Posts Tagged ‘sabiduría’

La difícil tarea de pensar, pero ¿aún vale la pena?

Sunday, January 14th, 2018

“Pensar es el trabajo más difícil del mundo –afirma Henry Ford, por eso hay tan poca gente que lo hace”. No importa realmente quien lo dice, se ha vuelto una realidad evidente en la sociedad actual, la gente piensa menos y, sobre todo, poco tiempo se toma en indagar el fundamento de muchas de sus afirmaciones que acepta como principios innegables en algunas ocasiones.

Vivimos actualmente en una cultura que ha hecho de la tecnología el instrumento fundamental para la vida, para el desenvolvimiento de la vida personal, laboral y profesional. Anejo a esta cultura de la tecnología electrónica, se pueden encontrar infinidad de aplicaciones descargables para realizar actividades, para hacer algo, algunas funcionan cumpliendo lo que prometen, otras no –eso no importa ahora-, lo significativo es que hay decenas o cientos de ellas, todas ofreciendo desde el clima, el horario, música, cine, aprendizaje de idiomas, etc. casi todo lo que se le pueda ocurrir a la gente, de tal modo que elaborar una nueva aplicación es muy difícil, pues el mercado de ellas está copado totalmente.

Sin embargo, hay algo que en manera alguna puede convertirse en aplicación descargable: la aplicación que designaríamos sencillamente como sabiduría. No hay otro modo de “descargarla” más que esforzarse por contemplar las cosas con un ejercicio y esfuerzo intelectual, es decir, se trata de pensar inteligentemente.

Aunque mucha gente quisiera dar un click simplemente y descargarla, hay múltiples razones por lo cual eso no es, ni será posible alguna vez. En primer lugar implica esforzarse por pensar, por ejercitar el entendimiento en la ciencia y arte de ejercer un pensamiento que sea correcto lógicamente y además conforme con la realidad, es decir, verdadero. Sin duda alguna se puede afirmar que la gente ya no piensa, los más mínimos razonamientos o procesos para obtener conclusiones lógicas, la mayoría de las personas ni los hace, ni entiende cómo se llegó a ello. A menudo, el problema estriba en que ni siquiera se conoce el significado de las palabras.

Por otra parte, una de las explicaciones del porqué las personas ya no piensan es porque vivimos en una cultura de lo sensible, de las emociones. La gente tiende a pensar en términos de “cómo lo hacen sentir las cosas”. En política hoy se ve muy claro, la gente suele optar por los candidatos que, con sus promesas hacen que los ciudadanos “sientan” ilusiones, esperanzas, emociones, aunque sean ficticias y absurdas analizadas por una inteligencia formada e informada. El grave problema que esto ha creado es que se ha vuelto un hábito entre los seres humanos, el de juzgar las cosas en base a “cómo me siento cuando estoy frente a ellas”. Si no me hace sentir bien ni es digno de atención, ni de consideración. Y quien se oponga a este criterio seguramente es alguien retrógrada y poco progresista que padece una actitud antihumanista y muchos adjetivos por el estilo.

Esto nos lleva a que pensar implica reconocer que el hombre no es el centro, ni el sentido de todas las cosas. Sino es alguien capaz de reconocer ambas cosas, que ni es él quien determina la realidad, ni es quien le atribuye finalidad a las cosas. El hombre es pasivo frente a la realidad que es como es y a él únicamente le corresponde aceptarla y adaptarse a ella, lo cual no significa limitación alguna, hay un espacio infinito para la creatividad como para echar de menos que no puede cambiar la naturaleza de las cosas.

Por último, otro aspecto a considerar implica reconocer que la sabiduría está en establecer un orden respecto de un fin, “propio del sabio es ordenar y juzgar” afirma Aristóteles. Pero ambas cosas sólo pueden hacerse en función del fin, por consiguiente, propio del sabio es conocer el fin. Y, hay todo un orden en el Universo que lo rige todo. El hombre no puede cambiarlo, puede conocerlo, puede ajustarse a él y puede elegir su forma de vivirlo, lo cual lo hace libre pues actúa conociendo la finalidad. Por esto último, el mismo Aristóteles dirá que la filosofía como forma de sabiduría es una ciencia liberal, es decir, una ciencia que hace libre al hombre, a diferencia de los esclavos que ignoran el fin. Nos llevaría a plantearnos si el hombre hoy, con toda la tecnología a su alcance y con su ausencia de un pensamiento más reflexivo ¿se ha vuelto más libre o más esclavo?

