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¿Qué harías si no tuvieras miedo?

Monday, December 5th, 2016

El análisis del miedo nos hace ver que se presenta ante un mal ausente, pero pese a su lejanía, nos causa zozobra porque, de presentarse, es mayor a nuestras fuerzas y/o es difícil de vencer, o es imposible de superar, por ello le tememos, nos causa gran inquietud la posibilidad de que se presente.

Para algunos, perder el empleo, por ejemplo, es motivo de gran miedo, sin él no sabrán qué hacer, cómo satisfacer sus necesidades, cómo conseguir otro. Para los más jóvenes, perder la universidad, sea por perder su beca o reprobar, es motivo de mucho temor, les parece que su vida ha acabado.

Por otra parte, hay que reconocer que todos tememos algo. No habrá alguien que realmente pueda afirmar que no tiene miedo a algo. Afirmarlo, o es mucha jactancia o gran temeridad o, en realidad, una forma de ocultar un gran miedo.

Hay que afirmar que tener miedo es algo útil. Una vida sin miedos nos dejaría indefensos ante una multitud de males posibles que, al no temerlos, enfrentaríamos sin más: animales agresivos, peligros reales al manejar autos o motocicletas, riesgos innecesarios que conduciría probablemente a la muerte. No se puede vivir sin miedos.

El inconveniente de los miedos es que, los miedos paralizan las acciones. Mientras más grandes son, más débiles se sienten quienes los experimentan y menos quieren moverse o actuar. Conducen a la inacción.

Al mismo tiempo, se puede considerar que los miedos revisten un carácter positivo para quien los experimenta. No el ya mencionado beneficio de servir de protección ante posibles males que la excesiva temeridad lleva a enfrentar sin precaución, sino el hecho de que los miedos pueden estimular a la persona a enfrentarlos, a superarlos y, con ello, desarrollar cualidades o talentos ocultos. Tener miedo a hablar en público estimula a la persona a mantenerse activo y a actuar con decisión. Los miedos pueden convertirse en un acicate para crecer y actuar. ¡Los miedos hay que aprovecharlos!

La pregunta que más nos interesa es ¿cómo se vencen los miedos? Una de las primeras maneras es: actuando. Los miedos aumentan cuando la persona se queda pasiva, esperando a ver qué sucederá. El miedo ha surgido porque experimenta un sentimiento de debilidad, de indefensión, mismo que crecerá si permanece sin actuar, porque la imaginación y la obvia falta de resultados, harán sentir que se es incapaz, poco fuerte e inútil para conseguir las cosas. Si no actúas más miedo sentirás. Por tanto, hay que actuar en consecuencia, no dejar de intentar y de obrar. Ésa es una solución para comenzar a combatir los miedos.

Sin embargo, hay un factor mayor que nos ayuda a vencer los miedos. Ya se ha dicho que con la pasividad aumentan y, si es así, habrá que actuar. Sólo que a menudo ocurre que la gente no se mueve o está paralizada por el miedo, también está instalada en la inacción por la conformidad, por la comodidad. ¿Cómo se puede combatir esto?

Una forma de combatir los miedos es fomentar la acción motiva por algo mucho mayor, por algo que realmente se ame y se quiera alcanzar. Así, si el miedo nos paraliza, el amor nos impulsa a vencerlo. Todo es cuestión de enamorarse de un ideal, de una meta, de un objetivo. Eso nos hará mirar, no aquello que provoca los miedos, sino estar orientados a algo que nos mueve a actuar. Así, si tengo miedo a relacionarme con la gente, lo que debo fomentar es el amor a una causa que me haga pasar por encima de ello, como el afán de servicio, el trabajo en favor de una causa noble. La clave es siempre el amor. ¿Temes? No dejes de temer, pero ama mucho más. El objeto de amor te hará pasar por encima de todos los temores.

Así, pues, sólo queda una pregunta: ¿Qué harías si no tuvieras miedos infundados? Y, sólo hay una respuesta: Vivir.

¡Hasta la vista!

