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Lo importante es que estamos vivos

Sunday, October 2nd, 2016

Se ha vuelto broma la expresión “lo importante es que estamos vivos”. La broma radica en que se utiliza como respuesta a la pregunta de un padre de familia a sus hijo: ¿cómo saliste de calificaciones en la escuela?” Y la respuesta es: “Mira papá, lo importante es que estamos vivos”, eludiendo así la obvia contestación.

Sin embargo, más allá de la broma, se pueden hacer algunas reflexiones acerca de tal expresión.

Primeramente podría tomarse literalmente. “Lo importante es que estamos vivos”. Sólo que la vida humana plena no se reduce a la vida biológica, al simple hecho de estar vivos, sino ante todo a aquello que caracteriza la vida del ser humano que no es otra cosa sino su capacidad racional, su capacidad inteligente que lo coloca por encima de cualquier otra vida, con la potencialidad de establecer y dominar su fin. “Lo importante es que estamos vivos” significa que el ser humano no obra para la finalidad inmediata de la simple supervivencia biológica, sino de desarrollar todas sus potencialidades superiores: inteligencia y voluntad, traducidas en sabiduría y virtud.

“Lo importante es que estamos vivos” puede aplicarse también a aquella capacidad propia del ser humano para respetar la vida de sus semejantes. Respetar toda vida humana sean cuales sean sus características específicas y circunstancias de su nacimiento. Toda vida humana es valiosa por sí misma, digna de todo respeto y nadie tiene el derecho de atentar contra ella o destruirla. “Lo importante es que estamos vivos” significa que toda vida humana es digna de respeto absoluto, por consiguiente no cabe la posibilidad de asesinatos de bebés en el vientre materno, o provocar la muerte de personas ancianas.

“Lo importante es que estamos vivos” implica también que el ser humano acepta dócilmente su propia naturaleza. Acepta que él no define lo que son las cosas, ni puede determinar arbitrariamente lo que puede o no obrar. Las cosas, su naturaleza, las empresas que realiza poseen principios claros que no se pueden traspasar. Su grandeza estriba en que puede elegir qué actividad realiza pero no puede establecer lo qué es bueno o malo; así, una empresa puede ser cualquiera pero no dirigida de cualquier modo, sino con ética y consciencia social.

“Lo importante es que estamos vivos” implica respetar el orden de las cosas, los deberes y derechos que nacen de los primeros. El respeto y aceptación del orden natural que manifiesta su propia naturaleza de varón y mujer con toda la riqueza de su sexualidad que no necesita ser tergiversada sino reconocida y explotada como definición personal integralmente: social, psicológica, afectiva, biológica,… sin que tenga que modificarla, ya que le corresponde explotar su riqueza no tratar de tergiversarla o redefinirla.

“Lo importante es que estamos vivos” también implica reconocer que estamos vivos no por nosotros mismos, sino porque hemos recibido la vida, la existencia, el propio ser no porque lo merezcamos –nadie podría tener méritos para recibir la vida- pues antes de ser… ¡era nada! Se recibe el ser y la vida como un don absolutamente gratuito. Por más que pueda herir “el orgullo propio” nadie vive porque lo merece, ni es necesaria su presencia en el Universo, ni pasaría algo ontológicamente porque no existiera. Implica reconocer que hay que dar gracias a Dios, Aquél que es por sí mismo y nos regala el ser y la existencia.

“Lo importante es que estamos vivos” tiene pues muchas implicaciones cuando realmente se reconoce su sentido.

Habría que partir de reconocer algo inmediato: Lo importante es que tú estás vivo y podrías no existir, pero eres y vives, eso es lo importante y hay que obrar en consecuencia coherentemente con absoluto respeto y agradecimiento por ello. O ¿no es así?

Hasta la vista.

Juan Carlos Barradas Contreras

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Sobre las marchas en favor de la familia natural

Saturday, September 17th, 2016

Hace unos días cientos de miles de mexicanos nos expresamos marchando por las calles reafirmando nuestra convicción por la familia natural constituida por papá, mamá e hijos. Esto ha provocado reacciones agresivas y violentas de la comunidad lésbico gay –LGBTTTI- que se dice “ultrajada” o “discriminada” por tales manifestaciones. Pero ¿qué hay de verdad en esto?

Primero. Las acciones privadas e íntimas tienen repercusiones públicas y sociales. No se puede afirmar que lo que alguien haga en la intimidad de su cuarto no tenga repercusiones sociales. El estilo de vida personal constituye la propia cultura que se manifestará exteriormente en una forma de vivir que se comparte con los demás socialmente. El afán de placer, de satisfacción personal, de hedonismo no quedará reducido por “arte de magia” a la propia habitación, se buscará en todo momento y lugar. Ya Aristóteles lo decía: sólo quien cultiva el bien o virtud individual podrá procurar a los demás lo mismo. No se puede de otra manera.