En fin, la difícil tarea de pensar, ¿aún vale la pena? El valor de pensar con todas las características enunciadas –y muchas más no enumeradas-, nunca pierde su valor; lo que habría que recobrar es la positiva valoración del pensar por parte del ser humano y la confianza en la razón, en que se puede conocer la verdad sin relativismos o subjetivismos, lo que es el inicio de vivir una vida con más plenitud, trascendiéndose a sí mismo.

¿Vale la pena pensar? En realidad es algo que, aunque parezca paradójico, dado que el pensar está en la naturaleza del ser humano, es algo que cada ser humano tiene que ejercitar y experimentar cada uno de nosotros.

¿Tú crees que vale la pena o no?

¡Hasta la vista!

Juan Carlos Barradas Contreras

Lo importante es que estamos vivos

Sunday, October 2nd, 2016

Se ha vuelto broma la expresión “lo importante es que estamos vivos”. La broma radica en que se utiliza como respuesta a la pregunta de un padre de familia a sus hijo: ¿cómo saliste de calificaciones en la escuela?” Y la respuesta es: “Mira papá, lo importante es que estamos vivos”, eludiendo así la obvia contestación.

Sin embargo, más allá de la broma, se pueden hacer algunas reflexiones acerca de tal expresión.

Primeramente podría tomarse literalmente. “Lo importante es que estamos vivos”. Sólo que la vida humana plena no se reduce a la vida biológica, al simple hecho de estar vivos, sino ante todo a aquello que caracteriza la vida del ser humano que no es otra cosa sino su capacidad racional, su capacidad inteligente que lo coloca por encima de cualquier otra vida, con la potencialidad de establecer y dominar su fin. “Lo importante es que estamos vivos” significa que el ser humano no obra para la finalidad inmediata de la simple supervivencia biológica, sino de desarrollar todas sus potencialidades superiores: inteligencia y voluntad, traducidas en sabiduría y virtud.

“Lo importante es que estamos vivos” puede aplicarse también a aquella capacidad propia del ser humano para respetar la vida de sus semejantes. Respetar toda vida humana sean cuales sean sus características específicas y circunstancias de su nacimiento. Toda vida humana es valiosa por sí misma, digna de todo respeto y nadie tiene el derecho de atentar contra ella o destruirla. “Lo importante es que estamos vivos” significa que toda vida humana es digna de respeto absoluto, por consiguiente no cabe la posibilidad de asesinatos de bebés en el vientre materno, o provocar la muerte de personas ancianas.

“Lo importante es que estamos vivos” implica también que el ser humano acepta dócilmente su propia naturaleza. Acepta que él no define lo que son las cosas, ni puede determinar arbitrariamente lo que puede o no obrar. Las cosas, su naturaleza, las empresas que realiza poseen principios claros que no se pueden traspasar. Su grandeza estriba en que puede elegir qué actividad realiza pero no puede establecer lo qué es bueno o malo; así, una empresa puede ser cualquiera pero no dirigida de cualquier modo, sino con ética y consciencia social.

“Lo importante es que estamos vivos” implica respetar el orden de las cosas, los deberes y derechos que nacen de los primeros. El respeto y aceptación del orden natural que manifiesta su propia naturaleza de varón y mujer con toda la riqueza de su sexualidad que no necesita ser tergiversada sino reconocida y explotada como definición personal integralmente: social, psicológica, afectiva, biológica,… sin que tenga que modificarla, ya que le corresponde explotar su riqueza no tratar de tergiversarla o redefinirla.

“Lo importante es que estamos vivos” también implica reconocer que estamos vivos no por nosotros mismos, sino porque hemos recibido la vida, la existencia, el propio ser no porque lo merezcamos –nadie podría tener méritos para recibir la vida- pues antes de ser… ¡era nada! Se recibe el ser y la vida como un don absolutamente gratuito. Por más que pueda herir “el orgullo propio” nadie vive porque lo merece, ni es necesaria su presencia en el Universo, ni pasaría algo ontológicamente porque no existiera. Implica reconocer que hay que dar gracias a Dios, Aquél que es por sí mismo y nos regala el ser y la existencia.

“Lo importante es que estamos vivos” tiene pues muchas implicaciones cuando realmente se reconoce su sentido.

Habría que partir de reconocer algo inmediato: Lo importante es que tú estás vivo y podrías no existir, pero eres y vives, eso es lo importante y hay que obrar en consecuencia coherentemente con absoluto respeto y agradecimiento por ello. O ¿no es así?

Hasta la vista.

Juan Carlos Barradas Contreras

[email protected]

vida-importancia