Juan Carlos Barradas Contreras

[email protected]urgere.com

miedo

El efecto Trump

Sunday, November 13th, 2016

Las pasadas elecciones en Estados Unidos que dieron como ganador al magnate Donald Trump, han llevado a una reacción universal -ampliamente generalizada- de rechazo y temor, dadas las constante amenazas y reacciones impulsivas de tan controvertido personaje. Sus propuestas tendientes a reactivar el nacionalismo norteamericano, el racismo, la destrucción del TLC, la separación con México con un muro, la prohibición de dar entrada a los refugiados, establecer represalias contra China, etc., han puesto en vilo a más de una nación,  particularmente la nuestra, dadas las condiciones de vecindad que han favorecido la constante inmigración de nacionales que van en busca del llamado “sueño americano”, así como el comercio de armas y drogas cuyo consumo es preferente en el vecino país del norte.

Pocas veces se ha visto tanta homogeneidad de pensamiento en relación a un tema, y éste es uno de ellos. Donald Trump ha logrado generar una reacción que ha puesto sobre la mesa mecanismos cohesivos entre los mexicanos que parecieran borrar las muchas diferencias con las que solemos convivir en el día a día, superando en importancia mediática cuestiones como la desaparición de ex – gobernadores, controversias por ideologías de género, incremento de índices de criminalidad, multiplicación de errores presidenciales, atentados contra religiosos, etc.. La aparición de “memes” ridiculizando al odiado presidente electo se ha vuelto viral, superando en mucho a otros discutidos personajes y temas.

No son pocas las razones para temer y estar muy atentos a los acontecimientos próximos que rodean a la política estadounidense, pero creo que hay que tomar en consideración una serie de reacciones que han sacudido la modorra en la que nos encontrábamos inmersos para hacer surgir propuestas, ideas, planes que se mantenían bajo la mesa debido a nuestra dependencia a países extranjeros. Es verdad que no podemos sustraernos a la globalización imperante en el mundo, pero hay una serie de condiciones que habíamos abandonado como nación para hacernos al modo de otros países cuya economía y liderazgo mundial acabaron por vendernos hasta su cultura, menoscabando la propia. Baste imaginar la famosa cuestión de los individuos disfrazados de payasos siniestros que empezaron a generar desconcierto en varias partes de México, usanza que no surgió en nuestra tierra sino que fue importada de Estados Unidos como tantas otras cosas que consumimos día a día, sin darnos cuenta de que podemos tener mejores cosas en nuestra propia patria.

“No hay mal que por bien no venga”, asienta conocido refrán, y hoy estamos ante un ejemplo de estas sabias palabras. Trump despertó no sólo la conciencia nacionalista de su país sino también del nuestro. Atacar a los mexicanos en la forma como lo ha hecho y ningunear nuestra cultura ha merecido una respuesta al interior de México como pocas veces se había presenciado. Ahora bien, la verdadera protesta –pienso- no debería consistir en atacar a Trump, situación que bien poco importa al aborrecido sujeto, sino en exaltar nuestras raíces y recordar que los mexicanos hemos dejado huella no sólo referente a actos delincuenciales sino también como personas capaces de unirse para enfrentar dificultades y ayudar al que lo necesita. Somos seres pensantes y creativos, idealistas y capaces de ser generadores de cambios. Es hora de tomar las riendas de lo que nos toca a cada uno hacer frente a esta adversidad. Léase: volvamos a lo esencial. Ningún país se derrumbará si sus habitantes logran unirse y compartir lo que poseen para que a nadie le falte, así se trate de ideas como de beneficios. Existen muchos más países dispuestos a trabajar con nosotros para superar las crisis económicas y sociales que nos aquejan. Por tanto, volteemos a ver a estas naciones y no hagamos depender todo de Trump. Hay mucho más que su soberbia ante los nuestros. La determinación de ser lo que queremos ser no depende de ninguna nación extranjera sino de nosotros mismos, de nuestra historia, de nuestra unidad cultural y de nuestra disposición para el trabajo en conjunto.

La alternativa era Hillary Clinton pero tampoco era una buena opción. Si el Creador permitió que el frente de guerra fuera Trump, razones tendría para hacerlo…quizá hacernos despertar de la holgazanería y dependencia respecto al vecino país. Así que asumamos el reto y recordemos lo que somos y la enorme riqueza que poseemos. Ya es tiempo, ¿no creen?

Psic. Mildred Elena Barrios Matos

mildr[email protected]

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