas Contreras

[email protected]

Grano de trigo

Surrexit sicut dixit!

Sunday, March 27th, 2016

¡Resucitó como lo dijo!

Celebramos con gran gozo la resurrección de nuestro Señor Jesucristo que posee una obvia implicación de alegría: Ha traspasado las puertas de la muerte rompiendo sus barreras. Y las ha abierto no para Él mismo –de hecho Él no necesitaba abrirlas para sí mismo, pues Él es la vida-, las ha abierto para todos.

Es un acontecimiento de vida que se remite a la vida eterna, pero que posee una implicación de vida para todos, para esta vida temporal en todos sus ámbitos. La vida eterna ha comenzado ya desde ahora al saber que caminamos hacia allá y, que lo que hagamos aquí, posee un enorme sentido al saber que las cosas no acaban con la muerte y que la vida es para siempre.

Es un mensaje de vida eterna que levanta al hombre de su muerte ya que el hombre puede morir de muchas maneras, no únicamente cuando su vida temporal se acaba sino que:

Muere al abandonar las ilusiones y las esperanzas; al creer que su vida termina aquí y que ya no hay más horizontes. Cuando se encierra en el dolor y el sufrimiento olvidando su valor de purificación, de transformación personal y social, de desarrollo humano y espiritual.

Muere cuando renuncia a sus propios ideales, valores y principios cuando expresa y actúa bajo la idea de que: “todos lo hacen así”; “siempre se han hecho las cosas de este modo”; “¿qué más da”?; “nadie va a saber si obro bien o mal o no les importa”.

Muere el hombre cuando se encierra en una vida de confort, de bienestar, centrado en placeres, en cosas materiales, en poder, en influencia, no teniendo mayor meta que “pasarla bien”.

Muere el hombre cuando olvida que en este camino los demás caminan junto a él en la misma ruta, pero no sólo simplemente anexos, sino como compañeros de viaje, como un equipo que se apoya, se acompaña, se sostiene y no se puede olvidar la solidaridad.

Muere el hombre cuando dejan de estar a su alcance los bienes humanos. La verdad para su inteligencia; la bondad para su voluntad; la belleza en todos los órdenes.

Muere el hombre cuando deja de lado respetar la vida, tanto la naciente en los bebés, como la que termina en nuestros ancianos. Cuando deja de respetar la vida del otro, asesinándolo en su cuerpo o en su alma, cuando no se respeta más su propia dignidad y la de los demás.

Muere el hombre cuando se siente derrotado, cuando ya no quiere caminar más, cuando no quiere volver a empezar, ni levantarse. Muere el hombre cuando se desprecia a sí mismo, cuando insiste neciamente en que el planeta sería un lugar mejor –mejor ¿para quién?- sin el hombre.

En fin, el rostro de la muerte tiene muchas caras, caras tristes y ceñudas. Pero hoy se nos presenta el rostro de la vida. Cristo Jesús resucitó y viene a transformarlo todo si la persona lo acepta de todo corazón abriéndole su corazón y su vida para aceptar su presencia.

Cristo resucitó. Resucitar (Surgere) ya es parte de nuestra vida. Hoy es nuestro día.

¡Felices Pascuas de Resurrección a todos!

¡Sean muy felices!

Hasta la vista.

Juan Carlos Barradas Contreras

[email protected]

Resurrección

Resucitando corazones desfallecidos

Sunday, February 21st, 2016

El número siete en la Biblia tiene un significado de perfección, plenitud e infinito, tanto para referirse a lo bueno como a lo malo. De este modo se emplea cuando Jesús dice a Pedro que debe perdonar a su hermano hasta 70 veces 7, recalcando la idea de que había que perdonar indefinidamente, o sin límite; o cuando Jesús enseña que si un espíritu inmundo sale de un hombre puede regresar con otros 7 espíritus peores. Con esto quiero apuntar que llegar al séptimo aniversario en cualquier situación, implica arribar a un punto donde vale la pena analizar el grado de madurez que se ha alcanzado a fin de fortalecer el camino que se ha seguido o dar “un golpe de timón” y buscar otras rutas más directas hacia el éxito.