Segundo. Por otra parte, si hablamos de violencia de género hay una que es totalmente evidente. Aristóteles explica que la violencia se produce cuando se va contra la naturaleza; ahora bien, la naturaleza se manifiesta por ser principio de operación, es decir, lo natural está en que el modo de obrar nace del ser de las cosas. Es natural, por ejemplo, que un perro persiga a los gatos o el gato a los ratones. Así son y no hay duda.

En consecuencia, hay una clara violencia de género: la de los homosexuales y lesbianas que van totalmente contra el modo de obrar que les corresponde naturalmente, pues es natural por su naturaleza genética, biológica y psicológica que el varón se sienta atraído por la mujer y viceversa. Los homosexuales y lesbianas van contra ello violentando su naturaleza. ¿Alguien puede dudar que sea violencia de género?

Tercero. No se puede otorgar la oportunidad de adoptar a parejas homosexuales. El derecho del niño es a tener padre y madre, eso fue lo que perdió, de lo que está privado. No se sustituirá jamás otorgándoles dos padres o dos madres; la adopción no es derecho de los homosexuales sino de los niños, derecho a tener padres. Por otra parte, quien carece de identidad sexual clara difícilmente será capaz de contribuir a que otros obtengan la propia. Es preferible que el niño permanezca en un orfanato en espera de unos padres heterosexuales, a que sea entregado a personas con problemas de identidad, de otra manera se le añade otro problema: no tener padres y adquirir otros que no respetan la realidad natural. No se puede apelar a la “misericordia” o a argumentos sentimentales en favor de algo que termina perjudicando al niño. Entregarlo a parejas igualitarias va en detrimento del niño.

Cuarto. Tener problemas de identidad sexual –disforia de género-, no justifican intentar lo absurdo: cambiar la genética, las hormonas, el cuerpo a lo que una consciencia turbada manifiesta, en lugar de corregir la conducta desviada. En lugar de tratar de cambiar todo lo adverso a lo que se “siente”, sentirse mujer siendo varón o viceversa no justifica tratar de transformarse íntegramente yendo contra la totalidad del propio ser, sino que exige corregir lo que se siente pues hay miles de cosas que sentimos y eso no nos obliga a serlas.

Quinto. No otorga al Estado el derecho a imponer la ideología de género en la educación, con el pretexto de que se conozca y practique la diversidad sexual. Se pueden admitir jurídicamente uniones homosexuales, reconociendo que eso es para ellos. Esto no obliga a todos a admitir tales uniones como “normales”, ni a imponer a los niños la ideología de género en el ámbito educativo. Se pueden regular sus relaciones pero no imponer a todos una ideología como si fuera lo más normal del mundo. Pretender hacerlo hace del gobierno un gobierno autoritario e impositivo, violentando los derechos de muchos. Reconocer jurídicamente las relaciones homosexuales, no implica imponer a los demás su cultura o estilo de vida.

Mucho se insiste en que el Estado es laico, es verdad, pero se olvida que lo laico le corresponde al gobierno, no al pueblo –que tiene derecho a elegir y vivir sus creencias-. Con la ideología de género se está creando una nueva forma de “dogma de Estado”  – la creencia en que el hombre y todos sus caprichos deben ser absolutizados y respetados religiosamente- , que la autoridad arbitrariamente está tratando de imponer.

Sexto. Los derechos no nacen de los caprichos o deseos de la gente para “realizarse”, sino de la persona humana para desarrollarse conforme a límites estrictos. Los derechos van ligados a las obligaciones que el ser humano posee para cumplir con acciones que contribuyan a lograr el propio bien que es la virtud o fuerza que lo hace ser dueño de sí mismo; y, lograr o contribuir a que se le logre el verdadero bien común para el desarrollo de todos. Los derechos no se orientan a que el hombre haga lo que le plazca, ni alcance la satisfacción de sus caprichos. Lo bueno es el fin, dice Aristóteles, y es aquello en lo que se alcanza la propia perfección individual y social.

Aclaradas las cosas, nuestras acciones no van contra la comunidad LGBTTTI, sino en favor de la familia y del hombre rectamente entendidos, sin afectar los derechos de terceros que por su libre albedrío pueden optar por lo que quieran y se les debe reconocer jurídicamente, siempre y cuando no traten de imponer lo imposible.

Cada quien elige y es responsable. Y tú ¿cuál es tu opción?

Hasta la vista.

Juan Carlos Barradas Contreras

[email protected]

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