En este momento de la historia nos encontramos en este blog. Celebramos nuestro séptimo cumpleaños y queremos compartirles nuestras reflexiones al respecto, ya que han sido siete años cargados de incontables experiencias, anécdotas, gozos y penas alrededor de publicaciones ininterrumpidas con las que hemos querido acompañarles en su cotidiano vivir, invitándoles constantemente a la reflexión sobre diversos temas de interés común. Su compañía ha sido invaluable y necesaria para la sobrevivencia de este espacio, ya que sin su lectura y comentarios estaríamos escribiendo para nosotros mismos, sin un fin más que el de depositar ideas como en un diario personal.

A Juan Carlos y a mí –escritores de este blog- nos atrajo la idea inicial de compartir nuestros pensamientos por un medio público como éste. El ejercicio simplemente consistiría en escribir sobre un tema actual y dejar que nuestros lectores comentaran sobre el mismo. El espíritu que nos animaría es el de ayudar a “resucitar” corazones desfallecientes, tal y como afirma nuestro nombre “Surgere” (resucitar). Nos encomendamos a la Virgen María, en su advocación de Nuestra Señora del Sagrado Corazón -nuestra patrona- y empezamos la aventura, llenos de esperanza y con algo de temor al quedar expuestos a la crítica pública. En esos momentos no imaginábamos todo lo que vendría y las dimensiones que tomaría el proyecto.

Nuestros primeros escritos eran breves y tímidos. Hoy que los releemos nos causan gracia porque podemos descubrirnos como niños que han realizado una travesura y se encuentran en espera de un regaño. Nuestras ideas eran claras pero con escaso desarrollo. La novedad en esta etapa es que ustedes nos respondieron con notas cargadas de ánimo y, muchas veces, participándonos sus propios pensamientos. Sus palabras sirvieron de acicate para continuar y perfeccionarnos. La emoción fue en aumento y nuestros artículos se fueron diversificando en temas y profundizando en contenido, hasta que pudimos despedir los temores y lanzarnos con todo para ofrecerles un producto de mayor calidad.

A lo largo de los años hemos recorrido un mundo de situaciones, tanto personales como ajenas, que han amenazado este blog orillándolo a la extinción. Sin embargo, de cada dificultad hemos salido fortalecidos y seguimos colocándonos frente al teclado, semana tras semana, entregándoles lo mejor de nosotros mismos transformado en palabras que brotan de lo más profundo de nuestro ser. Nos hemos hecho mejores personas y hemos aprendido a enfrentar mayores retos gratamente acompañados de ustedes, sabiendo que siguen ahí y que esperan algo de nosotros. Se han convertido en nuestra familia bloguera y servirles es un compromiso que nos alienta siempre.

Hoy tenemos lectores de muchas partes del mundo, nos encontramos ocupando espacios en facebook, publicamos en revistas de circulación local, nuestro material sirve de apoyo en cátedras de docentes, y nos proponemos realizar una colección de libros en donde se encuentren compendiados todos nuestros artículos -369 hasta el momento-. Eventualmente realizamos servicios de apoyo social a través de ellos. Nos emociona intensamente escuchar que somos esperados semanalmente por lectores que se han convertido en nuestros amigos virtuales y que se hacen presentes con sus comentarios, compartiendo con nosotros sus propios pensamientos, deseos y vivencias. Consideramos que hemos sido ampliamente bendecidos con cada uno de nuestros lectores.

Nuestro balance es positivo pero aún falta mucho por hacer. Les damos gracias 70 veces 7, y les pedimos que nos sigan acompañando en esta aventura que todavía promete muchos capítulos. La plenitud de este blog implica lograr los objetivos con los cuales nació: ayudar a resucitar a corazones desfallecidos, misión por la que nos seguiremos esforzando día a día. ¡Muchas gracias amigos!

Psic. Mildred Elena Barrios Matos

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Resucitando corazones desfallecidos